Por Federico «Poni» Rossi
Hay artistas que presentan discos. Y hay artistas que aprovechan cada disco para volver a pensar el mundo.
Liliana Herrero pertenece a esa segunda categoría. Su obra nunca fue una sucesión de canciones sino una búsqueda permanente. Una forma de interrogar la tradición, de cuestionar las certezas y de encontrar nuevos sentidos en repertorios que parecían ya establecidos.
Este sábado 13 de junio llegará a la Sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino de La Plata para presentar Fuera de lugar, un trabajo que marca su regreso al estudio después de seis años y que reúne canciones de Atahualpa Yupanqui, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Raúl Carnota, Teresa Parodi, Edgardo Cardozo y el cantautor uruguayo Mocchi, entre otros autores.
Sin embargo, el título del álbum puede inducir a una interpretación equivocada.
“Parece que yo me retirara o que desertara de este mundo y de esta Argentina tan adversa. Pero no es así”, explica Herrero.
Y enseguida aclara el sentido profundo de la obra:
“Fuera de lugar, en este caso, significa fundar otro lugar. Me parece muy importante la actitud de construir comunidad, de juntarnos, de hablar, de debatir y de actuar con voluntades transformadoras”.
La idea atraviesa todo el disco y también buena parte de su pensamiento artístico.
Desde hace décadas, Liliana trabaja sobre una pregunta que sigue guiando sus decisiones estéticas: qué hacer con aquello que ya fue hecho.
“Yo lo que hago es reescribir lo que ya ha sido escrito. La pregunta en todos mis discos es qué hago con lo que ya está hecho. No para mejorarlo ni para reemplazarlo, sino para ponerlo en otro lugar”.
Ese gesto aparece en cada una de las canciones elegidas para Fuera de lugar.
Desde la intensidad poética de “Chipi Chipi”, de Charly García, hasta la delicadeza de “Asilo en tu corazón”, de Spinetta, pasando por los temas de Mocchi o la firme interpretación de “El alazán”, de Atahualpa Yupanqui.

“A García siempre me interesó mucho. La poesía de ‘Chipi Chipi’ es muy hermosa y muy conmocionante”, señala.
Sobre Yupanqui, en cambio, buscó una lectura particular.
“Quería cantar ‘El alazán’ de una manera firme. No con melancolía ni como una queja. Muy firme”.
Horacio González, una presencia permanente
Uno de los momentos más emotivos del disco llega en su tramo final, cuando aparece la voz de Horacio González.
El intelectual, escritor y exdirector de la Biblioteca Nacional fue compañero de vida de Liliana durante décadas y continúa ocupando un lugar central en su universo afectivo y político.
“Lo recuerdo diariamente. Leo y releo su obra. Tengo sus libros, sus palabras, su compañía. Sigue estando muy presente”.
El fragmento incluido en el disco corresponde al discurso de despedida que González pronunció el 9 de diciembre de 2015 al dejar la dirección de la Biblioteca Nacional.
Liliana eligió especialmente un pasaje dedicado a la idea de comunidad.
“No como una forma obligatoria de convivencia, sino como un acto de libertad”, recuerda.
“Esa idea me gusta muchísimo. Como el disco tenía esa intención, me pareció que al final tenía que estar la palabra de Horacio”.
La comunidad como resistencia

A lo largo de la conversación aparece una palabra que se repite una y otra vez: comunidad.
No como consigna, sino como necesidad.
Quizás por eso Liliana valora especialmente el encuentro presencial con el público.
La presentación en la Sala Piazzolla tendrá una primera parte dedicada íntegramente a Fuera de lugar, respetando incluso el orden original de las canciones.
“Para mí es importante que el disco se escuche entero, tal como fue editado”.
Luego llegará una segunda parte más abierta, donde convivirán otros repertorios y los pedidos del público.
En tiempos difíciles para la cultura, la artista reconoce las dificultades económicas que atraviesa gran parte de la sociedad, pero insiste en la importancia de encontrarse.
“Espero que la gente de La Plata pueda acompañarnos. Sé perfectamente que está muy difícil pagar una entrada, pero me gustaría mucho que tuviéramos un acto de comunidad y de encuentro. Es algo muy necesario en estos momentos”.
La misma idea apareció recientemente en la despedida pública de una figura tan distinta como cercana a su sensibilidad cultural: el Indio Solari.
“Sentí que ahí ocurría algo maravilloso. Se concretaba un acto comunitario conmovedor. Había tristeza y alegría al mismo tiempo, pero también una enorme capacidad de encuentro”.
Quizás allí resida una de las claves para entender Fuera de lugar.
No se trata de abandonar un sitio.
Se trata, como dice Liliana Herrero, de construir otro.
Un lugar donde la música siga siendo una herramienta para pensar, discutir, emocionarse y encontrarse con otros.
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