Cada 25 de enero se celebra en Brasil el Día de la Bossa Nova, una fecha instituida para homenajear el nacimiento de Antonio Carlos Jobim (1927–1994), compositor, pianista y una de las figuras más influyentes de la música popular del siglo XX. La efeméride reconoce el impacto de un movimiento musical que transformó el samba tradicional al incorporar armonías del jazz, una nueva manera de cantar y una sensibilidad urbana, íntima y sofisticada.
La Bossa Nova surgió a fines de los años 50 en Río de Janeiro, de la mano de una generación de músicos jóvenes que buscaban renovar el lenguaje del samba. Jobim, junto a João Gilberto, Vinicius de Moraes y otros creadores, fue central en ese proceso. Canciones como Garota de Ipanema, Chega de Saudade o Desafinado no solo marcaron una época, sino que proyectaron la música brasileña a escala global, influyendo en artistas de jazz, pop y canción popular en todo el mundo.
El Día de la Bossa Nova fue establecido oficialmente en Brasil como una forma de preservar y difundir este patrimonio cultural, reconociendo a Jobim como uno de sus principales arquitectos y a la Bossa Nova como una expresión que condensó modernidad, identidad nacional y apertura al mundo. Más que un género, la Bossa Nova representa una manera de entender la música: sutil, precisa y profundamente ligada a la vida cotidiana.
A casi siete décadas de su nacimiento, la Bossa Nova continúa viva, dialogando con nuevas generaciones y reafirmando su lugar como uno de los movimientos musicales más influyentes de América Latina.
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