Por Federico «Poni» Rossi
Cada 12 de julio, Argentina conmemora el Día Nacional de la Medicina Social en homenaje al nacimiento del Dr. René Favaloro. Su legado como médico, docente y humanista trascendió los hospitales para instalarse también en la memoria de la música popular, donde compositores de distintas regiones le dedicaron canciones que mantienen viva su figura.
Hablar de René Favaloro es hablar de uno de los médicos más importantes de la historia argentina. Creador de la técnica del bypass coronario, maestro de generaciones de profesionales y defensor incansable de la salud pública, su nombre se convirtió en sinónimo de ética, compromiso y solidaridad.
Pero también es hablar de un hombre profundamente ligado a la cultura. Amigo de artistas como Luis Landriscina, admirador de las expresiones populares y creador de una institución que abrió sus puertas a todos sin distinción, Favaloro dejó una huella que fue recogida por el cancionero argentino.
Cada 12 de julio, fecha de su nacimiento en 1923, se celebra el Día Nacional de la Medicina Social, instituido por la Ley 25.598 en reconocimiento a un profesional que entendió que la medicina debía estar siempre al servicio de la comunidad.
Un médico que nunca dejó de mirar al pueblo
Antes de convertirse en una referencia mundial de la cirugía cardiovascular, René Favaloro pasó más de una década ejerciendo como médico rural en Jacinto Aráuz, un pequeño pueblo de La Pampa.
Aquella experiencia marcaría para siempre su manera de entender la profesión. Para Favaloro, la medicina no se limitaba al diagnóstico o al quirófano: implicaba educar, prevenir, acompañar y garantizar que todas las personas pudieran acceder a la salud sin importar su condición económica.
Esa mirada lo acompañó durante toda su vida. Incluso después de revolucionar la cirugía cardíaca y fundar una de las instituciones médicas más prestigiosas de América Latina, jamás dejó de reclamar por una salud pública fuerte, equitativa y accesible.
Su vínculo con el mundo artístico también fue estrecho. Mantuvo una profunda amistad con Luis Landriscina, quien siempre destacó su sencillez y calidad humana. En uno de esos encuentros, compartido además con el padre Mamerto Menapace, Eduardo Falú interpretó frente al propio Favaloro la canción El agradecido, escrita especialmente para él.

La Fundación Favaloro también fue refugio para numerosas figuras de la cultura. Entre ellas estuvo Tita Merello, quien pasó allí los últimos años de su vida recibiendo atención y afecto, reflejando el espíritu humanista con el que la institución fue concebida.
«El agradecido»: cuando Eduardo Falú le cantó a quien le salvó la vida

Entre todas las canciones dedicadas a René Favaloro, «El agradecido» ocupa un lugar único. No nació de la admiración a la distancia ni de un homenaje póstumo, sino de una experiencia profundamente personal.
El gran guitarrista y compositor salteño Eduardo Falú debió ser intervenido por una grave afección cardíaca. El médico encargado de la operación fue René Favaloro.
Después de recuperarse, Falú sintió la necesidad de agradecerle del modo que mejor sabía hacerlo: escribiendo una canción.
Así nació «El agradecido», un bailecito con música de Eduardo Falú y letra del poeta Hugo Ovalle, convertido con el tiempo en una de las obras más conmovedoras del folklore argentino.
Desde el comienzo, la letra transforma el acto quirúrgico en una poderosa imagen poética:
«Sacando pecho la muerte
a mi corazón llamó,
pero un amigo del alma
de mi pecho la sacó.»
La operación deja de ser un procedimiento médico para convertirse en un relato sobre la vida venciendo a la muerte gracias al conocimiento, la generosidad y la vocación de servicio.
Uno de los momentos más profundos de la obra llega con estos versos:
«Respirando por los poros
ciencia pura y pura fe,
sueña René Favaloro
un país que nunca fue.»
Allí aparece el científico brillante, pero también el hombre que soñaba con una Argentina más justa, donde la salud fuera un derecho y no un privilegio.
El bailecito concluye con una imagen que resume el sentido de toda la composición:
«Bailecito agradecido
pa’ un hombre trabajador
que entre el dolor de la gente
llora la ausencia de amor.»
