El 9 de Julio y el folklore: cuando la patria echó raíces en el interior

La Revolución de Mayo comenzó en Buenos Aires. Allí se encendió la chispa que inició el camino hacia la libertad. Pero la Independencia se declaró en Tucumán, en el corazón del interior argentino.

No es un dato menor. Es una señal profunda de nuestra historia.

La patria naciente comprendió que el futuro de las Provincias Unidas no podía construirse desde una sola ciudad. La voz de las provincias debía ser escuchada. Por eso, los representantes de distintos rincones del territorio llegaron a Tucumán para tomar una decisión que cambiaría para siempre el destino de estas tierras.

Y es justamente en ese interior donde encontramos una de las raíces más profundas de nuestra identidad cultural.

Porque el folklore nace donde la vida se transmite de generación en generación. Nace donde la palabra de los mayores se convierte en enseñanza. Donde las costumbres se heredan. Donde la tierra se trabaja, se siembra y se cosecha. Donde la comunidad conserva la memoria de sus antepasados.

Aunque en 1816 todavía no existía la palabra folklore, ya existía el espíritu folklórico. Ya había canciones que viajaban de boca en boca. Ya había danzas que reunían a las familias. Ya había relatos, creencias, saberes populares y tradiciones que formaban parte de la vida cotidiana.

En las postas, en los patios de los ranchos, en las pulperías y en los campamentos de los ejércitos patriotas se compartían cielitos, coplas y danzas criollas. Allí comenzaba a gestarse una identidad —como la del gaucho, fruto del encuentro entre las culturas originarias, la africana y la europea— que, con el tiempo, sería reconocida como folklore argentino.

Por eso resulta simbólico que la Independencia haya sido declarada en Tucumán. Porque el interior no solamente aportó hombres y mujeres para la causa libertadora. También aportó su cultura, su manera de entender la vida y su profundo sentido de pertenencia.

El interior fue el suelo fértil donde la patria echó raíces.

Y, como ocurre con los árboles más fuertes, las raíces no siempre se ven, pero son las que sostienen todo lo demás.

El folklore argentino es una de esas raíces. Una raíz que conserva la memoria de los pueblos, transmite valores, mantiene viva la identidad y nos recuerda de dónde venimos.

Por eso, cada 9 de Julio, además de celebrar la Independencia política conquistada por nuestros próceres, celebramos también la riqueza cultural de nuestra tierra adentro. Esa tierra donde germinaron las tradiciones que todavía hoy nos identifican como argentinos.

La Revolución pudo haber comenzado en Buenos Aires, pero la patria encontró una de sus expresiones más profundas en el interior. Allí donde se siembra, donde se echan raíces y donde crece, generación tras generación, el árbol inmenso del folklore argentino.

Por Carlos Lucentti.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