Guitarrista, cantor y compositor, dejó una obra profunda dentro del cancionero cuyano. Entre sus creaciones más recordadas se encuentra “Primera soledad”, escrita junto al poeta mendocino Armando Tejada Gómez.
El músico y compositor sanjuanino Hugo Figueroa falleció este 5 de marzo a los 65 años, dejando una obra sensible y personal dentro de la música de raíz cuyana.
Guitarrista, cantor y autor, Figueroa fue uno de esos artistas que eligieron un camino propio dentro del folklore. Su música se caracterizó por una búsqueda expresiva donde la tradición cuyana dialogaba con una mirada poética y reflexiva sobre la canción.
Nacido en la provincia de San Juan, comenzó a acercarse a la música desde muy joven, primero a través del canto y luego de la guitarra. Con el tiempo desarrolló una sensibilidad particular para la composición, creando obras donde la tonada cuyana se volvía íntima, melancólica y profundamente humana.
Quienes lo conocieron recuerdan que su forma de tocar la guitarra tenía una identidad propia: un estilo introspectivo, cargado de matices, donde cada acorde parecía sostener una historia.
Un encuentro decisivo
A comienzos de los años ochenta, Figueroa comenzó a viajar con frecuencia a Mendoza para estudiar con el gran guitarrista y compositor Tito Francia, figura central del movimiento del Nuevo Cancionero.
Aquellos viajes fueron decisivos para su formación. Fue el propio Francia quien lo acercó al poeta mendocino Armando Tejada Gómez, uno de los grandes nombres de la poesía latinoamericana.
De ese encuentro nacería una de las obras más profundas del repertorio cuyano contemporáneo: “Primera soledad”.
La historia de esa canción fue recordada por la periodista y escritora Silvia Majul en su libro Musas, donde recoge el relato que el propio Figueroa le compartió sobre aquellos años.
“En 1982, por intermedio de Tito Francia, conoce al ‘Profeta del viento’, como lo llamaba la escritora Dora Giannoni. El mismo Tejada le regaló, entre otros libros, ‘Cosas de niños’ y le dijo: ‘Fijate si podés musicalizar algunos y después me avisás para darte mi opinión’”.
De regreso en San Juan, Figueroa comenzó a leer aquellas páginas y encontró en el poema “Primera soledad” una emoción que lo atravesó profundamente.
Según recordaba el propio músico, en esos versos descubrió “palabras tristes, pero de una honda ternura”, que lo llevaron a componer una melodía de tonada lenta, dulce y melancólica.
Meses después, la canción fue estrenada en un festival en San Juan. Aquella noche la cantora Susana Castro la interpretó en el escenario, sin saber que entre el público estaba el propio Armando Tejada Gómez.
Con el tiempo, “Primera soledad” sería interpretada por distintos artistas y se convertiría en una de las composiciones más recordadas del repertorio cuyano.
Un músico de caminos propios

A lo largo de su trayectoria, Hugo Figueroa cultivó un perfil artístico discreto, lejos de los circuitos comerciales masivos, pero profundamente respetado entre músicos y conocedores de la canción popular.
Su obra estuvo atravesada por una constante búsqueda musical y poética, donde la raíz cuyana se mezclaba con influencias diversas y con una mirada sensible sobre la vida cotidiana.
Durante más de tres décadas vivió en Asunción, desde donde continuó componiendo y compartiendo su música, sin perder nunca el vínculo con su tierra natal.
Quienes lo trataron recuerdan también su generosidad y su amor profundo por la canción como forma de contar la vida.
Una despedida desde la emoción
Al conocer la noticia de su partida, Silvia Majul lo despidió con un mensaje que resume el espíritu de su obra y de la canción que marcó su historia.
“Mi ‘Primera Soledad’ fue mi madre, ¿cuál habrá sido la de Armando? ¿y cuál la de Huguito? Gracias Huguito por tanto”.
Con su partida, la música cuyana pierde a uno de sus creadores más personales. Pero como suele ocurrir con los verdaderos autores, sus canciones seguirán habitando la memoria colectiva, allí donde la poesía y la música se encuentran para decir aquello que las palabras solas no alcanzan.
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