La cantora riojana deslumbró con una propuesta artística integral en el escenario mayor, donde confluyeron la música, los títeres, la danza y la herencia diaguita. También habló de su presente creativo y de la emoción de compartir con nuevas generaciones.
La última edición del Festival Nacional de la Chaya volvió a confirmar algo que el pueblo riojano sabe bien: la voz de Gloria de la Vega no sólo canta, también cuenta, honra y proyecta una cultura viva.
Su presentación fue una de las más profundas desde lo conceptual. Sobre el escenario, la cantora propuso un espectáculo donde cada elemento tuvo un sentido: desde el vestuario de raíz diaguita hasta la inclusión, por primera vez en ese ámbito, de un títere como símbolo artístico y mensaje para las infancias.
“Es la primera vez que hay un títere en el escenario nacional de la Chaya. Queríamos dejar un mensaje para los niños, sobre la conciencia de cuidar nuestro presente, porque ellos son el futuro”, explicó.
La apertura con la canción Madre del Maíz no fue casual. Fue, según sus propias palabras, “un llamado a la tierra, un agradecimiento, un homenaje”. Un gesto coherente con el origen mismo de la fiesta, ligada a los ciclos de la cosecha y al vínculo espiritual con la naturaleza.
El impactante atuendo que lució —obra del artista Yanurix, Gustavo Díaz, heredero de una tradición familiar profundamente ligada a la cultura diaguita— completó una escena donde lo musical dialogó con lo visual y lo simbólico.
La Chaya, un ritual que trasciende fronteras

De la Vega también destacó el creciente interés que despierta la celebración más allá de la provincia.
“Hay muchísimo turismo, incluso internacional, que se interesa por conocer cómo vive el riojano la Chaya. Y cuando la viven, descubren que no hay otro festival igual. Es único”, afirmó.
Esa singularidad no reside sólo en el escenario, sino en el entramado cultural que lo rodea. La Chaya, como ritual colectivo, se convierte en una puerta de entrada a la identidad profunda de La Rioja.
Un presente fértil y el futuro en construcción

En un momento especialmente activo de su carrera, Gloria celebró también el acercamiento de nuevas generaciones al folklore.
“Artistas jóvenes, incluso de otros géneros, están incorporando sonidos del folklore. Eso acerca a muchos chicos a nuestra música. Es volver al sonido de nuestra tierra, y me parece maravilloso”, expresó.
Ese presente fértil también impulsa nuevos proyectos. La cantora confirmó que trabaja en lo que será su próximo material discográfico.
“Tenemos una necesidad muy profunda de grabar un nuevo disco. Ya tenemos un concepto, ahora falta encontrar las canciones que representen verdaderamente lo que queremos decir”.
La sorpresa de compartir con Soledad Pastorutti
Uno de los momentos más especiales de esta edición fue su participación junto a Soledad Pastorutti. La invitación, contó, llegó de forma inesperada.
“Me escribieron diciendo que estaban grabando un documental. Después me dijeron que era una invitación para cantar con Soledad. Yo creía que era una broma”, recordó entre risas.
Lo que siguió fue uno de los cruces más celebrados del festival: dos generaciones, dos recorridos, una misma raíz.
Una voz que nace de la tierra
En tiempos donde el folklore se reinventa y dialoga con nuevas audiencias, Gloria de la Vega reafirma su lugar desde la identidad y la búsqueda artística.
Su paso por la Chaya no fue sólo una actuación: fue una declaración estética y cultural.
Una forma de recordar que esta fiesta, nacida de la tierra, sigue encontrando en voces como la suya el puente entre la memoria y el porvenir.
Cobertura y fotos: Ana K. Najar
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