Nelly Omar, presente en las voces de las Cantoras Criollas

El viernes 11 de septiembre, la Sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino de La Plata fue escenario de la presentación del Día de la Cantora Criolla y del primer Festival Provincial de la Cantora Criolla, una iniciativa impulsada por Las Cumparsitas y convertida en ley bonaerense a partir del trabajo de la diputada Viviana Guzzo. La jornada tuvo como eje un homenaje a Nelly Omar y reunió a generaciones de cantoras, payadores y músicas que compartieron recuerdos personales y volvieron a cantar las canciones de una mujer que hizo de la voz, la identidad y la memoria una forma de resistencia. La primera edición del Festival se realizó el sábado 12 de septiembre en Plaza Malvinas, de la ciudad de La Plata.

Hay homenajes que se construyen desde las palabras. Otros, desde las canciones. Y hay algunos que consiguen algo más difícil: hacer que una ausencia se vuelva presencia.

Eso ocurrió el viernes en la Sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino, donde se presentó el Día de la Cantora Criolla y el primer Festival Provincial de la Cantora Criolla, en un encuentro dedicado a la memoria de Nelly Omar.

La jornada reunió a cantoras de distintas generaciones y procedencias, payadores, músicas y representantes de la cultura popular. Pero, sobre todo, reunió historias. Anécdotas de encuentros, de primeras escuchas, de consejos, de escenarios compartidos y de vínculos que fueron mucho más allá de la música.

Marian Farías Gómez, Perla Argentina Aguirre, Ángela Irene, Adelina Villanueva, Nelly Saporiti, Silvia Sab, Sandra Tévez, Lucía Ceresani, Irupé Tarragó Ros, María Eugenia Díaz y Carla Nieto fueron algunas de las voces que dieron forma al homenaje. Todas interpretaron canciones que habían sido parte del repertorio de Nelly Omar.

El resultado fue una suerte de retrato colectivo. Nelly no estuvo solamente en las canciones: estuvo en la memoria de quienes la escucharon, la conocieron, recibieron alguna de sus palabras o encontraron en ella una referencia para construir su propia manera de cantar.

Una ley nacida de una idea y de la memoria

Carla Nieto y María Eugenia Díaz, integrantes de Las Cumparsitas, fueron las presentadoras del encuentro. También fueron protagonistas de una historia que comenzó durante la pandemia, cuando el grupo empezó a reunirse y a trabajar, entre otras cuestiones, sobre la posibilidad de establecer un Día de la Cantora Criolla.

María Eugenia recordó especialmente a Perla Argentina Aguirre y Marta Suint, quienes participaron desde el comienzo de la comisión de investigación.

El primer planteo fue que la fecha no debía estar relacionada con el fallecimiento de una cantora, sino con su nacimiento. Y así se decidió tomar el natalicio de Nelly Omar como fecha para celebrar a las cantoras criollas.

La iniciativa encontró en la diputada bonaerense Viviana Guzzo una impulsora fundamental para convertir aquel deseo en una ley.

“Pareciera que tendría que ser una ley fácil, ¿verdad?”, recordó Guzzo durante la presentación. “Nos costó, pero lo logramos”.

La diputada también recordó el encuentro inicial con María Eugenia y el trabajo conjunto que permitió darle forma institucional a una propuesta que buscaba, al mismo tiempo, homenajear a Nelly Omar y reconocer el lugar de las cantoras criollas dentro de la cultura bonaerense.

El contrapunto inicial de Marta Suint y José Curbelo abrió la jornada poniendo en diálogo la tradición de la payada con la figura de Nelly y con la historia de las mujeres que hicieron del canto criollo una forma de expresión, identidad y pertenencia.

“Nelly no cantaba las melodías y las letras porque sí”

Marian Farías Gómez fue una de las primeras en ponerle palabras a esa relación íntima que muchas artistas construyeron con Nelly Omar.

Su historia comenzó cuando tenía apenas diez u once años. En su casa se escuchaba música de todo tipo. Su padre era pianista y su madre, poeta y cantante. Un día, mientras sonaba la radio, escuchó una voz que la detuvo.

