Astor sin etiquetas

A 105 años del nacimiento de Astor Piazzolla

Memoria viva

La relación de Astor Piazzolla con la música no entendía de aduanas. No fue un coqueteo pasajero, sino una validación mutua que transformó la cultura argentina: rompió el gueto del tango para dialogar con el folklore, el rock y el jazz.

Piazzolla llevó su vanguardia incluso a los templos de la tradición.

En 1972 debutó en el escenario mayor del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, en la Plaza Próspero Molina, junto al Conjunto 9. En un ambiente considerado entonces ultraconservador, Astor temía el rechazo. Sin embargo, terminó recibiendo una ovación histórica que legitimó su música como una expresión más del paisaje cultural argentino.

Algo similar ocurrió en el Festival Nacional de Música Popular Argentina de Baradero en 1987. Allí, su quinteto dialogó de igual a igual con zambas y chacareras, demostrando que su complejidad técnica compartía la misma fibra emocional que la música de raíz.

Cantores fuera del molde

Piazzolla buscaba intérpretes que escaparan a los vicios del tango “standard”.

Por eso eligió personalmente a Teresa Parodi en 1988:
No quiero una cantante de tango, quiero esa fuerza de la tierra”, decía. Para Parodi, aquella gira fue un verdadero sello de fuego en su carrera.

También encontró en Jairo al “embajador de su melancolía” en París. Para él compuso junto a Horacio Ferrer la Milonga del trovador, una obra que une la elegancia europea con la nostalgia del cantor de pueblo.

Un aliado del rock

A diferencia de muchos tangueros de la vieja guardia, Piazzolla fue un aliado ferviente de los jóvenes.

En 1976, durante una mesa televisiva en el programa de Mirtha Legrand, lanzó una frase que sorprendió a todos:
Amo más a los rockeros que a la gente del tango”.

Admiraba profundamente a Charly García y Luis Alberto Spinetta, a quienes consideraba herederos del sonido de Buenos Aires. Se cuenta que Spinetta le tenía cierto respeto reverencial por su exigencia técnica. Astor lo tranquilizó con una frase que resume su mirada generosa:
Seguí haciendo lo que hacés, que sos de los pocos que entienden de qué se trata esto”.

Aunque nunca grabó un disco íntegramente de rock, su influencia fue decisiva. Colaboró con Invisible y celebró la incorporación del bandoneón de Rodolfo Mederos al universo del rock.

El diálogo con el jazz

El jazz fue para Piazzolla una verdadera escuela de libertad.

En 1974 grabó Summit junto al saxofonista Gerry Mulligan. El álbum es hoy considerado una obra maestra del diálogo entre el swing y el drama porteño.

Más tarde, en 1986, registró The New Tango junto al vibrafonista Gary Burton, tras una recordada presentación en el Festival de Jazz de Montreux. El resultado fue una joya musical donde el jazz se rinde ante la intensidad del bandoneón.

Un genio indomable

Las anécdotas sobre Piazzolla reflejan su carácter frontal.

En Cosquín, cuando un periodista le preguntó si lo suyo era realmente tango, respondió sin rodeos:
“No me importa cómo lo llamen. Yo hago música de Buenos Aires, y si no les gusta, vuelvan a escuchar la radio de 1920”.

También demostró su versatilidad en 1963, cuando participó de la obra Coronación del folklore junto a Eduardo Falú y Los Fronterizos, confirmando que podía arreglar para guitarras criollas con la misma maestría que para una orquesta sinfónica.

Curiosamente, el año de su nacimiento coincide con el de otros dos gigantes de la música popular: Ariel Ramírez y Abelardo Dimotta. Tres figuras fundamentales que, desde distintos territorios musicales, ayudaron a expandir los límites de la tradición.

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