Abel Pintos: “La música sana, no tengo ninguna duda”

Bajo un cielo cargado y con entradas agotadas, la primera noche de la Chaya 2026 tuvo clima de expectativa y emoción. Minutos antes de subir al escenario, Abel Pintos dialogó con la prensa y dejó definiciones profundas sobre el festival, el momento social y el poder de la música.

“Muy feliz y agradecido. Siempre agradecido de que me den un espacio en este festival al que quiero mucho y que tiene una importancia tan grande para este tiempo festivalero de nuestro país”, expresó el artista, que ya es parte del ADN chayero. Para Pintos, venir a La Rioja no es simplemente participar de un evento musical: “Venir a la Chaya no es venir a un festival como los que conocemos debajo del nombre de festival. Es venir a un misterio”. Y explicó que la verdadera magia no ocurre solo en el escenario, sino “en las calles y en las casas”, donde el pueblo vive la fiesta como propia.

Consultado por el complejo contexto político y social que atraviesa el país, el cantante fue claro respecto al rol del arte: “La música es todo un espacio para habitar. Cuando uno necesita retirarse de alguna situación, la música es un espacio que da otro tipo de libertad, otro aire mental y emocional”. Y sentenció: “La música sana, no tengo ninguna duda. No la mía específicamente: la música en general”.

Sobre su presente artístico, adelantó que 2026 será un año enfocado en nuevas canciones. Continuará con conciertos en Argentina hasta fines de abril, luego visitará otros países y dedicará el resto del año a producir y editar música nueva. También habló de su reciente colaboración con el dúo Roze, surgida a partir de una invitación de su compañía discográfica. “Una canción mata decisión —confesó—. Cuando escuché el tema sentí que podía haberlo escrito yo”.

En relación a las nuevas generaciones y las fusiones entre folklore y música urbana, destacó el trabajo de artistas como Milo J y Kazzu, subrayando que estas búsquedas “abren muchas puertas a que toda una generación pueda familiarizarse con sonidos, sentimientos y paisajes del folklore”.

La lluvia, finalmente, no opacó el espíritu de la noche. “Mientras la producción decida que todo está técnicamente cubierto para seguir adelante, nosotros vamos a seguir encantados”, afirmó. Y así fue: con barro, harina y emoción compartida, la Chaya volvió a demostrar por qué es —como dice Abel— un misterio que se vive, más que un simple festival.

Fotos y cobertura de Ana K. Najar

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