“Mamá, qué linda voz, qué mujer”, le dijo.

La respuesta fue sencilla: era Nelly Omar.

Para Marian, aquella voz significó un descubrimiento. Desde entonces se convirtió en admiradora de una cantante que, según explicó, tenía una manera particular de interpretar las canciones.

“Nelly no cantaba las melodías y las letras porque sí. Nos contaba lo que cada palabra significaba”.

Muchos años después, cuando Marian ya era una artista reconocida, se produjo el encuentro que había imaginado tantas veces. Fue en una oficina del Banco Provincia. La vio y quedó paralizada.

“No me animaba a ir a saludarla, me daba vergüenza”, recordó.

Finalmente se acercó.

El encuentro volvió a repetirse tiempo después en un restaurante de Buenos Aires. Allí Nelly le hizo una pregunta que Marian todavía recuerda: le habían ofrecido hacer un espectáculo en el Luna Park y quería saber qué opinaba.

“¿A vos te parece que yo tengo que hacer el Luna Park?”, le preguntó.

La respuesta de Marian fue inmediata: sí.

Nelly finalmente hizo aquel espectáculo y volvió a presentarse posteriormente.

Para Farías Gómez, aquella relación terminó siendo mucho más profunda que la admiración por una cantante.

“Yo pienso en ella y la siento dentro mío, como si fuera familia”, expresó.

Antes de interpretar “Caserón de tejas”, de Homero Expósito, acompañada por Roberto Calvo en guitarra, dejó una reflexión que resume buena parte del espíritu de la jornada: Nelly Omar le había enseñado que cantar no consiste solamente en reproducir una melodía, sino en decir cada palabra y hacer que cada palabra tenga sentido.

La memoria también tiene una voz familiar

Nelly Saporiti llegó al escenario cargando una memoria todavía más cercana: la familiar.

Comenzó contando una anécdota conocida pero que, como ella misma señaló, “está bueno cortarla otra vez”.

El verdadero nombre de Nelly Omar era Edith Elvira. No le gustaba su nombre y le preguntó a su hermana Nélida si podía quedarse con el suyo: Nelly.

Nélida aceptó.

Años después, cuando Nélida comenzó a cantar, se encontró con un problema inesperado: había cedido su nombre artístico.

Terminó adoptando otro nombre de la familia: Hilda.

La historia, contada con humor por Saporiti, fue también la puerta de entrada a algo mucho más profundo. En su casa la música criolla no era algo ajeno. Era parte de la vida cotidiana. Su madre, su tía Gori y sus tíos Carlos y Domingo Batuone, ambos payadores, formaban parte de ese universo.

“En mi casa se escuchaba esta música, y yo no me daba cuenta de lo que estaba escuchando. Para mí era natural”.

Con el tiempo comprendió la tradición de la que provenía.

Y comprendió también la dimensión de su tía.

“Como ella lo hacía, no lo hacía nadie”, dijo.

Por eso, seguir sus pasos no era una tarea sencilla. Pero hay algo que sí puede heredarse: la memoria.

“Yo siento que llevo toda esa memoria, la llevo acá, en la garganta y en el corazón”.

Saporiti dejó entonces una definición que atravesó toda la jornada:

“Hoy se dice que hay que ir a lo nuevo, que hay que dejar lo que pasó. Yo pienso que el futuro está cargado de memoria y que la peor traición es la traición del olvido”.

Después cantó “Parece mentira”, de Francisco Canaro y Homero Manzi.

Una guitarrista, unas cartas y una tarde con Nelly

La historia de Perla Argentina Aguirre tiene otro hilo de continuidad: su padre, Arsenio Aguirre, había sido guitarrista de Nelly Omar.

Perla contó que durante mucho tiempo no había conocido personalmente a Nelly. Una noche asistió a un homenaje en una tanguería porteña. El lugar estaba completamente lleno y no consiguió entrar.

Escuchó todo el recital desde el umbral.

