Cada 15 de septiembre, Paraguay celebra el Día de la Polca Paraguaya. La fecha fue establecida en 2011 para homenajear a Emiliano R. Fernández y Luis Alberto del Paraná, dos figuras fundamentales de la música popular del país. Pero la historia de la polca comienza mucho antes: entre músicas europeas, tradiciones locales, poesía en guaraní y una forma particular de entender el ritmo.
Hay algo curioso en la historia de la polca paraguaya: su nombre llegó desde Europa, pero la música terminó siendo otra cosa.
La polca europea nació en Bohemia y se difundió por los salones europeos y americanos durante el siglo XIX. En Paraguay, la denominación fue adoptada para una música que ya estaba desarrollando características propias. No existe una fecha exacta de nacimiento ni un autor identificado: se trata de un proceso de transformación en el que confluyeron tradiciones musicales europeas, prácticas locales y formas populares de canto y danza.
Una referencia fundamental aparece el 27 de noviembre de 1858, cuando el periódico El Semanario mencionó que el pueblo había bailado “sus cuadrillas, sus polcas y mazurcas”. Si esa referencia corresponde a la polca paraguaya —como sostienen estudios musicológicos paraguayos—, el género ya tenía presencia propia en el país antes de la Guerra de la Triple Alianza.
¿Qué es una polca paraguaya?
La polca paraguaya es música y también danza. Se interpreta tradicionalmente con arpa y guitarra, aunque también puede incorporar violín, flauta, contrabajo, bandas y otros instrumentos.
Su rasgo más particular está en el ritmo.
A diferencia de la polca europea, la paraguaya combina estructuras binarias y ternarias. La melodía puede avanzar en dos tiempos mientras el acompañamiento mantiene una base ternaria, generando un desplazamiento constante de los acentos. Es lo que la musicología paraguaya denomina “sincopado paraguayo”, una de las características que permiten reconocer el género.
Sobre esa base aparecieron distintas variantes: polca kyre’ỹ, de carácter rápido y alegre; polca syryry, más moderada; polca saraki, generalmente rápida e instrumental; polca popó, asociada a una forma particular de bailar; y la polca canción o purahéi, más cercana al canto. También existen expresiones como la polca jahe’o, vinculada con la nostalgia, el desamor y la tristeza, y la galopa, de marcado carácter festivo y rítmico.
Las primeras polcas: música de autor desconocido
Las polcas más antiguas que llegaron hasta nuestros días son, en buena medida, anónimas. Entre ellas aparecen “Campamento Cerro León”, “Alfonso Loma”, “Mamá Kumandá”, “Mamá Chemosẽ”, “Ndarekói la culpa”, “Carreta Guy”, “Che Lucero Aguai’y” y “Guaiguî Pysapê”.
Muchas de estas piezas ya circulaban durante el siglo XIX y algunas adquirieron especial importancia durante la Guerra de la Triple Alianza, entre 1865 y 1870. La música acompañó la vida cotidiana, las celebraciones y también la experiencia de la guerra.
“Campamento Cerro León”, de autor anónimo, se convirtió particularmente en una pieza de fuerte contenido histórico. El lugar había sido establecido en 1864 como campamento militar paraguayo y la canción terminó asociada a esa memoria. En 1944 fue declarada, junto con otras composiciones, canción popular nacional.
Son canciones que permiten entender algo fundamental: antes de convertirse en repertorio de grandes intérpretes, la polca ya funcionaba como una forma de narrar la vida paraguaya.
Emiliano R. Fernández: poesía para cantar

Entre los grandes nombres de la polca paraguaya aparece Emiliano R. Fernández, nacido el 8 de agosto de 1894 en Yvysunu, Guarambaré.
Poeta y compositor popular, escribió miles de versos y convirtió la canción en una herramienta para hablar de la patria, la guerra, el amor, la vida cotidiana y las experiencias del pueblo paraguayo.
Durante la Guerra del Chaco participó como combatiente y también escribió sobre aquella experiencia. Entre sus obras más conocidas están “Che la Reina”, “13 Tuyutí”, “Rojas Silva rekavo”, “Che retãme pyhare”, “1.º de Marzo” y “Tte. Rojas Silva”.
Su escritura tuvo además una característica fundamental para la música paraguaya: la convivencia entre el castellano y el guaraní. La polca canción encontró en esa combinación una de sus formas más poderosas de expresión.
Luis Alberto del Paraná: la polca sale al mundo

Si Emiliano R. Fernández fue una de las grandes voces poéticas del género, Luis Alberto del Paraná fue uno de sus grandes difusores internacionales.
Nacido en Altos el 21 de junio de 1926, desarrolló una carrera que llevó la música paraguaya a escenarios de numerosos países. Primero con distintos conjuntos y luego especialmente con Los Paraguayos, convirtió el repertorio paraguayo en una carta de presentación cultural fuera del país.
Entre las polcas asociadas a su repertorio aparecen “A mi tierra”, “Voy gritando”, “Pa’i Pérez” y “Soy un vagabundo”, canciones que ayudaron a proyectar la música paraguaya mucho más allá de sus fronteras.
Su muerte, el 15 de septiembre de 1974, coincidió con la misma fecha en que había fallecido Emiliano R. Fernández, en 1949. Esa coincidencia fue determinante para que el 15 de septiembre se convirtiera en la fecha oficial de celebración de la polca paraguaya.
Una música de muchos nombres
La historia de la polca no termina en Emiliano ni en Paraná.
Durante el siglo XX, compositores como Mauricio Cardozo Ocampo, Herminio Giménez, Félix Pérez Cardozo, Agustín Barboza, Eladio Martínez, Emigdio Ayala Báez, Florentín Giménez, Neneco Norton y Maneco Galeano, entre muchos otros, ampliaron el repertorio y llevaron el género por diferentes caminos.
También hubo grandes intérpretes y difusores. El arpa y la guitarra se mantuvieron como instrumentos centrales, mientras distintas agrupaciones incorporaron nuevas sonoridades y formatos.
En ese recorrido, la polca paraguaya nunca quedó encerrada en una única forma. Puede ser instrumental o cantada, festiva o nostálgica, rápida o pausada. Puede sonar en una fiesta popular, en una reunión familiar o en un gran escenario.
De música popular a patrimonio cultural

En 2019, la Secretaría Nacional de Cultura declaró a la Polca Paraguaya Patrimonio Nacional Cultural Inmaterial mediante la Resolución N.º 335/2019.
La declaración no se refiere solamente a las composiciones musicales. Incluye los conocimientos, técnicas y saberes relacionados con la música y la danza que se transmiten de generación en generación.
Dos años antes, en 2011, el Congreso paraguayo había establecido por Ley N.º 4366 el 15 de septiembre como Día de la Polca Paraguaya. La elección de la fecha une las trayectorias de Emiliano R. Fernández y Luis Alberto del Paraná, fallecidos ese mismo día con 25 años de diferencia.
Más de un siglo y medio después de aquellas primeras referencias, la polca sigue siendo una de las formas más reconocibles de la música paraguaya.
Su nombre puede haber llegado desde otra parte del mundo. Pero el ritmo, las palabras, las formas de bailar y las historias que terminó contando pertenecen a un proceso profundamente paraguayo.
La polca paraguaya no nació de una única canción ni de un único compositor. Se fue haciendo con el tiempo, hasta encontrar una manera propia de sonar.
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