La tensión entre tradición y renovación en el folklore es, tal vez, una de las llamas, por lo que hace que el género este tan vivo y goce de tan buena salud con docenas de nuevos y nuevas cantautoras.
Esta tensión o llama se la debemos a artistas provocadores como el mismo Cuchi donde en su obra convivieron múltiples temas identitarios, tanto de índole política e ideológica como filosófica y existencialista. Su obra, tan basta como rica, no se acuno en el paisaje ni la bohemia artística, también fue de autocritica como su profesión de abogado (Chacarera del expediente, Chacarera del zorrito,entre otras), inmortalizó mujeres (Eulogia Tapia en La Pomeña, Yolanda Pérez en Zamba de Lozano, entre más) Su obra, como dijimos es basta y acompaña enfermos con «Me voy quedando..» o peñeros como «Balderrama» que en Mexico tiene un éxito descomunal por CAFE TACUVA. En fin… Nada más hermoso que hablar horas y horas del Cuchi, pero nos vamos con una hermosa anécdota de cuando el Cuchi lo invitó a Dios a tomarse unos vinos.
Dice la leyenda que una vez el Cuchi subió al cielo y Dios apenas lo vio le dijo: «Me enteré que usted anda diciendo por allá abajo que soy un fascista y no sé qué otras cosas más. Me parece que usted no me conoce». Sin impacientarse y mascando sus hojitas de coca el Cuchi le contestó: «Vea, amigo, como yo soy medio empírico, si quiere lo charlamos abajo y con un vino de por medio». Orgulloso, Dios bajó de las nubes, conoció la pobreza de los ranchos, acompañó al Cuchi con varias botellas de vino y ya cuando los dos estaban bien machaditos dice la leyenda que Dios hasta le llegó a confesar ciertos pecados, miró al cielo y exclamó: «La pucha que lindo se ve desde acá abajo». Y le pidió al Cuchi quedarse para poder ver el amanecer. Al otro día un ángel guardían vino a buscar a Dios. Fue cuando el Cuchi le dijo: «Con cuatro horas de sueño se le va a pasar la tranca. Después decile que algún día le voy a subir a afinar las campanas para el día del juicio final». Desde ese – finaliza la leyenda- dicen que a las campanas las afina el Cuchi.
Leguizamón tuvo hijos propios y otros como el Dúo Salteño o hijas como La Negra Chagra y Sara Mamani. Tenía esa hermosa costumbre, que escasea en estos tiempos, de saber que era mortal y quería transmitir sus conocimientos.
La leyenda sigue escribiendo en cuanto silencio blanco encuentra y sigue provocando a un porteño amigo con esa voz profundamente salteña «¿Dónde vas a encontrar a un tipo silbando en una calle de Buenos Aires? ¿Dónde vas a encontrar un porteño que se detenga a ver el cielo? Porque hay días que nos pertenecen. No podés constituirte nunca en un empleado público del paisaje.»
Gustavo «Cuchi» Leguizamón (Salta, 29 de septiembre de 1917 – 27 de septiembre de 2000)
Escribe Silvia Majul
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