Día del Difusor: una interpelación desde Misiones

En el marco del Día del Difusor del Folklore Misionero —instituido el 29 de abril en homenaje al locutor Ricardo Manuel Odziomek—, la periodista y difusora cultural Laura Cáceres comparte un texto que incomoda, señala y abre preguntas urgentes sobre el rol de los medios, las políticas culturales y los propios actores del campo.

Desde una mirada situada en Misiones pero con resonancia federal, su escritura pone en tensión el presente de la difusión folklórica: las condiciones materiales, la programación de los medios, la fragilidad de los circuitos culturales y el sentido mismo de la tarea de difundir.

A continuación, el texto completo:

Día del Difusor que no difunde

Desde el 29 de abril de 2024 se estableció el Día del Difusor Misionero, en homenaje al recordado locutor y animador Ricardo Manuel Odziomek. Gran maestro de ceremonia de varios escenarios del país, que no necesitaba anotar nada, porque no “lo hacía de oído”, porque esta tarea no es simplemente “presentar temas o mandar saludos”, es mucho más profundo.

Me gratifica haber sido una de las gestoras de este día, de pensar siempre colectivamente, de entender que el valor de lo cultural no es competencia, sino el sembrar. Es darlo todo, aunque solo sea un oyente quien esté acompañándome.

Hoy los difusores no difunden, la parte económica es un factor clave. Porque muchos pagamos los espacios, operadores, locutores. Hoy un espacio radial cuesta más de 200 mil pesos y de streaming ni hablar: 300 mil una vez por semana una hora.

Me tomé el trabajo durante meses de revisar dial por dial y no encontrás música nuestra (vengan de a uno programadores). Hoy nuestra música cumple sólo un rol de sábado y domingo a la mañana (bien temprano, no sea cosa que el patrón se despierte con algún manifiesto sonando en la radio).

Tenemos que seguir explicando que difundir es trabajo no un pasatiempo, que somos el puente para que la gente se entere de las fechas de los cantores o los feriantes, pero nada de eso importa. Cualquiera lo puede hacer (bien o mal, sepa o no).

Después están los que cuidan su kiosquito, foto con los funcionarios de turno y todos contentos, el compromiso cultural de manual y lo real de cotillón barato. Por suerte son pocos esos “colegas”.

Ya no hay casi peñas en Posadas (PEÑAS gente no «lugares de comidas»), mucho menos Festivales (uno al año “del Litoral”, dicen), se suspenden las presentaciones de los shows folclóricos en salas: ¿Casualidades? Déjenme dudar.

Quien escribe solo desea que en este día de reflexión entendamos que se resiste desde el micrófono, desde un escenario, desde la palabra, desde la incomodidad. Seguiremos utópicamente militando, la Patria lo requiere.

“No me puede el olvido vencer
Hoy como ayer siempre llegar”

El texto no busca consenso sino reacción. En un contexto donde la difusión folklórica parece relegada a márgenes horarios, sostenida muchas veces por esfuerzo personal más que por políticas públicas o decisiones editoriales, la voz de Cáceres reabre una discusión necesaria: quiénes difunden, qué se difunde y en qué condiciones.

En esa tensión entre vocación y precariedad, entre militancia cultural y mercado, el Día del Difusor no aparece como celebración sino como punto de inflexión. Una fecha para revisar prácticas, responsabilidades y silencios.

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