Bienvenido a la trascendencia

Hoy no quiero hablar de una despedida. Quiero hablar de la trascendencia.

Porque hay personas que exceden el tiempo que les toca vivir. Hay artistas que dejan de pertenecer a sus familias, a sus amigos o incluso a sí mismos para convertirse en patrimonio cultural de un pueblo. Y entre ellos está el Indio Solari.

Fue una de las grandes referencias de nuestra música y de nuestra cultura popular. Un ícono indiscutido del rock nacional. Un artista capaz de lograr algo que muy pocos consiguen: reunir a miles y miles de personas alrededor de una misma canción, de una misma emoción, de una misma identidad.

Algunos podrán decir que no unía, que simplemente amontonaba multitudes. No importa. Lo cierto es que estaban todos ahí. Cada recital era una especie de misa pagana ricotera, un ritual multitudinario donde el sumo sacerdote, el Indio Solari, celebraba frente a una multitud que llegaba desde todos los rincones del país.

Y en esa ceremonia no había diferencias. Estaban los trabajadores, los desocupados, los estudiantes, los profesionales. Estaban los de abajo, los de la clase media y también los de la alta sociedad. Todos compartiendo el mismo espacio, cantando las mismas canciones y sintiendo que por unas horas formaban parte de algo más grande que ellos mismos. El Indio convirtió la música en fe.

¿Quién no conoce alguna canción del Indio? ¿Quién no cantó alguna vez uno de sus versos? Sus letras atravesaron generaciones y se transformaron en parte del lenguaje cotidiano de millones de argentinos.

Muchos destacaron siempre su perfil bajo. Otros dirán que tal vez había algo de construcción mediática detrás de ese misterio. Sinceramente, poco importa. Lo que verdaderamente importa es la obra. Lo que importa es el legado cultural que deja. Lo que importa es aquello que seguirá viviendo cuando ya no haya escenarios, ni luces, ni recitales.

Y aquí me permito una reflexión desde el lugar que más habito: el folclore. Quienes me conocen saben que amo el folclore, que lo respiro todos los días. Y aunque el Indio Solari pertenece al universo del rock, hay algo profundamente folclórico en su obra.

Porque el folclore no es solamente una guitarra, un bombo o una chacarera. El folclore es aquello que el pueblo hace suyo. Es aquello que pasa de generación en generación. Y las canciones del Indio fueron cantadas por abuelos, por hijos y por nietos. Estoy seguro de que también las cantarán los bisnietos.

Por eso creo que su obra ya forma parte de ese gran cancionero popular que trasciende géneros y etiquetas.
Recuerdo una entrevista de Mario Pergolini en la que le preguntó qué ocurriría si el siguiente concierto fuera el último. Y la respuesta fue sencilla, casi una filosofía de vida:

«Festejemos».

Festejar. Esa parecía ser la consigna.
Festejar de cantar. Festejar de ensayar. Festejar de subir al escenario. Festejar de vivir.

Ese fue el Indio Solari.

Y cuando una persona deja semejante huella, ya no hablamos solamente de una vida. Hablamos de una presencia que permanece.

Por eso hoy no digo adiós.

Hoy no te despedimos, Indio. Porque hay personas que no caben en una despedida.

Tu voz seguirá sonando en una radio de pueblo, en un viejo cassette, en una guitarra compartida entre amigos, en una ruta interminable y en la memoria colectiva de millones de argentinos.
Hoy simplemente te damos la bienvenida a la trascendencia.

Por Carlos Lucentti

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