Cueca chilena: una tradición que cruza fronteras

Cada 17 de septiembre, Chile celebra el Día Nacional de la Cueca, una fecha que se inscribe en la antesala de sus Fiestas Patrias. Pero detrás del pañuelo, el zapateo y el giro existe una historia mucho más amplia: mestizaje, territorios, migraciones, poesía popular y una música que, lejos de permanecer inmóvil, continúa encontrando nuevas formas de decir.

El 17 de septiembre y una danza nacional

La relación entre la cueca y las celebraciones patrias tiene una larga historia, pero su reconocimiento oficial como baile nacional llegó en 1979.

El 18 de septiembre de ese año, el Decreto N.º 23 declaró a la cueca “danza nacional de Chile”. El decreto destacaba su difusión y su significación histórica dentro de las expresiones folclóricas del país.

Con el tiempo, el 17 de septiembre quedó establecido como el Día Nacional de la Cueca, integrado al calendario de celebraciones de las Fiestas Patrias.

La elección de la cueca como símbolo nacional no fue casual. Para entonces, el género ya llevaba más de un siglo formando parte de la vida musical chilena.

¿Qué es la cueca?

La cueca es música, canto y danza. Una pareja se enfrenta y dialoga mediante desplazamientos, giros, acercamientos y retrocesos, mientras el pañuelo acompaña el movimiento.

Musicalmente, se caracteriza por una estructura particular de canto y por el diálogo entre melodía, ritmo y texto. Tradicionalmente aparecen la guitarra, el arpa, el pandero y otros instrumentos, aunque las formaciones varían según la región.

Su historia está vinculada con la zamacueca, expresión que circuló por distintos territorios sudamericanos durante el siglo XIX. Las investigaciones coinciden en esa relación, aunque existen distintas teorías sobre los orígenes más antiguos de la danza y sobre los procesos culturales que confluyeron en su formación.

La zamacueca se expandió desde Perú hacia Chile y otros países. En Chile adquirió características propias y, desde allí, volvió a circular por el continente. En Perú fue conocida durante un período como “chilena” y posteriormente, después de la Guerra del Pacífico, pasó a denominarse marinera. También dejó huellas en Bolivia y Argentina.

La historia de la cueca es, por lo tanto, también una historia de circulación cultural latinoamericana.

De las chinganas a los escenarios

Durante el siglo XIX, las chinganas, ramadas y fondas fueron espacios fundamentales para el desarrollo de la cueca. Allí se reunían músicos, cantoras, bailarines y público, en ámbitos populares donde la música y la danza formaban parte de la sociabilidad cotidiana.

Las mujeres tuvieron un papel central en esos espacios. Las llamadas cantoras interpretaban tonadas y cuecas acompañándose con guitarra o vigüela, mientras también podían administrar las propias chinganas y participar del baile.

Desde esos espacios populares, la cueca fue atravesando distintas clases sociales y territorios hasta convertirse en una de las expresiones musicales más reconocibles de Chile.

Muchas cuecas, un mismo nombre

No existe una única manera de hacer cueca.

En el norte aparecen formas propias, muchas veces instrumentales y acompañadas por bandas de bronces o instrumentos andinos. En Chiloé desarrolló características particulares vinculadas con su territorio. Y en las ciudades del centro del país surgió, durante el siglo XX, una poderosa tradición urbana.

Entre estas variantes se encuentra la cueca brava, desarrollada en ambientes populares de Santiago y otras ciudades. Su repertorio se alejó de la imagen idealizada del mundo rural y comenzó a contar historias de barrios, bares, cantinas, prostíbulos, cárceles, amores y personajes urbanos.

Roberto «Lalo» Parra, el rey de la cueca

Roberto Parra fue una figura fundamental de ese proceso. Sus llamadas “cuecas choras” renovaron los temas y el lenguaje del género, mientras que Los Chileneros, agrupación fundada por Nano Núñez en 1967 junto a Luis Araneda “El Baucha” y Raúl Lizama “El Perico”, se convirtió en uno de los grandes referentes de la cueca brava.

Violeta Parra y una tradición que se expande

La historia de la cueca también es inseparable de Violeta Parra, cuya tarea de recopilación, creación e interpretación contribuyó decisivamente a poner en diálogo las músicas tradicionales con la escena artística contemporánea.

Junto a ella, nombres como Roberto Parra, Eduardo “Lalo” Parra, Los Chileneros, Nano Núñez y Segundo Zamora forman parte de una tradición que durante el siglo XX llevó la cueca por distintos escenarios y formatos.

Hacia fines de ese siglo apareció además otro fenómeno: la cueca volvió a ingresar con fuerza en circuitos juveniles y de rock. La banda Los Tres llevó el género a una audiencia masiva y llegó incluso a los circuitos internacionales de MTV, mostrando que una música tradicional podía dialogar con nuevos lenguajes sin dejar de ser reconocible.

Cruzar las fronteras también es transformar

La cueca nunca respetó demasiado las fronteras políticas.

Su historia está ligada a la circulación entre Chile, Perú, Bolivia y Argentina. Pero también continúa atravesando fronteras culturales: las que separan lo rural de lo urbano, lo tradicional de lo contemporáneo y las formas heredadas de las nuevas experiencias.

Un ejemplo reciente aparece en la obra de Camila Vaccaro, acordeonista, cantora y compositora chilena que trabaja desde la raíz folklórica hacia distintos lenguajes contemporáneos. En 2022, junto a Paulina “Pickúa” Martínez, publicó Rito de ser: muerte y placer, un proyecto de seis cuecas atravesadas por el erotismo, el deseo y la muerte.

Pero hay una canción que permite ver con particular claridad esa transformación: “Si cruzas por mi camino”, compuesta por Vaccaro y grabada por Luciana Jury en su álbum Abrazo (2020). La propia Jury la describió como una “cueca lesbiana”: una canción que conserva la forma y la estética de la cueca para hablar del deseo y del amor entre mujeres.

Luciana Jury, en Cosquín 2026

El ejemplo resulta significativo porque no necesita abandonar la tradición para transformarla. La cueca sigue siendo cueca, pero aquello que puede contar se amplía.

Una tradición que sigue bailando

La historia de la cueca chilena demuestra que el folklore no es una fotografía del pasado.

La misma música que pasó por las chinganas del siglo XIX, que llegó a los salones, que acompañó las celebraciones patrias, que encontró una voz urbana en Roberto Parra y Los Chileneros y que fue reinterpretada por nuevas generaciones continúa cambiando.

El pañuelo sigue girando. El zapateo sigue marcando el suelo. La guitarra y el canto siguen sosteniendo la estructura.

Pero también aparecen nuevas voces, nuevos territorios, nuevas historias y nuevas maneras de habitar una tradición.

**La cueca es chilena, pero su historia pertenece a una América que nunca dejó de cruzar fronteras.**

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