Ramiro González: 30 años de canción, memoria y una coherencia que no se negocia

Hay trayectorias que se vuelven inseparables del pulso cultural de un pueblo. La de Ramiro González es una de ellas. A tres décadas de haber comenzado su camino, el Ministerio de Turismo y Culturas de La Rioja declaró de interés cultural su trayectoria, reconociendo su aporte sustancial a la música de raíz y al patrimonio cultural vivo de La Rioja.

La distinción institucional confirma lo que el cancionero popular sostiene desde hace años: no hay cantor o cantora riojana que no haya hecho propia alguna de sus composiciones. Su obra, profundamente arraigada en la identidad, lo ha convertido en uno de los autores fundamentales del folklore contemporáneo.

Su más reciente trabajo, Danzas con fundamento, reafirma esa búsqueda: canciones construidas desde los ritmos tradicionales, pero pensadas desde el presente, donde la raíz no es ancla sino impulso.

Pero si algo termina de dimensionar su figura es su coherencia.

La canción como memoria

Durante la segunda noche del Festival Nacional de la Chaya 2026, y en el contexto de la visita de la vicepresidenta Victoria Villarruel, González volvió a demostrar que su compromiso no es declamativo, sino vital.

Desde el escenario, antes de cantar, expresó:

“Quiero dedicar esta canción a la memoria de nuestros desaparecidos, especialmente a Monseñor Enrique Angelelli, asesinado por la dictadura cívico-militar.”

Y luego agregó:

“En una provincia donde tenemos memoria, donde sabemos lo que pasó, donde en breve va a estar presente Victoria Villarruel con su discurso negacionista.”

Finalmente, dejó una frase que resonó con fuerza entre el público:

“Esta es una provincia montonera. Montonera y peronista.”

Sus palabras evocaron la figura de Enrique Angelelli, cuyo asesinato fue reconocido judicialmente como un crimen del terrorismo de Estado, y pusieron en escena un posicionamiento que no puede separarse del contexto.

Villarruel ha sostenido públicamente posturas que han generado un amplio rechazo en organismos de derechos humanos y sectores culturales, entre ellas el cuestionamiento de la cifra de 30.000 desaparecidos y la caracterización de aquel período como una “guerra”, en contraposición a lo establecido por la justicia argentina, que lo define como terrorismo de Estado.

En ese marco, las palabras de González no fueron un exabrupto, sino la continuidad de una trayectoria donde la canción también es memoria y responsabilidad.

El fundamento de una vida

Días después, al cumplirse sus 30 años con la música, el propio González compartió un mensaje donde reflejó la dimensión de ese recorrido:

“Estos 30 años con la música fueron y siguen siendo muy intensos y sacrificados […] recorriendo un país inmenso y hermoso.”

Y frente al odio recibido, eligió responder desde otro lugar:

“A quienes destilan odio y me insultan gratuitamente […] les deseo de corazón que puedan salir de ese lugar donde nadie merece estar.”

Lejos de cualquier pose, sus palabras revelan la misma coherencia que su obra ha sostenido durante décadas.

Un reconocimiento que ya era del pueblo

La declaración de interés cultural llega como un acto de justicia. No inaugura su importancia: la confirma.

Porque Ramiro González no solo escribió canciones.

Escribió parte de la memoria de su pueblo.

Treinta años después, su voz sigue intacta.

Cantando.
Nombrando.
Y recordando que el folklore, cuando es verdadero, nunca se calla.

Por Federico «Poni» Rossi

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