Cosquín 2026: diez tópicos para leer un festival que sigue diciendo

Durante nueve lunas, entre el 24 de enero y el 1 de febrero, se llevó adelante la 66ª edición del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Una edición atravesada por récords de público, tensiones políticas, cruces generacionales y una escena que volvió a demostrar que el folklore no es una postal detenida en el tiempo, sino un territorio en disputa, movimiento y transformación.

A continuación, diez momentos que permiten trazar un balance artístico, cultural y político de un Cosquín que, una vez más, fue mucho más que música.

1. La transferencia generacional, en escena

Cosquín volvió a ser un espacio de traspaso real, no declamado.

El Dúo Coplanacu abrió el juego durante la segunda luna invitando a jóvenes artistas, entre ellos Nacho Cuéllar, joven cantor tucumano de apenas 17 años, en un gesto que habló de herencia viva y responsabilidad artística.

Peteco Carabajal fue una figura nodal del festival: abrió la novena luna y compartió escenario con sus hijos, su sobrino y Malena Garnica, joven violinista de la Sinfónica Nacional e hija de Néstor Garnica. Linaje, formación y futuro confluyendo en una misma escena.

También se destacó esa noche Teresa Parodi, cruzándose con Maggie Cullen y La Ferni, enlazando canción popular, nuevas voces y disidencias; y los cruces que hasta hace poco parecían improbables: Cuti y Roberto Carabajal con Milo J, este último con Radamel o Soledad Pastorutti durante la celebración de sus 30 años con la música, convidando escenario a Cazzu. El folklore dialogando sin pedir permiso.

2. Revelaciones que ampliaron el mapa

Entre las nuevas figuras, Emanuel Ayala mostró una propuesta sólida, identidad clara y proyección.

La malambista Yamila Aguado ofreció una de las performances más potentes del festival, cruzando raíces afro con las mudanzas del malambo, llevando el cuerpo folklórico a un territorio expandido.

3. Juventud sin timidez

Wara Calpanchay y Pancho Santarén dejaron todo en el escenario. Dos expresiones distintas de una misma búsqueda: riesgo estético, entrega total y una forma de habitar Cosquín sin pedir permiso ni esperar turno.

4. La consagración discutida

La obtención del premio Consagración del público por parte de Los Campedrinos generó polémica. No fueron los más ovacionados y actuaron un domingo, noche en la que históricamente ya se anticipa quiénes serán los consagrados. Para muchos, el proceso artístico aún requería más rodaje. Cosquín volvió a discutir sus propios criterios.

5. Luciana Jury y el escenario como trinchera

Uno de los momentos más tensos del festival. Luciana Jury fue abucheada por una parte del público cuando convocó a Susy Shock y a otras artistas y pronunció un discurso crítico hacia el actual presidente. Hubo gritos de “no” e intentos de silenciarla.

Pero el público estuvo dividido: junto a las expresiones intolerantes, llegaron aplausos y ovaciones. Luciana sostuvo con valentía un mensaje claro contra la discriminación y la intolerancia, dejando una de las escenas más incómodas y necesarias del Cosquín 2026.

6. Ovaciones que no admitieron discusión

Juanjo Abregú, en su luna, desplegó una propuesta escénica descomunal, con bailarines y una conexión constante con el público, que lo acompañó de principio a fin.

También fueron destacadas las actuaciones de Cristian Capurelli y Garupá, estos últimos recreando la obra de Ramón Ayala.

7. Cafrune Sinfónico y la emoción colectiva

Yamila Cafrune fue ovacionada de pie con su espectáculo Cafrune Sinfónico, una obra que resignificó el legado desde una estética contemporánea y profundamente emotiva.

8. Peteco, Mariana y La Callejera los momentos que quedan

Peteco Carabajal ofreció un concierto sublime, confirmando por qué su nombre es sinónimo de Cosquín.

Mariana Carrizo tuvo una presencia central: apareció en tres ocasiones. Primero junto a Jorge Rojas, en un contrapunto de cajas que fue, para muchos, uno de los momentos más especiales del festival; luego en su propio concierto junto a Leo Genovese; y finalmente como invitada de Peteco. Identidad, raíz y contemporaneidad.

La Callejera consolidó aún más su paso fuerte por el escenario que recorre como si fuera su propia casa. Poesía con fundamento, despliegue de danza y una impronta bien federal sellaron un momento sublime de este festival.

9. Multitudes nuevas, repertorios antiguos

Milo J protagonizó un espectáculo que ya es historia: tradición y renovación conviviendo, con un público juvenil multitudinario cantando canciones del repertorio folklórico.

La Sole, al salir de su luna, fue ovacionada por una plaza que sigue reconociéndola como figura clave del festival.

Micaela Chauque aportó color, carnaval y una energía colectiva pocas veces vista.

El Ballet Oficial de Cosquín, en las aperturas, rindió homenaje a Andrés Chazarreta, recordando que el cuerpo también es memoria.

Y el debut de Susana Baca en Cosquín marcó un hito: la voz afroperuana dialogando con la tradición popular argentina desde una emoción profunda y compartida.

10. Plaza llena, bolsillo flaco

El balance político–económico dejó una postal clara: noches agotadas, récord de público y una ciudad colmada, pero bajo consumo, especialmente en las peñas. Mucha gente en la calle, menos capacidad de gasto. Cosquín como reflejo del país: la cultura como necesidad vital, aun cuando la economía aprieta.

Decir, aun cuando incomoda

Cosquín 2026 volvió a ser un escenario donde la palabra tuvo lugar.

Desde Susy Shock pisando por primera vez el Atahualpa Yupanqui, al mensaje colectivo exigiendo el cese de los incendios en la Patagonia; desde Peteco Carabajal luciendo una remera que decía “Si ellos son la patria, nosotros somos extranjeros”, hasta Bruno Arias homenajeando a Rubén Patagonia.

Con aplausos, rechazos, tensiones y debates, pero nunca con silencio, Cosquín reafirmó su condición de festival vivo. Y en tiempos donde se intenta disciplinar la cultura, eso no es un detalle: es una definición.

Textos: Federico «Poni» Rossi

Fotos: Diego Nucera

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