A horas del inicio del Festival Nacional de Folklore, Cosquín vive una previa inédita. Por primera vez en su historia, una de las noches llega con entradas agotadas antes de que comience el evento, mientras otras jornadas avanzan hacia el sold out. Un dato que, lejos de ser aislado, condensa el clima de expectativa que atraviesa a la ciudad y al festival más emblemático del folklore argentino.
“El festival nunca había agotado entradas antes de comenzar”, remarca el intendente Raúl Cardinali, quien destaca que la respuesta del público confirma el lugar central que Cosquín ocupa en el mapa cultural del país y su proyección hacia el futuro.
La edición 2026 encuentra a la Plaza Próspero Molina renovada, con una fuerte apuesta tecnológica en sonido, iluminación y pantallas, y con la incorporación de una terraza gastronómica que propone una experiencia diferente para el público. Se trata de una obra realizada con fondos propios de la Comisión Municipal de Folklore, una decisión que vuelve a poner en discusión el vínculo histórico entre lo público y lo privado.
“El festival nació hace 65 años por una necesidad económica de comerciantes y hoteleros. Esa convivencia entre el Estado y el sector privado existe desde el origen”, explica Cardinali. Según el intendente, el festival no persigue un fin recaudatorio para el municipio, sino que funciona como motor económico para toda la ciudad, impulsando al sector privado que luego reinvierte y sostiene el desarrollo local.
En paralelo al clima festivo, la gestión municipal enfrenta un conflicto de alto impacto: una deuda judicial originada hace más de veinte años, que podría implicar una cifra cercana a los siete millones de dólares. Cardinali sostiene que se trata de un proceso “confiscatorio” y asegura que el municipio inició todas las acciones legales para frenar el avance del juicio, con el acompañamiento de intendentes, legisladores y referentes del departamento.
Más allá de las tensiones institucionales, el eje vuelve una y otra vez al escenario. Para Cardinali, Cosquín sigue siendo el espacio donde el folklore se resignifica y se proyecta. “Este es el festival que marca el rumbo del folklore argentino”, afirma, y traza un puente entre las grandes figuras históricas y los procesos de renovación que marcaron distintas épocas.
En ese recorrido, nombres como Soledad, Abel Pintos, Los Nocheros o el Chaqueño Palavecino aparecen como hitos de una renovación que hoy vuelve a activarse con nuevas generaciones. La presencia de artistas como Milo J, Cazzu o Campedrinos, sumada al protagonismo de los jóvenes surgidos del Pre Cosquín, da cuenta de un recambio que vuelve a convocar a públicos más jóvenes sin romper con la tradición.
“Vemos chicos de diez o doce años cantando folklore y también las canciones de Milo J. Eso es muy bueno para nuestra identidad y para transmitirla de generación en generación”, señala el intendente.
Así, Cosquín se prepara para una edición que combina récords, obras, tensiones y futuro. Una vez más, el festival no solo celebra la música popular, sino que vuelve a funcionar como termómetro cultural del país.
Por Marcelo Jara
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