Los Carabajal: anatomía de una pérdida

La salida de Ariel Segura, las ausencias en la Fiesta de la Abuela y el vacío que dejó Mario «Musha» Carabajal reabren una pregunta incómoda: ¿puede sostenerse una marca cuando se resquebraja el espíritu familiar que la hizo grande?

Por Carlos Alberto Lucentti

Los Carabajal no son solamente un conjunto folklórico. Son parte de la historia cultural de Santiago del Estero. Son apellido, linaje, identidad. Nacidos del impulso creador de Agustín Carabajal y Carlos Carabajal, el grupo trascendió generaciones y se convirtió en símbolo del folclore argentino.

Pero hoy la pregunta ya no es histórica. Es presente.

La reciente desvinculación de Ariel Segura, anunciada por él mismo a través de sus redes sociales, no es un hecho aislado. Es un síntoma. Y cuando los síntomas se repiten, el diagnóstico deja de ser casual.

Musha no se fue: fue desvinculado del conjunto en una decisión que generó impacto dentro y fuera de la familia, en un momento crítico de su estado de salud. No era un integrante más. Muchos dentro del ambiente sostienen que era el alma del grupo: el que ordenaba, el que contenía, el que sostenía el espíritu más allá de la estructura.

Luego de su apartamiento, la conducción del grupo resolvió prescindir de la mayoría de los músicos que formaban parte del proyecto en ese momento.

En cambio, los casos de Blas, Walter y ahora Segura respondieron a decisiones personales: eligieron dar un paso al costado.

Demasiados movimientos en poco tiempo para un proyecto que, históricamente, se sostuvo en la continuidad.

La Fiesta de la Abuela: cuando el símbolo se rompe

Hay gestos que dicen más que los comunicados.

En la última edición de la tradicional Fiesta de la Abuela Carabajal, el conjunto no estuvo presente. Históricamente, ese fin de semana era sagrado para la familia. No se asumían compromisos externos. La celebración era el núcleo, el origen, la raíz.

Esta vez, hubo actuación en otro escenario.

Y el mensaje fue claro, aunque nadie lo haya escrito.

Tampoco pasó inadvertida la ausencia de Kali Carabajal en los homenajes a Musha. No fue invitado. Eso también habla de una fractura que parece exceder lo artístico y se instala en el plano emocional.

Marca registrada vs. espíritu familiar

Kali Carabajal tiene la potestad legal sobre el nombre. Eso es un hecho. Pero la discusión no es jurídica: es cultural.

¿Alcanza con tener registrada una marca para sostener una historia que nació del abrazo de hermanos?

Cuando quienes integran el proyecto comienzan a bajarse uno tras otro, cuando la familia ya no aparece unida en los momentos simbólicos, cuando el público percibe más movimiento interno que armonía musical, la pregunta se impone por sí sola.

¿Fecha de vencimiento o transformación inevitable?

No se trata de negar el legado. Ese legado es inmenso y nadie lo discute. Pero los procesos cambian. Las etapas se cumplen. Y, a veces, los ciclos se agotan.

Quizás el interrogante no sea si Los Carabajal tienen fecha de vencimiento, sino si el modelo actual puede sostener el peso de ese apellido.

Porque el folclore argentino no se construyó sobre contratos. Se construyó sobre familia, pertenencia y respeto a la historia compartida.

Y cuando el alma se va —como muchos sienten que ocurrió con Musha— lo que queda puede seguir sonando… pero ya no vibra igual.

El tiempo dirá si esta es apenas una etapa de transición o el comienzo de un final anunciado.

Por ahora, la pregunta está sobre la mesa.

Y no la hace la prensa: la hace la propia historia.

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