Bitácora del folklore | 7 de abril: la zamba sin dueño y con pueblo

Entre registros imprecisos, autores difusos y versiones inolvidables, la historia de la zamba revela que hay músicas que no necesitan ley para tener identidad.

Una fecha que nace de la costumbre

Cada 7 de abril, la zamba vuelve a decir presente en peñas, radios y escenarios de todo el país. Es una fecha instalada en el corazón del folclore, celebrada como el Día de la Zamba.

Sin embargo, hay un dato que llama la atención: no existe una ley nacional que la establezca oficialmente.

La celebración, entonces, no nace de un decreto sino de la práctica.
De la repetición.
De la memoria colectiva.

De eso que el pueblo decide sostener con el tiempo.

“La 7 de abril”: una zamba, muchas historias

El origen de la fecha remite a “La 7 de abril”, una de las más antiguas del repertorio criollo.
Pero lejos de ofrecer certezas, su historia abre interrogantes: es considerada una obra de autor anónimo; fue recopilada por Andrés Chazarreta; su registro se ubica en 1916, aunque incluso el día exacto genera dudas

Como si fuera poco, también aparecen otras líneas: se la ubica tanto en Santiago del Estero como en Tucumán; en algunas fuentes se menciona a Pedro Evaristo Díaz; pero ninguna de estas versiones logra imponerse de manera definitiva.

Entre el registro y la tradición

“La 7 de abril” tiene registro, pero no acta de nacimiento clara.

Tiene nombres alrededor, pero no autor confirmado.

Y eso no es un defecto.

Es, justamente, una marca del folclore.
Porque antes de ser escrita, fue cantada.
Antes de ser documentada, ya era parte de la gente.

La versión que quedó en la memoria

Y si de versiones se trata, hay una que parece haber dejado huella definitiva.

La interpretación de Pintín Salazar logró algo poco frecuente: apropiarse emocionalmente de una obra anónima hasta volverla inseparable de su voz.

Es, claro, una apreciación subjetiva.

Pero en el sentir de muchos —y aquí vale decirlo— cuesta encontrar una versión que la supere.

Porque cuando no hay autor, el pueblo elige intérpretes.

Y cuando eso ocurre, la memoria hace el resto.

Lo legal y lo legítimo

Mientras el 7 de abril se celebra de manera casi unánime, en el plano institucional aparecen otras fechas —como el 29 de septiembre, en homenaje a Gustavo «Cuchi» Leguizamón— que buscan establecer un Día Nacional de la Zamba.

Sin embargo, ninguna ha logrado desplazar lo que ya está instalado en la cultura popular.

Porque hay algo que la ley no siempre puede ordenar:
lo que la gente ya hizo propio.

En limpio

“La 7 de abril” es anónima.
Su origen es discutido.
Su fecha, imprecisa.

Y aun así, cada año, el 7 de abril se llena de pañuelos en el aire.

Tal vez porque la zamba no necesita papeles.
Ni firmas.
Ni decretos.

Tal vez porque, en el fondo,
la zamba tiene día porque tiene pueblo.

Por Carlos Lucentti


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