Bitácora del folklore | Los Hermanos Querro: cuando la perseverancia florece

El escenario del Festival Nacional de Música Popular Argentina de Baradero, en su edición número 51, fue testigo de una historia que no empezó esa noche, sino hace casi 30 años.

La de Los Hermanos Querro es una historia de insistencia. Durante años, su padre, don Enrique, enviaba materiales —primero VHS, después DVD— a través de camioneros que viajaban hacia Baradero, con la ilusión de que alguien los escuchara.

Pero el llamado no llegaba.

Pasaron festivales, pasaron escenarios —Jesús María, Cosquín—, pasaron oportunidades… pero Baradero seguía siendo una cuenta pendiente.

Hasta que la perseverancia encontró su premio.

En 2025, tras 29 años de trayectoria, ganaron la competencia de la peña oficial del festival. Ese logro no solo los consagró como revelación, sino que les abrió la puerta grande: la del escenario mayor.

De la infancia al escenario mayor

Todo empezó mucho antes. En un patio, jugando a hacer música con lo que había a mano.

Siete hermanos —cinco varones y dos mujeres— creciendo en una casa donde la música era parte de la vida cotidiana.

El padre, ligado al cuarteto; la madre, al folclore.
Y en ese cruce nació el camino.

Con los años, los cinco varones formaron Los Hermanos Querro, una propuesta que hoy ya atraviesa tres generaciones de músicos, sumando hijos y manteniendo intacta la esencia familiar.

Un sonido propio en tiempos de exceso

En una época donde muchas veces se apuesta a lo grandilocuente, Los Querro eligen la síntesis: piano, guitarra, batería y cuatro voces.

Un formato sencillo, pero profundamente efectivo.

El piano sostiene el bajo, la guitarra marca el pulso, la batería abraza el ritmo y las voces —cuidadas, trabajadas, sentidas— hacen el resto.

Cinco corazones en escena que logran lo más difícil: emocionar.

El árbol Querro: una familia que se multiplica en música

Lejos de limitarse a una sola formación, la familia Querro se expande como un verdadero árbol musical.

Uno de los hermanos que dejó el grupo principal continúa con otro proyecto que reúne a la familia, incluyendo a las dos hermanas.

A su vez, el legado de don Enrique sigue vivo en nuevas generaciones: hijos y nietos que abrazan la música como forma de vida.

Incluso Enzo, uno de los más jóvenes, ya impulsa su propio camino junto a su primo Martín, demostrando que la historia no solo continúa, sino que se ramifica.

Un momento íntimo que lo dice todo

Antes de subir al escenario en Baradero, hubo una escena que no vio el público, pero que explica todo.

En el camarín, Los Hermanos Querro convocaron a quienes los acompañaban —prensa, sonidistas, equipo— y pidieron hacer una oración.

No fue un gesto simbólico.
Fue una declaración de principios.

Ellos rezan antes de cada presentación.
Entienden la música como un don.
Y el escenario, como el lugar donde ese don se entrega.

A modo de cierre

Hay historias que no se apuran.
Que caminan despacio, como sabiendo que lo importante no es llegar primero, sino llegar con sentido.

La de Los Hermanos Querro es una de esas.

Porque no se trata solamente de un grupo que después de 29 años pisó el escenario de Baradero.

Se trata de una semilla que alguien plantó en silencio —un padre, una madre, un patio, una infancia— y que el tiempo convirtió en árbol.

Un árbol con raíces profundas, de esas que no se ven pero sostienen todo.

Un tronco firme que resistió la espera, la negativa, el olvido.
Y ramas que hoy se abren en distintas direcciones, pero que siguen alimentándose de la misma savia: la música, la familia, la fe.

Baradero, entonces, no fue una meta.
Fue una flor.

Una de tantas que este árbol todavía tiene por dar.

Y quizás ahí esté lo más hermoso de esta historia:
que mientras haya un Querro dispuesto a cantar,
mientras haya una guitarra que acompañe,
mientras haya una oración antes de salir a escena…
la música no va a ser un destino,
sino una forma de vivir.

Por Carlos Lucentti

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