Taty Almeida y la canción que mantuvo viva la voz de Alejandro

La muerte de Taty Almeida, histórica referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, deja una huella profunda en la lucha por los derechos humanos en Argentina. Pero también vuelve a iluminar una historia menos conocida y profundamente conmovedora: la de los poemas que escribió su hijo Alejandro Almeida antes de ser secuestrado y desaparecido, y que décadas después encontraron una nueva vida en la música de León Gieco.

Alejandro Martín Almeida tenía veinte años. Trabajaba en Télam, cursaba Medicina en la Universidad de Buenos Aires y militaba políticamente. El 17 de junio de 1975 salió de su casa con una frase cotidiana —“esperame, ya vengo”— y nunca regresó. Con el tiempo se supo que había sido víctima de la Triple A, convirtiéndose en uno de los miles de desaparecidos previos al golpe de Estado de 1976.

La búsqueda de Alejandro transformó para siempre la vida de su madre. Taty, proveniente de una familia ligada al ámbito militar, inició un camino que la llevaría a convertirse en una de las voces más respetadas de la lucha por Memoria, Verdad y Justicia.

Poco después de la desaparición de su hijo encontró entre sus pertenencias una agenda. Allí descubrió algo que desconocía: además de su militancia, Alejandro escribía poemas. Eran textos atravesados por el amor, los ideales y una sensibilidad extraordinaria para alguien tan joven. Durante años, Taty conservó aquellos escritos como un tesoro íntimo. Más tarde los reunió en el libro Alejandro, por siempre… amor, publicado en 2008.

Uno de esos poemas terminaría encontrando un destino inesperado. Décadas después, León Gieco le puso música y voz, convirtiéndolo en canción. El texto había sido escrito por Alejandro pocos meses antes de su desaparición y estaba dedicado a su madre. La obra permitió que aquellas palabras, nacidas en la intimidad de una libreta, llegaran a miles de personas.

La historia tiene una potencia singular. No se trata solamente de una canción inspirada en una tragedia. Es la voz de un hijo desaparecido que logra atravesar medio siglo de historia argentina para volver a encontrarse con su madre a través de la música.

Por eso, al recordar a Taty Almeida, también vale la pena volver sobre esa obra. Porque allí conviven el amor entre una madre y un hijo, la memoria de una generación arrasada por el terrorismo de Estado y la capacidad del arte para rescatar aquello que parecía condenado al silencio.

Taty dedicó gran parte de su vida a buscar justicia. La canción nacida de los poemas de Alejandro demuestra que, además de una militante incansable, fue también la guardiana de una memoria que logró sobrevivir al paso del tiempo.

Y quizás esa sea una de las formas más profundas de permanencia: que una madre conserve las palabras de su hijo hasta que el mundo entero pueda escucharlas.

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