Por primera vez, Susana Baca pisó el escenario mayor del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Fue en la Primera Luna, en la Plaza Próspero Molina, y su presencia no pasó inadvertida: con los pies descalzos, una banda sólida y un repertorio profundamente enraizado en la tradición afroperuana, la artista ofreció un concierto cargado de memoria, emoción y sentido político.
Ganadora del Grammy a la Excelencia Musical, referente indiscutida de la música latinoamericana y figura clave en la recuperación de las raíces afrodescendientes del Perú, Baca vivió su debut coscoíno como un acontecimiento que excede lo personal. Luego del concierto reflexionó sobre la música, las tradiciones de los pueblos originarios y el rol de Cosquín como espacio de resistencia cultural.
“Yo siento que las tradiciones de nuestros pueblos, en cuanto a la música, son lo mismo. Es lo que tenemos desde que nacimos, crecemos con ese sonido, con esa cosa maravillosa”, expresó. Y subrayó una diferencia que la interpela profundamente: “Ustedes tienen una emoción por la música y por la tradición. Nosotros todavía tenemos una deuda con eso”.
En ese sentido, Susana fue contundente al referirse a la realidad cultural de su país: “En el Perú todavía sobrevive el racismo, y no se le hace caso a los artistas que vienen de los pueblos originarios. Esa es la verdad”. Frente a ese escenario, Cosquín aparece como un faro: “Para nosotros, para América Latina, Cosquín es un punto en la vida. Un lugar, un espacio para seguir viviendo nuestras raíces”.
La emoción atravesó todo su testimonio. “Estoy muy agradecida por la feliz idea de traernos hasta aquí con toda mi banda. En el escenario sentimos la felicidad de entregar nuestra música a ustedes, a todo ese público presente. Es un éxito el Festival de Cosquín. Un éxito”, afirmó, y dejó un deseo que resonó fuerte: “Ojalá los músicos peruanos puedan pasar por este festival. Se los juro que lo siento esta noche”.
Raíz, memoria y diálogo con los jóvenes
Consultada sobre el repertorio elegido para su presentación en el escenario Atahualpa Yupanqui, Baca explicó que la decisión estuvo atravesada por una necesidad vital: “Para mí es muy importante mostrar nuestra raíz”. Entre las canciones interpretadas, destacó una obra nacida de la memoria oral de una mujer esclavizada, cuyos fragmentos fueron recuperados y completados junto a Carlos —su compañero musical— para traerlos al presente.

“Eso sirve para que los jóvenes experimenten, para que se conecten”, explicó. Y allí aparece uno de los ejes centrales de su pensamiento: el puente entre tradición y contemporaneidad. El landó, ritmo afroperuano que atraviesa su obra, es para ella una herramienta viva: “Es un ritmo que permite a los jóvenes improvisar, comunicarse. Por eso nos tomamos la libertad de transformar un tango como Volver en una mezcla de tango y landó”.
Lejos de una mirada nostálgica, Susana observa con atención a las nuevas generaciones: “Los jóvenes raperos son la nueva tradición política de nuestra música. A veces la música no es muy buena, pero las letras son muy importantes. Hay que prestar atención”.
Democracia, memoria y canción

Uno de los momentos más conmovedores de su show fue la dedicatoria, de la canción Hasta la raíz, a quienes han muerto por la democracia. Al profundizar sobre ese gesto, Baca habló de una herida que atraviesa a toda América Latina: la desaparición y el asesinato de jóvenes en contextos de represión estatal.
La canción —compuesta por Leonel García y Natalia Lafourcade— nació en plena pandemia, y Baca la grabó cuando fue convocada por la Cruz Roja, para hablar de los desaparecidos. “Es una herida profunda en casi toda América”, dijo. Y agregó, con voz firme: “Siempre dedicamos esta canción a los jóvenes asesinados, a los que salieron a protestar. Nunca olvidamos”.
Finalmente, al referirse al presente de la música latinoamericana, dejó una reflexión que dialoga directamente con el espíritu de Cosquín: “Los jóvenes están volviendo a escuchar la música antigua. Los músicos argentinos no pueden dejar de escuchar a Yupanqui, a Cafrune, a Mercedes Sosa. Hay que beber de esa fuente para crear la nueva música latinoamericana”.
En su primera luna coscoína, Susana Baca no solo debutó en un escenario emblemático: dejó una marca profunda, reafirmando que la música popular sigue siendo territorio de memoria, identidad y lucha.
Texto: Federico «Poni» Rossi – Fotos: Diego Nucera
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