Memoria viva | A Michi Aparicio siempre se vuelve

La antigua leyenda dice que a Jujuy siempre se vuelve si se bebe el agua de su río. Hoy, esa promesa se funde con el legado de Michi Aparicio, quien desde este 26 de marzo de 2026 se ha vuelto eterno.

Nacido en Humahuaca el 2 de septiembre de 1934, el “Michi” transitó su vida entre Maimará y San Salvador de Jujuy, convirtiéndose en un pilar del arte jujeño. Aunque se formó en Tucumán, su pulso como pintor fue en gran medida autodidacta. Supo capturar la esencia de la Quebrada a través de óleos y técnicas mixtas que retrataron con sensibilidad sus paisajes, sus figuras y la cultura profunda de su tierra.

Pero su huella más profunda quedó en otro territorio: el aula.

Como maestro rural y director de escuelas primarias, fue un verdadero pionero en la enseñanza de la plástica para niños. Fundó peñas y espacios culturales, sembrando arte donde antes había silencio. Por eso, hoy no solo los cerros de la quebrada parecen vestirse de luto: también las aulas se sienten más vacías, extrañando la voz de quien enseñó a mirar, a crear y a reconocer la propia identidad.

Aun en la tristeza que hoy cubre al Cerro de los Siete Colores, la obra de Michi Aparicio permanece como ese cuenco de agua fresca que invita al regreso.

Fue un referente que supo transformar la técnica en emoción y la docencia en un acto de entrega. Su partida deja un vacío inmenso, pero su espíritu seguirá vivo en cada pincelada, en cada escuela y en cada rincón de Jujuy.

Porque hay artistas que no se van.

Y hay maestros a los que siempre se vuelve.

Por Silvia Majul

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