Mercedes volvió antes que la libertad (44 años)

El 18 de febrero de 1982 regresaba al país Mercedes Sosa. No era un regreso más. No era simplemente una artista que volvía de gira. Era la voz de un pueblo que había sido obligada a callar.

Se había ido en 1978, después de la persecución y de aquella detención en pleno recital en La Plata. El exilio la llevó, principalmente, a España. Y como tantos argentinos, tuvo que aprender a mirar su tierra desde lejos.

Pero en febrero de 1982 volvió.

Y volvió a cantar.

En el Teatro Ópera ofreció trece recitales históricos. Trece noches que no fueron solamente conciertos: fueron abrazos colectivos. Allí no se escuchaba solo música; se escuchaban aplausos interminables, emoción contenida, lágrimas que no habían tenido permiso de caer durante años.

De esas noches quedó un documento inolvidable: el álbum en vivo Mercedes Sosa en Argentina. Un testimonio artístico, pero también político y cultural. Un disco que captura el instante exacto en que la esperanza empezaba a asomarse en medio de la oscuridad.

Pero ese regreso tuvo otra dimensión: fue una bisagra artística.

En el exilio, Mercedes comenzó a escuchar algo que hasta entonces no había transitado: el rock nacional. Descubrió a una generación que había resistido desde otro lenguaje. Y lo hizo con humildad, incluso confesando cierta vergüenza por no haberlo conocido antes.

Cuando volvió al país, no volvió igual.

En su escenario se cruzaron generaciones y géneros. El folklore abrazó al rock. La tradición abrazó a la juventud. La memoria abrazó al presente. Y esa apertura marcaría su camino en los años siguientes, consolidándola como una artista sin fronteras musicales.

Sin embargo, hay algo más profundo todavía.

Después de esos recitales, Mercedes regresó nuevamente a España. La dictadura seguía en pie. La democracia aún no había llegado. Recién en 1983 se instalaría definitivamente en la Argentina.

Entonces aparece la pregunta.
¿Por qué volver en 1982 si todavía no era tiempo?
¿Por qué regresar, cantar, emocionar… y volver a irse?

Tal vez ahí esté el mensaje.

Volvió antes que la libertad, pero no se quedó.
Como si supiera que todavía no era el momento.
Como si su presencia fuera un anuncio.

Ese ir y venir no fue duda. Fue contexto. Fue prudencia. Pero también fue una señal.

En 1982 la dictadura ya mostraba fisuras. Ese mismo año ocurriría la Guerra de Malvinas, que aceleraría su final. Algo se estaba moviendo. Y Mercedes, con su sensibilidad histórica, quizás lo percibía.

Su regreso parecía decir:

“Estoy acá. No me fui para siempre.
Volví. Canto. Abrazo.
Y me voy otra vez…
pero voy a volver.
Y cuando vuelva, ustedes ya no van a estar.”

En 1983 regresó para quedarse.

Y el país también empezaba a quedarse con su democracia.

Tal vez esa sea la enseñanza entre líneas: los artistas populares no se van; resisten. Los pueblos no desaparecen; esperan. Los que finalmente se van… son los regímenes.

Y Mercedes volvió antes que la libertad.
Como quien anuncia el amanecer cuando todavía es de noche.

Carlos Alberto Lucentti

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