Bitácora de folklore | Entre la carreta y el carrusel (Yupanqui–Lennon)

Dos canciones, dos universos y una misma decisión: correrse del ruido… o abrazarlo a su manera.

Un hombre, una carreta y el ruido como elección

“Porque no engraso los ejes, me llaman abandonau…”

Así comienza una de las obras más profundas del cancionero popular argentino. “Los ejes de mi carreta”, con letra de Romildo Risso y eternizada en la voz de Atahualpa Yupanqui, no es solo una canción: es una declaración de principios.

El protagonista no engrasa los ejes de su carreta.
No por descuido, sino por elección.

El ruido —ese chirrido que incomoda a otros— es su compañía, su forma de habitar el mundo.

Mientras la sociedad lo señala, él responde con una lógica simple y contundente: no está dispuesto a seguir la huella marcada ni a vivir bajo mandatos ajenos.

Sin embargo, en su decir aparece una sombra, una grieta humana:

“Ya no pienso más”

Allí asoma el cansancio, el desgaste de quien decidió correrse… tal vez después de haberlo intentado todo.

Lennon y la decisión de bajarse del carrusel

A miles de kilómetros y en otro tiempo, John Lennon escribía “Watching the Wheels”, una canción que también habla de la incomodidad de salirse del sistema.

“People say I’m crazy”
La gente dice que estoy loco

“People say I’m lazy”
La gente dice que soy flojo

“They give me all kinds of warnings”
Me dan todo tipo de advertencias

Como al hombre de la carreta, lo juzgan, lo corrigen, lo quieren “salvar”.

Pero cuando responde, aparece el corazón de la canción:

“I’m just sittin’ here watchin’ the wheels go round and round”
Yo solo estoy sentado aquí mirando las ruedas girar y girar

“I really love to watch them roll”
De verdad me encanta verlas girar

“No longer ridin’ on the merry-go-round”
Ya no estoy subido al carrusel

“I just had to let it go”
Simplemente tuve que dejarlo ir

Lennon no escapa: elige parar. Y en esa pausa, encuentra sentido.

Dos mundos, una misma rebeldía

Salvando las distancias —geográficas, culturales y musicales— ambas canciones dialogan desde un lugar profundamente humano.

El hombre de la carreta y Lennon:
– Son cuestionados por la sociedad.
– Rechazan el ritmo impuesto.
– Deciden apartarse del camino esperado.
– Encuentran sentido en lo que otros no comprenden.

Uno deja que su carreta suene.
El otro mira cómo giran las ruedas.

En ambos casos, hay una ruptura con la lógica dominante: la de avanzar sin preguntarse hacia dónde.

Entre el cansancio y la claridad

La diferencia, sin embargo, es sutil pero clave.

En la obra de Risso y Yupanqui, el correrse del mundo aparece teñido de cierta melancolía, de un cansancio profundo que incluso roza el abandono.

En Lennon, en cambio, hay otra energía: una pausa elegida, una claridad que no renuncia, sino que redefine.

Uno suena a tierra, a soledad, a intemperie.
El otro a introspección, a equilibrio.

Un puente que nació en la radio

Este cruce no surge de la nada.

El colega Juan Pablo Revelli, en su programa Sospecho dijo Toranzo, puso al aire estas dos versiones y dejó flotando una intuición: que entre ambas había un punto de contacto.

No lo desarrolló del todo.
Pero alcanzó para abrir la puerta.

A veces, la radio tiene eso: no da respuestas cerradas, sino que enciende preguntas.

Y en esa invitación a mirar más hondo, aparece este diálogo posible entre una carreta criolla y un piano.

Una misma enseñanza

En tiempos donde todo empuja a ir más rápido, a producir más, a encajar, estas dos canciones —tan distintas entre sí— dejan una enseñanza común.

Tal vez no siempre se trate de seguir avanzando.

Tal vez, en algún momento, haya que animarse a hacer lo que pocos entienden:
escuchar el ruido propio…
o simplemente sentarse a mirar cómo giran las ruedas.

Porque, al final, la verdadera libertad no está en la velocidad del camino,
sino en la decisión de cómo queremos transitarlo.

Por Carlos Lucentti

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