Al finalizar, se entregaron diplomas para que los asistentes los firmaran. Perla escribió su nombre y agregó, entre paréntesis: “Soy hija de Arsenio, su guitarrista”.

Pasó aproximadamente un mes.

Entonces sonó el teléfono de su casa.

“Soy Nelly Omar”.

La llamada parecía increíble. Nelly le explicó que conocía su trabajo y que sentía un enorme respeto por su padre. Pero tenía algo más para decirle.

Nelly no tenía hijos y quería que Perla fuera la depositaria de las cartas que Arsenio le había escrito y de las fotografías en las que aparecían juntos.

“¿A dónde van a ir a parar las fotos mías con su papá acompañándome? Creo que usted las tiene que tener”, le dijo.

Finalmente se encontraron en la casa de Nelly.

Pasaron una tarde entera conversando.

“Horas pasamos. Horas. Yo perdí la noción del tiempo”.

Nelly le contó parte de su historia, sus luchas y los años de prohibición y silencio que había atravesado. También le dio consejos que Perla reconoce que, lamentablemente, no siempre escuchó.

Nunca consiguieron aquella fotografía que habían quedado en sacarse juntas. Pero quedaron las cartas.

Y quedó el recuerdo.

Incluso un detalle descubierto después la sorprendió: en las cartas, su padre tuteaba a Nelly. Algo que, según Perla, no había hecho jamás con otras personas de la familia.

Antes de cantar “Tu vuelta”, una milonga de Alberto Hilarión Acuña y Aníbal González Casalla que había aprendido de su madre, Perla dejó flotando esa historia que une dos generaciones de músicos y que, de alguna manera, vuelve a poner a Nelly en el presente.

Desde la radio, desde la infancia, desde el territorio

Para Ángela Irene, el vínculo con Nelly nació también desde la radio.

Pampeana, hija de una madre porteña y una abuela mendocina, recordó aquellas tardes en las que escuchaba cantar a Nelly Omar, a las hermanas Berón y a otras figuras de la música criolla.

“Cuando aparecía, yo subía el volumen”.

Aunque su recorrido artístico estuvo principalmente ligado al folklore y no al tango, encontró en Nelly una referencia que trascendía los géneros.

“Me parece una mujer tan entera, tan para admirarla, tan para sentir qué lindo sería hacer como ella”.

Luego interpretó “Huella de ida y vuelta”.

Adelina Villanueva también habló desde esa experiencia territorial. Desde el norte argentino escuchaba a Nelly cantar aquello que parecía venir desde otro paisaje: las cosas de la pampa, pero también un “abrazo argentino” que llegaba a través de sus canciones.

Para ella, Nelly fue una identidad nacional.

Pero también fue un modelo de vida.

La admiración no estaba solamente puesta en la cantora, sino en la mujer y en sus convicciones, en la firmeza con la que había transitado sus ideales.

Antes de cantar “Zamba de mi esperanza”, Villanueva recordó además a quienes hoy sufren y atraviesan momentos difíciles. Dijo que cantoras y cantores tienen también la responsabilidad de acompañar desde la música.

Y recuperó una frase de Horacio Guarany que parece hecha para una jornada como aquella:

“Si se calla el cantor, calla la vida”.

El público terminó acompañando la zamba con su propia voz.

Una frase que quedó para siempre

Silvia Sab llegó desde Mar del Plata para participar del homenaje. Su encuentro con Nelly fue breve, pero quedó grabado para siempre.

Tenía alrededor de veinte años cuando participó del Festival de Cosquín. Después de cantar, mientras se retiraba, comenzó a levantarse el telón.

Allí estaba Nelly Omar.

Silvia se quedó escuchándola.

Cuando Nelly terminó su presentación y salió del escenario, se cruzaron.

“Cantó muy bien, señorita. Muy lindo canta”.

Una frase breve.

Una frase que, sin embargo, Silvia conservó durante décadas.

“Fue suficiente para mí esa pequeña palabra de ella”, recordó.

