Día del Músico: cuando el folklore también late en Spinetta

Cada 23 de enero se celebra en la Argentina el Día del Músico, en conmemoración del nacimiento de Luis Alberto Spinetta. La fecha fue establecida oficialmente por el Congreso de la Nación mediante la Ley 27.106, sancionada en diciembre de 2014 y promulgada en enero de 2015, como reconocimiento a la figura del Flaco y, a través de ella, al aporte de las y los músicos a la cultura nacional. La iniciativa contó con el respaldo de organismos del sector cultural, entre ellos el Instituto Nacional de la Música (INAMU), que acompañaron la propuesta de institucionalizar la efeméride.

Aunque su obra suele asociarse al rock, al jazz o a la canción urbana, en la música de Spinetta hay un pulso profundo que dialoga, muchas veces de manera subterránea, con el folklore argentino. No se trata de citas explícitas ni de versiones tradicionales, sino de una sensibilidad: la relación con la palabra poética, el paisaje como idea espiritual, el tiempo no lineal de la canción y cierta noción telúrica de lo musical.

Spinetta admiraba a Atahualpa Yupanqui y a Gustavo “Cuchi” Leguizamón, a quienes reconocía como compositores mayores, capaces de unir raíz y vanguardia sin concesiones. Del Cuchi, en particular, lo fascinaba esa forma de tensar la armonía folklórica, de quebrar lo previsible sin abandonar la identidad, algo que también atraviesa buena parte de su propia obra.

El cruce más visible entre esos universos se dio con Mercedes Sosa. La cantora tucumana grabó canciones de Spinetta y lo invitó a compartir escenarios y proyectos, sellando un puente definitivo entre el rock argentino y el folklore popular. En esas interpretaciones, lejos de diluirse, las canciones del Flaco parecían encontrar otra dimensión, confirmando que su escritura dialogaba con una tradición mucho más amplia que la de su generación.

Celebrar el Día del Músico en la fecha de nacimiento de Spinetta es, entonces, algo más que un homenaje individual. Es también una forma de reconocer a quienes, desde distintos géneros, siguen pensando la música como un territorio de búsqueda, riesgo y profundidad; como una lengua viva donde el folklore, el rock y la canción popular no se excluyen, sino que se escuchan entre sí.

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