Soledad Pastorutti en La Chaya: “Es un momento de encuentro maravilloso donde la gente olvida la pena”

Tras un show de casi tres horas, completamente chayada y celebrando sus 30 años de carrera, La Sole reflexionó sobre el sentido profundo de la fiesta riojana, su vínculo con el público local y el valor de compartir con artistas de la provincia.

Chayada de pies a cabeza, con la albahaca en la oreja y la emoción todavía vibrando en la piel, Soledad Pastorutti volvió a confirmar por qué su historia está profundamente entrelazada con la del Festival Nacional de la Chaya. Tras un recital maratónico de casi tres horas, la artista santafesina compartió una reflexión íntima sobre el significado de la celebración y el valor simbólico de haber cantado junto a voces riojanas como Natalia Barrionuevo, Gloria de la Vega y Bruja Salguero.

“Creo que de las cosas más lindas que tiene la música es compartir, y más en Carnaval y en Chaya, donde todo el mundo habla de eso: de vivir un momento único con la gente que uno quiere, que respeta, incluso con la gente que no piensa igual. Es un momento de unión”, expresó. El cruce sobre el escenario, largamente esperado, fue para ella un acto de profundo reconocimiento: “Son grandes artistas, son locales, y que me acompañen en un momento así es un honor”.

Para Soledad, La Chaya es mucho más que el espectáculo central. Es una experiencia cultural que atraviesa toda la provincia. “Ya pude comprobar que es real: la Chaya no se vive solamente en este festival, sino en toda la ciudad y en toda La Rioja. Es parte de la cultura del riojano, está metida dentro del corazón”, dijo, recordando su reciente visita a la casa del poeta Héctor David Gatica y su recorrido por patios y encuentros populares. “Yo no soy riojana, vengo como turista y a intentar empatizar con todo el mundo. La Argentina no es una sola, y eso lo puedo vivir acá”.

El vínculo con el público riojano se consolidó con el tiempo, al punto de que muchos comenzaron a llamarla “Reina de la Chaya”, un reconocimiento que recibió con humildad. “Lo agradezco muchísimo, creo que tiene que ver con el cariño y con mi entrega cada vez que vengo. Quizás voy a tener que instruirme más y contarle al mundo lo que se vive acá”, señaló, asumiendo también el compromiso de difundir esa identidad.

Dueña de una entrega total, la artista no dudó en mezclarse con la celebración. “Yo estoy loca, me bajo del escenario, canto bajo la lluvia, vivo el show así”, dijo entre risas, todavía cubierta de harina. Esa actitud, lejos de ser un gesto aislado, es parte de una concepción más profunda de su oficio: “Soy una niña en el escenario que sigue jugando, y este festival me lo permite”.

En el marco de sus 30 años de carrera, Soledad también transita un tiempo de revisión personal a través de proyectos como 30 Pueblos, donde reconstruye su propia historia a partir de la mirada de otros. “Hay gente que vivió el fenómeno de la Sole desde otro lugar. Algunos no lo vivieron felices. Cuando algo nuevo aparece, descoloca un mundo. Y a mí me da curiosidad saber qué le pasó a cada uno”, reflexionó.

En La Rioja, esa historia sigue escribiéndose entre harina, abrazos y canciones. Y La Sole, una vez más, no fue sólo protagonista: fue parte del ritual.

Cobertura especial y fotos: Ana K. Najar

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