La música popular argentina despidió a Carlos Alberto “Pocho” Sosa, uno de los máximos referentes de la canción cuyana y una figura fundamental de la cultura mendocina.
Dueño de una voz inconfundible y de una trayectoria que atravesó más de seis décadas, Pocho Sosa construyó una obra profundamente ligada a la identidad de Cuyo. Su nombre quedó asociado para siempre al repertorio cuyano, a las tonadas, las cuecas y a un modo de cantar que supo expresar el paisaje, la memoria y la sensibilidad de Mendoza.
Nacido en la capital mendocina el 17 de julio de 1943, comenzó su acercamiento a la música siendo muy joven. Tras una enfermedad que lo obligó a permanecer varias semanas en reposo, recibió una guitarra como regalo y comenzó a dar sus primeros pasos interpretando zambas, cuecas y canciones de raíz folklórica. Antes de dedicarse por completo al arte trabajó como empleado bancario, actividad que abandonó para abrazar definitivamente el canto.
Durante la década de 1960 integró diversos conjuntos vocales y en los años setenta formó parte de Canto Trío, agrupación con la que recorrió escenarios de todo el país y obtuvo reconocimiento en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín. A partir de 1982 inició una destacada carrera solista que lo llevó a presentarse en numerosos países y a convertirse en uno de los embajadores culturales más reconocidos de Mendoza.

Su discografía incluye una quincena de álbumes y una extensa participación en grabaciones de artistas argentinos y latinoamericanos. Entre los momentos más destacados de su carrera figura su vínculo con Mercedes Sosa, junto a quien interpretó la emblemática “Otoño en Mendoza”, una de las obras más importantes del cancionero cuyano. La canción, con letra de Jorge Sosa y música de Damián Sánchez, trascendió las fronteras provinciales hasta convertirse en un verdadero himno popular.
A lo largo de los años recibió numerosas distinciones por su aporte a la cultura. Fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Mendoza, reconocido por la Legislatura provincial por sus cincuenta años de trayectoria y distinguido como Embajador Cultural de Mendoza, entre otros homenajes que reflejan el lugar que ocupó dentro de la vida artística cuyana.

Más allá de los premios, el legado de Pocho Sosa permanece en la memoria colectiva de generaciones de mendocinos y amantes del folklore. Su voz ayudó a proyectar la cultura cuyana al resto del país y a mantener viva una tradición musical que encuentra en él a uno de sus intérpretes más representativos.
Con su partida se va un cantor. Queda, sin embargo, una obra que seguirá sonando en las tonadas, en los festivales y en cada rincón donde la música cuyana continúe contando la historia de su pueblo.

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