Hay regresos que apuestan a la nostalgia. Y hay otros que prefieren volver para dialogar con el presente. Yámana Live Session, el nuevo álbum de Yámana, pertenece a esta segunda categoría.
Con ocho canciones grabadas en formato live session, el grupo retoma algunos de los elementos que definieron su identidad desde sus comienzos —el folklore argentino, la canción romántica y la fusión de géneros— pero los proyecta hacia una sonoridad contemporánea donde conviven charangos, guitarras y percusiones tradicionales con sintetizadores, loops y recursos electrónicos.
El resultado es una propuesta que evita los compartimentos estancos. Ni folklore tradicional ni pop convencional, Yámana construye un territorio propio donde la raíz dialoga naturalmente con las nuevas formas de producción y escucha.
El repertorio refleja esa búsqueda. Conviven clásicos del cancionero popular como Luna Cautiva, La Compañera y Nada tengo de ti con composiciones inéditas y nuevas versiones de canciones que forman parte de la historia del grupo, entre ellas Para volar, Matame y Ven a bailar.
Más que un simple repaso de su trayectoria, el disco funciona como una reafirmación de identidad. Después de un recorrido que los llevó por escenarios de todo el país y de trabajar bajo sellos internacionales, la banda liderada por Federico Azurmendi vuelve a poner en primer plano aquello que siempre distinguió su propuesta: la capacidad de tender puentes entre tradición y actualidad.
En tiempos donde las etiquetas musicales parecen cada vez más difusas, Yámana Live Session encuentra su fortaleza precisamente en esa libertad. En la posibilidad de abrazar el folklore sin encerrarse en él y de dialogar con las estéticas contemporáneas sin perder identidad.
Porque si algo demuestra este trabajo, es que las raíces también pueden seguir creciendo.
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