Cada 4 de junio, Córdoba celebra el Día del Cuarteto, una fecha que homenajea a uno de los géneros musicales más representativos de la cultura popular argentina. La efeméride recuerda la primera presentación radial del Cuarteto Característico Leo, realizada el 4 de junio de 1943 por LV3 Radio Córdoba, un acontecimiento que marcó el nacimiento público de un estilo musical que, más de ocho décadas después, sigue convocando multitudes.
Lo que comenzó como una expresión propia de los sectores populares cordobeses terminó convirtiéndose en una de las manifestaciones culturales más importantes del país. Con una identidad sonora inconfundible, el cuarteto trascendió fronteras provinciales, se adaptó a distintas épocas y generaciones, y hoy forma parte del patrimonio cultural argentino y de la humanidad.
El origen del “tunga-tunga”

La historia del cuarteto está íntimamente ligada a una mujer: Leonor Marzano. Integrante del Cuarteto Característico Leo, la pianista desarrolló una forma particular de acompañar el ritmo marcando con la mano izquierda los bajos y con la derecha los acordes. Ese patrón rítmico generó el característico sonido conocido popularmente como “tunga-tunga”, considerado hasta hoy la esencia musical del género.
La formación original estaba integrada por Leonor Marzano, Augusto Marzano, Luis Cabero y Rogelio Gelsi. Inspirados en ritmos europeos como el pasodoble, la tarantela y otras expresiones musicales traídas por la inmigración, construyeron una identidad propia que rápidamente fue adoptada por el público cordobés.
Durante décadas, el cuarteto se desarrolló principalmente en bailes populares, clubes de barrio y fiestas comunitarias, consolidándose como la banda sonora de amplios sectores sociales de la provincia.
De género local a fenómeno nacional
La expansión del cuarteto comenzó a acelerarse a partir de las décadas de 1970 y 1980 con artistas que ampliaron sus horizontes musicales y geográficos.
Entre los nombres fundamentales de esta historia aparecen Carlos “La Mona” Jiménez, Rodrigo Bueno, Gary, Chébere, Tru-la-lá, Sebastián, Pelusa y Jean Carlos, figuras que desde distintos momentos y estilos ayudaron a convertir al cuarteto en una de las expresiones musicales más populares de la Argentina.
La llegada de Rodrigo a los grandes medios nacionales a fines de los años noventa representó un punto de inflexión. Sus canciones sonaron en todo el país y abrieron definitivamente las puertas para que el cuarteto dejara de ser percibido exclusivamente como una expresión regional. Su figura trascendió el género y se convirtió en un fenómeno cultural que aún hoy mantiene una enorme vigencia.
La Mona, el gran emblema del cuarteto

Si existe una figura capaz de sintetizar la historia del cuarteto, esa es la de Carlos “La Mona” Jiménez. Con más de cinco décadas de trayectoria, una discografía monumental y miles de bailes realizados, La Mona se transformó en el artista más representativo del género y en uno de los grandes íconos de la música popular argentina.
Su carisma, su conexión con el público y su capacidad para interpretar el sentir de los sectores populares cordobeses lo convirtieron en una referencia cultural que trasciende la música. Para varias generaciones de seguidores, hablar de cuarteto es hablar de La Mona.
Los cambios estéticos de un género vivo
A lo largo de su historia, el cuarteto experimentó múltiples transformaciones. Las primeras formaciones estaban dominadas por el piano, el acordeón, el contrabajo y el violín. Con el paso del tiempo se incorporaron baterías, guitarras eléctricas, teclados y secciones de viento que ampliaron sus posibilidades sonoras.
Durante los años noventa y dos mil, el género comenzó a dialogar con el pop, el rock y la música tropical. Más recientemente, nuevas generaciones de artistas incorporaron elementos de la música urbana, la electrónica y las herramientas digitales de producción, manteniendo siempre el pulso rítmico que caracteriza al cuarteto desde sus orígenes.
Lejos de permanecer estático, el género ha demostrado una notable capacidad para reinventarse y dialogar con los gustos de cada época.
Un género construido también por mujeres
Aunque durante décadas el cuarteto estuvo asociado principalmente a figuras masculinas, las mujeres han desempeñado un papel fundamental en su desarrollo. Desde la pionera Leonor Marzano, considerada una de las fundadoras del género, hasta artistas contemporáneas como Magui Olave, Lore Jiménez, Vanesa Velázquez y tantas otras intérpretes, compositoras, músicas y bailarinas, las mujeres han contribuido de manera decisiva a la evolución del cuarteto.
Su creciente presencia en los escenarios refleja también los cambios culturales que atraviesan al género y amplía una tradición que históricamente fue mucho más diversa de lo que suele reconocerse.
El presente del cuarteto

Actualmente el cuarteto atraviesa uno de sus momentos de mayor visibilidad nacional. Figuras como Ulises Bueno, Luck Ra, La Konga, Q’ Lokura, DesaKTa2 y otros exponentes contemporáneos lograron que el género vuelva a ocupar espacios centrales en festivales, plataformas digitales y rankings de reproducción.
Las colaboraciones con artistas del pop, la música urbana y otros géneros ampliaron aún más su alcance, permitiendo que nuevas generaciones descubran una tradición musical profundamente arraigada en la identidad cordobesa.
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

El reconocimiento más importante de su historia llegó en diciembre de 2025, cuando la UNESCO incorporó al cuarteto cordobés a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La declaración reconoció al cuarteto no sólo como una expresión musical, sino también como una práctica cultural que construye identidad, memoria colectiva, pertenencia y vínculos comunitarios para millones de personas.
El reconocimiento internacional significó un respaldo histórico a una manifestación artística nacida en los barrios populares de Córdoba, reafirmando su valor cultural y su vigencia como una de las expresiones más representativas de la Argentina.
Mucho más que un ritmo
Hablar del cuarteto es hablar de bailes multitudinarios, de clubes de barrio, de familias enteras reunidas alrededor de una pista y de generaciones que encontraron en sus canciones una forma de celebración, encuentro e identidad.
Es hablar de Leonor Marzano y del nacimiento del “tunga-tunga”, pero también de La Mona, Rodrigo, Gary y de los jóvenes artistas que hoy continúan escribiendo nuevas páginas de esta historia.
A más de ochenta años de aquella primera transmisión radial, el cuarteto sigue demostrando que es mucho más que un género musical: es una forma de vivir la música popular argentina y uno de los patrimonios culturales más valiosos del país.
Por Federico «Poni» Rossi
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