Antes de interpretar “Después”, de Homero Manzi, explicó que aquella canción también podía leerse desde la historia de las distancias amorosas entre Nelly Omar y el poeta.

La primera milonga

Lucía Ceresani nunca necesitó encontrarse personalmente con Nelly para que su voz formara parte de su propia historia.

La primera milonga que cantó llegó a través de su padre.

Era muy chica cuando él le acercó un casete.

“Escuchá, a ver si te gusta”.

No conocía ni la milonga ni a la cantora.

La voz era la de Nelly Omar y la canción, “Tu vuelta”.

Lucía quedó enamorada de ambas.

Aquella primera milonga la acompaña desde hace treinta años.

“Fue esa primera milonga que me acompañó hasta el día de hoy”.

Esta vez eligió interpretar “Por la huella”, otra canción vinculada al repertorio de Nelly, acompañada por su hermano Javier Ceresani.

La escena volvía a repetirse: una canción transmitida de una generación a otra, de un padre a una hija, de una cantora a otra.

Nelly también vive en las canciones

Durante la jornada también cantaron María Eugenia Díaz, quien interpretó “Barrio pobre”, de García Giménez y Belvedere; Carla Nieto, que eligió “Desde el alma”; Irupé Tarragó Ros, que interpretó “Sur”; y Sandra Tévez, quien llevó al escenario “Tarde”, de José Canet.

Cada interpretación funcionó como una nueva forma de traer a Nelly al presente.

No se trató de reproducir una voz imposible de repetir. Se trató, más bien, de reconocer aquello que cada una recibió de ella y devolverlo transformado en canto.

Porque el legado de una cantora no permanece únicamente en sus grabaciones. También sobrevive en las voces que aprendieron escuchándola.

Una celebración que mira hacia adelante

Durante el encuentro también hubo lugar para las instituciones que acompañaron la iniciativa. Ana Negrete, secretaria de Cultura de la Municipalidad de La Plata, participó de la jornada y destacó el valor de la memoria y de las voces como parte de la identidad bonaerense.

“Son parte del ADN bonaerense y son parte de lo que tenemos en nuestro corazón, y además en nuestro futuro y nuestra esperanza”, expresó.

También se agradeció el acompañamiento de la Dirección de Cultura de La Plata, el Instituto Cultural de la Provincia y la Municipalidad de La Plata.

La presentación no terminó, sin embargo, en el Teatro Argentino.

El primer Festival Provincial de la Cantora Criolla continúa su camino y tiene prevista una jornada en Plaza Malvinas, donde las cantoras volverán a encontrarse con el público.

Y quizás allí esté la verdadera dimensión de esta nueva celebración.

El Día de la Cantora Criolla no nace solamente para mirar hacia atrás. Nace para reconocer una tradición que continúa viva y que tiene nuevas voces, nuevos escenarios y nuevas generaciones dispuestas a recoger la memoria y ponerla nuevamente en circulación.

“La peor traición es la traición del olvido”

El cierre de la presentación tuvo una imagen que condensó todo lo sucedido durante la jornada.

Roberto Calvo, guitarrista que acompañó a las cantoras durante toda la presentación, volvió a tomar su instrumento. La pianista, cantante y compositora Laura Colangelo se sumó al escenario.

Entonces fueron invitadas a subir todas las Cumparsitas presentes.

Juntas interpretaron “La Pulpera de Santa Lucía”, de Enrique Maciel y Héctor Pedro Blomberg.

Muchas voces.

Una misma canción.

Una memoria compartida.

Nelly Omar no estaba allí físicamente. Pero estaba en cada historia: en la niña que subió el volumen de la radio, en la artista que recibió una palabra después de cantar, en las cartas guardadas durante décadas, en la hija que heredó una tradición familiar, en aquella cantora que descubrió cómo decir cada palabra y en quienes siguen aprendiendo sus canciones.

El homenaje terminó cantando.

Y quizás esa sea la mejor manera de recordar a Nelly Omar.

No solamente nombrándola.

Cantándola.

Por Federico «Poni» Rossi

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