Memoria Viva Por Silvia Majul
La historia de la agrupación argentina La Surca se consolidó bajo un bautismo de fuego excepcional: la audacia de su líder, Fernando Rabih, al dejar un cassette en el buzón de León Gieco, quien se transformó en el padrino absoluto de un proyecto destinado a quebrar moldes.
El nacimiento de un camino: del padrinazgo local a la herencia rioplatense
Con una propuesta musical que respira la herencia ibérica de Joan Manuel Serrat y se nutre del tango, el candombe y la murga, el trío acústico completado por Federico Mizrahi y Horacio Burgos construyó una sólida identidad poética. Esta fusión de canciones de autor con arreglos de alta costura quedó registrada en álbumes clave como Solos en Madrid (2001) y Otra sangre (2008), llevando la palabra escrita y las melodías urbanas a escenarios de prestigio teatral y cinematográfico internacional.
La consagración en el Luna Park: el puente con la trova cubana
El punto de inflexión definitivo y su consagración ante el público argentino ocurrió al ganarse un lugar privilegiado en las giras del legendario trovador cubano Silvio Rodríguez. Convocados formalmente como invitados y teloneros oficiales en sus multitudinarios conciertos en el mítico estadio Luna Park de Buenos Aires, los músicos de La Surca defendieron con solvencia sus composiciones propias —como las celebradas en el repertorio de Conjuro de medianoche— ante miles de espectadores.
Este encuentro no solo validó la calidad artística del ensamble liderado por Rabih, sino que los unió espiritualmente con la espina dorsal de la gran trova latinoamericana, consolidando su obra dentro de la canción popular rioplatense.
El lazo de la chaya y el doble adiós: los golpes que marcaron el alma
Más allá de los escenarios masivos, el universo creativo de Fernando Rabih estuvo profundamente dictado por un lazo filial entrañable: el prócer de la música riojana, Ramón Navarro, lo adoptó espiritualmente como su hijo del corazón. Esta hermandad unió la poética urbana con el latido ancestral de la zamba y la chaya, inmortalizada en el cruce de sus voces.
Sin embargo, el destino golpeó al cantautor de forma devastadora: en un lapso menor a un año, sufrió la dolorosa pérdida física de Ramón Navarro y el prematuro fallecimiento de su hermano, Fabián.
Lejos de apagar su voz, este proceso de duelos sucesivos reconfiguró su sensibilidad como terapeuta, músico y escritor, transformando la ausencia de dos pilares fundamentales en un motor de resiliencia y madurez poética que signó toda su obra.
Hoy, la partida de Fernando Rabih deja un vacío inmenso entre quienes compartieron su camino artístico y humano. Pero también deja una obra, una ética y una forma de entender la canción como territorio de encuentro.
Hasta siempre, Fer. Nunca te olvidaremos.
Deja un comentario