Walter Carabajal cerró una etapa fundamental de su vida artística. Luego de 33 años como integrante de Los Carabajal, el músico santiagueño se despidió oficialmente del grupo en un escenario cargado de historia y simbolismo: el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María, donde actuó por última vez junto a la formación.
La despedida no fue un show más. Jesús María, uno de los festivales más importantes del país y una plaza clave para el folklore argentino, fue el marco elegido para ponerle punto final a una trayectoria que marcó a varias generaciones. Allí, Walter anunció el cierre de su ciclo dentro del grupo y el inicio de un camino como artista solista, decisión que, según expresó, responde a la necesidad de crecimiento personal y artístico.
Durante el concierto, las palabras de agradecimiento no faltaron: al público, a la historia compartida y a los años de trabajo colectivo que consolidaron a Los Carabajal como una de las familias fundamentales de la música popular argentina. Sin embargo, hubo una ausencia que llamó la atención y generó murmullos entre quienes siguen de cerca la historia del conjunto: no se mencionó sobre el escenario a Musha Carabajal, uno de los integrantes históricos y pieza clave en la construcción del legado del grupo.
Ese silencio, en un momento de balance y despedida, no pasó desapercibido. En una formación atravesada por vínculos familiares, tensiones, continuidades y rupturas, la omisión de Musha dejó flotando preguntas y lecturas posibles, especialmente en un contexto que invitaba a la memoria y al reconocimiento de quienes forjaron el camino.
Cabe recordar que Musha Carabajal fue apartado del grupo en un momento delicado de su salud, situación que en su momento generó conmoción y debate dentro del ambiente folklórico.
Tras la salida de Walter, su lugar en la formación será ocupado por Carlos Cabral, músico de extensa trayectoria, quien se suma al grupo en esta nueva etapa. De este modo, Los Carabajal continúan su recorrido con cambios en la formación y la promesa de seguir sosteniendo una tradición que es parte del ADN cultural del norte argentino.
Para Walter, en tanto, se abre una etapa inédita, con voz propia y proyectos por venir.
Jesús María fue testigo del final de una era. Lo que venga después, como tantas veces en el folklore, se escribirá andando.
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