Cosquín, una política cultural que desborda la plaza

A horas del cierre del Festival Nacional de Folklore, el intendente Raúl Cardinali trazó un balance preliminar de una edición que definió como histórica. Con la plaza colmada, actividades en las calles y una fuerte decisión política de inversión cultural, Cosquín volvió a pensarse como algo más que un escenario.

Cuando aún faltaban las últimas horas para bajar el telón, el intendente de Cosquín, Raúl Cardinali, no dudó en calificar la edición 2026 del Festival Nacional de Folklore como “histórica”. No solo por lo ocurrido sobre el escenario de la Plaza Próspero Molina, sino —sobre todo— por aquello que volvió a expandirse por fuera de ella.

“Este es un festival diferente a todos, porque tiene aristas que en otros lugares no existen”, señaló Cardinali al hacer un primer balance, todavía en caliente, de una fiesta que volvió a mostrar a Cosquín como un entramado cultural que excede lo estrictamente musical.

Uno de los ejes centrales de esta edición fue la presencia de la cultura en el espacio público. Poetas, artistas y propuestas diversas convivieron no solo en el escenario principal y en encuentros programados, sino también en las calles de la ciudad. Para el intendente, no se trata de un gesto espontáneo ni casual: “Que la cultura esté en la calle y que la gente la pueda disfrutar es uno de los objetivos que tenemos. Cuando hablamos de Cosquín Capital Cultural, le hacemos honor trabajando día a día. Esto no es casualidad, es una causalidad”.

La idea de un festival que se derrama sobre la ciudad se sostiene, según Cardinali, en una planificación concreta y en equipos de trabajo que apuntan a objetivos claros. “Hay equipos que trabajan y equipos que logran los objetivos”, resumió, visiblemente conforme con el desarrollo general del evento.

En términos de convocatoria, la edición dejó noches colmadas y varias funciones agotadas. Sin embargo, el intendente fue claro al correrse de la lógica estrictamente económica. “Este festival fue creado por una necesidad económica del pueblo, y después de 66 ediciones se sigue trabajando de la misma manera. La inversión en cultura es altísima y el recupero muy bajo, pero es una decisión política que nosotros ponemos en evidencia”, afirmó.

En ese sentido, Cardinali descartó tanto pérdidas como ganancias extraordinarias. “Pérdida no va a haber, porque se trabajó muchísimo para que eso no suceda, pero tampoco hay ganancias exorbitantes, porque se trabaja con otra idea”, explicó, reforzando la noción del festival como política pública antes que como negocio.

Aunque su rol lo mantiene por encima de los hechos artísticos puntuales, el intendente destacó la respuesta del público en momentos clave, como la presentación de Soledad Pastorutti. “Lo importante es ver la reacción de la gente. Estaba contenta, lo disfrutó y la acompañó”, dijo, y recordó el momento en que le entregaron a la artista un reconocimiento especial: una bandera argentina realizada por una artesana local. “Se la notaba realmente emocionada y muy conforme con todo lo que estaba sucediendo”.

Como ocurre casi cada año, Cosquín también fue escenario de debates, cruces de declaraciones y discusiones sobre estilos, géneros y expresiones culturales. Lejos de esquivar el tema, Cardinali lo asumió como parte constitutiva del festival. “Si no existieran estas cosas, no sería Cosquín”, sostuvo. Y agregó: “Cada uno tiene que hacerse cargo de lo que dice y de cómo lo dice, ya sea a través de una poesía, una canción o un micrófono abierto. El veredicto lo da el pueblo”.

En tiempos donde la palabra “libertad” suele usarse de manera liviana, el intendente remarcó una idea que atraviesa la identidad del festival: “Acá todo el mundo tiene la libertad, en serio, no solo de pensar, sino de decir lo que quiere”.

Con la última luna en marcha y el balance fino aún por realizarse, Cosquín cerró otra edición reafirmando su singularidad: un festival que no se agota en la plaza, que asume la inversión cultural como decisión política y que, año tras año, vuelve a poner en discusión el sentido mismo de la cultura popular.

Por Marcelo Jara

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