No hay héroes inalcanzables. Falú elige retratar a un trabajador de la salud que nunca perdió la sensibilidad frente al sufrimiento ajeno.
Años más tarde, al interpretar la canción delante del propio Favaloro, Eduardo Falú explicó su origen con palabras que todavía emocionan:
«En nombre de tanta gente… tuve el auxilio, la solicitud, la generosidad y el humanismo del doctor Favaloro… Todo lo que pasamos por las manos de él tenemos ese agradecimiento.»
Más que una canción, «El agradecido» terminó convirtiéndose en la voz de miles de pacientes que encontraron en René Favaloro no solo a un extraordinario cirujano, sino también a un hombre profundamente humano.
«A René Favaloro»: la zamba que interpela a todo un país
Si El agradecido nace desde la gratitud, la zamba «A René Favaloro», compuesta por Mario Álvarez Quiroga y Miguel Ángel Morelli, surge desde el dolor y la reflexión colectiva.
Publicada en 2007 dentro del álbum Romance del Amor Oscuro, la obra evita el homenaje solemne para plantear una incómoda pregunta sobre las responsabilidades compartidas en torno al destino del médico platense.
Su estrofa más conocida es también una de las más duras del cancionero argentino:
«No te mató el revólver, Favaloro,
te matamos nosotros, tus hermanos;
fue nuestra indiferencia de mediocres
la que te puso el arma entre las manos.»
La zamba desplaza el eje desde la tragedia individual hacia una autocrítica social. No acusa únicamente a la dirigencia política o a un sistema determinado, sino que interpela a toda la sociedad por haber permitido que uno de sus hombres más íntegros terminara sintiéndose solo.
La letra también recurre a una poderosa metáfora al definir a Favaloro como «un Quijote sin peto ni armamento», un hombre dispuesto a enfrentar las injusticias con las únicas armas de la ética, la ciencia y la solidaridad.
En sus versos aparecen, además, las preocupaciones que marcaron los últimos años del médico: la defensa de la salud pública, la protección de los sectores más vulnerables y el sueño de construir un país donde nadie quedara excluido.
Más de dos décadas después de su muerte, la zamba mantiene intacta su vigencia y continúa invitando a reflexionar sobre el legado que Favaloro dejó a la Argentina.
Otras canciones para un legado inmenso
La figura de René Favaloro inspiró numerosas composiciones en distintos rincones del país.
Entre ellas se encuentran «Favaloro», de Carlos Sferra; «El adiós a René Favaloro», de José Martínez y Los Andariegos del Litoral; «Se fue el Doctor Favaloro», de Susana Repetto; «Décimas a Don René Favaloro», de Karen Arranz; y «Los lloradera de Traigan Có (A René Favaloro)», de Héctor Esteban País.
Cada una, desde su propio lenguaje musical y territorial, aporta una mirada distinta sobre el hombre que transformó la medicina argentina y cuya figura continúa inspirando a nuevas generaciones.
La salud pública también tiene quien le cante
Aunque no está dedicada a René Favaloro, la reciente «Milonga del hospital», del cantautor cordobés José Luis Aguirre, dialoga profundamente con su pensamiento.
La obra pone en el centro al hospital público como un espacio de encuentro, de cuidado y de dignidad. En tiempos donde el debate sobre la salud pública vuelve a ocupar un lugar central, la canción recupera la dimensión humana del sistema sanitario y reivindica a quienes lo sostienen cada día.
No habla de Favaloro, pero habla de las mismas convicciones que guiaron toda su vida.
La memoria también se canta
El folklore argentino ha sabido convertir en canción a quienes dejaron una huella profunda en la historia del país. Como ocurrió con Esteban Laureano Maradona, también René Favaloro encontró un lugar en el cancionero popular.
No es casual.
La música popular conserva la memoria de quienes hicieron del servicio, la solidaridad y el compromiso una forma de vivir. Y mientras sigan sonando guitarras que recuerden su nombre, René Favaloro seguirá siendo mucho más que un médico extraordinario: será una de las voces más vivas de la conciencia ética de la Argentina.
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