Hay canciones que no nacen de una idea estética, sino de una urgencia. Décimas de Nunca Más, de Georgina Hassan, pertenece a esa estirpe: la de las obras que aparecen cuando la historia vuelve a doler en presente.
Lanzada en el marco de los 50 años del golpe cívico-militar, la canción se inscribe en una tradición profunda de la música popular argentina: la de cantar para nombrar, para denunciar, para sostener la memoria. Pero lo hace desde una forma precisa —la décima— que no solo organiza el relato, sino que le da pulso, respiración y raíz.
No es un gesto aislado dentro de su recorrido. Con más de dos décadas de trayectoria y cinco discos publicados, Hassan viene construyendo una obra que dialoga con los folklores latinoamericanos y del mundo, incorporando sonoridades como el cuatro venezolano y una marcada búsqueda poética. Esa identidad, que cruza tradición y lenguaje propio, se vuelve aquí vehículo de una canción necesaria.
El tema cuenta con la participación de Teresa Parodi y León Gieco —dos figuras centrales de la canción comprometida— y con la guitarra de Pedro Rossi, que sostiene con sobriedad un clima cargado de sentido.
Pero más allá de los nombres, hay un origen que atraviesa la obra: la canción fue escrita en una noche de insomnio, en medio de la enfermedad y la impotencia frente al resurgimiento de discursos negacionistas. Desde ese lugar íntimo, la voz se vuelve colectiva.

“Las décimas de nunca más salieron de un tirón, con toda esa angustia, pero también con la fuerza que siempre me generan las Madres y Abuelas”, cuenta Hassan. Y ahí aparece el núcleo de la pieza: no solo el dolor, sino la persistencia.
Décimas de Nunca Más no busca explicar la historia: la invoca. La pone en acto. La convierte en canto y en ceremonia. En un tiempo donde ciertos consensos parecen resquebrajarse, la canción reafirma algo esencial: que la memoria no es pasado, sino una práctica viva.
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