Yamila Aguado: malambo, respeto y una conquista histórica en Cosquín

Detrás del escenario, todavía con la respiración agitada y la emoción a flor de piel, Yamila Aguado sonríe como quien sabe que acaba de escribir una página nueva. La noche del 31 de enero, durante la octava luna del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, la malambista nacida en Merlo confirmó lo que ya había comenzado a gestarse el año anterior: el malambo femenino llegó para quedarse.

Yamila es la primera ganadora del rubro Solista de Malambo Femenino en Cosquín, categoría que debutó oficialmente en 2025. Pero además, su consagración fue doble: se quedó también con el premio Revelación, destacándose entre todos los bailarines y bailarinas del certamen. Un logro histórico, construido —como ella misma dice— “pasito a pasito”, después de años de trabajo silencioso, esfuerzo físico y resistencia cultural.

“Yo lo anhelaba, lo deseaba, lo busqué y lo pedí”, afirma. “Trabajé mucho para que eso se concretara, y cuando sucedió me abrió las puertas de un camino artístico que venía recorriendo en silencio. Siempre pedía respeto a mi nombre y respeto a mi arte”.

La historia de Yamila con la danza comenzó temprano: conoció el folklore a los 11 años, de la mano de sus abuelos, hermanos y tíos, todos bailarines. A los 15 decidió prepararse físicamente con disciplina. Sin embargo, el recorrido no estuvo exento de obstáculos. “He tenido que soportar muchas palabrotas sobre mi propuesta. Escuchar que una candombera no podía hacer malambo, que eso no era malambo”, recuerda. Lejos de retroceder, eligió profundizar su búsqueda artística y reivindicar influencias muchas veces silenciadas. “Quise poner en valor la cultura africana, que es una influencia importantísima en lo que somos, en nuestro folklore”.

En diálogo con este medio, Yamila también pone el foco en una problemática estructural: el lugar históricamente relegado del bailarín folklórico dentro de los grandes festivales. “Muchas veces somos los baches entre artistas, los que se cambian donde se puede, los menospreciados. Y sin embargo, hacemos patria todos los días”, señala. “Damos clases en sociedades de fomento, en escuelas, sacamos chicos de la calle, les damos sueños y objetivos. Somos jóvenes sosteniendo nuestras danzas populares con amor, aunque nos cueste el triple”.

La creación del rubro Malambo Femenino no fue un gesto aislado, sino el resultado de años de insistencia y trabajo colectivo. Yamila lo subraya con claridad: “Esto lo hicimos con mucho respeto. Nos formaron grandes malambistas, campeones, profesores varones, que nos dieron el espacio. ¿Por qué no valorar eso?”. Y agrega, con honestidad y sensibilidad: “He tenido que soportar que me digan ‘la mujer no’, y eso duele. Pero hoy estamos acá, y eso también es un mensaje”.

Lejos de la confrontación, su mirada es amplia y respetuosa. Consultada sobre el Festival Nacional de Malambo de Laborde, Yamila elige una posición equilibrada: “Es un festival muy tradicional, con muchos años, y hay que respetar ese espacio. El malambo tradicional es del varón. Nosotras hoy tenemos una estilización, un espacio propio, nuestro festival. Estamos a la par, pero cada uno sosteniendo su lugar”.

La noche avanza en Cosquín y el murmullo del público se mezcla con el eco de los bombos. Detrás del escenario, Yamila Aguado ya no es solo una ganadora: es símbolo de una conquista colectiva. El malambo femenino, con respeto, identidad y futuro, acaba de dar un paso decisivo sobre el escenario mayor del folklore argentino.

Por Marcelo Jara

Fotos Diego Nucera

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