Sergio Galleguillo y el ritual de febrero: “Quería esta Chaya para que matemos las penas juntos”

El cantor riojano fue protagonista de la última noche, con entradas agotadas, y reafirmó su rol como una de las figuras más representativas de la fiesta. Emoción, identidad y compromiso cultural en el escenario mayor.

La última luna del Festival Nacional de la Chaya tuvo uno de sus momentos más intensos cuando Sergio Galleguillo pisó el escenario. Frente a un predio colmado, el artista nacido en La Rioja volvió a protagonizar ese fenómeno que excede lo musical: una comunión emocional donde la identidad riojana se canta, se llora y se celebra colectivamente.

“Para mí es un honor haber nacido en esta provincia y llevarla por todo el país”, dijo minutos después de bajar del escenario, todavía atravesado por la emoción. Su presentación, cargada de clásicos y gestos de profunda conexión con el público, volvió a confirmar por qué es considerado uno de los grandes embajadores culturales de su tierra.

Galleguillo retomó una frase que define el espíritu de la fiesta: “El riojano ya no cumple años, cumple febreros”. Y agregó: “El riojano espera febrero para matar las penas de todo el año. Y hoy, más que nunca, quería esta Chaya para que matemos las penas juntos, los riojanos, y salgamos adelante”. En un contexto social complejo, su show funcionó como un refugio colectivo, un espacio donde la música volvió a cumplir su función más vital: acompañar.

El peso de cantar en casa

Aunque ha recorrido los principales escenarios del país, el cantante reconoce que presentarse en su provincia tiene una carga especial. “Es el festival más bonito que me toca cantar y el más duro para mí”, confesó. “Sin embargo, el respaldo de la gente me hace sentir cómodo, tranquilo. Es algo emocionante”.

Ese vínculo se renueva con cada generación. El Gallo observa con atención cómo los jóvenes vuelven a apropiarse de sus canciones y del folklore en general. “Que los jovencitos canten las canciones es una maravilla. Somos responsables de educar, de transmitir la chaya para que siga generación tras generación”, afirmó.

Para él, la continuidad no depende de una sola figura, sino de un movimiento colectivo: “Ojalá que no sea uno el que quede, ojalá que sean muchos. Hay muchísimos artistas riojanos con un valor enorme. Tienen que trabajar todo el año, recorrer, hacer su camino”.

La Chaya como bandera

A lo largo de su carrera, Galleguillo construyó una identidad artística inseparable de su provincia. Incluso en los momentos difíciles, ese compromiso permanece intacto. “Tengo una responsabilidad muy grande de llevar a La Rioja adelante”, aseguró.

También reivindicó el valor de su formación y del recorrido realizado: “Nunca fui un invento. Me formé toda la vida. El folklore tiene una magia que nunca va a desaparecer”.

Esa convicción se proyecta hacia el futuro. El artista adelantó que prepara un nuevo disco y nuevas canciones, algunas dedicadas a su nieta Aurora, mientras continúa apostando a la difusión de la cultura riojana.

Antes de despedirse, dejó una frase que sintetiza el sentido profundo de su oficio: “Canto por la gente. Por los jóvenes, por los niños. Eso vale oro. Lo mejor que puede pasar es que los jovencitos canten folklore”.

En la última noche de la Chaya, entre harina suspendida en el aire y miles de voces cantando al unísono, Sergio Galleguillo volvió a confirmar su lugar: no sólo como protagonista de la fiesta, sino como uno de los custodios de ese ritual que cada febrero vuelve a encender el corazón de su pueblo.

Cobertura y fotos de Ana K. Najar

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