Por Federico «Poni» Rossi
La muerte de Taty Almeida dejó un vacío inmenso en la Argentina. Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, militante incansable por la memoria, la verdad y la justicia, su figura trascendió hace tiempo el ámbito de los derechos humanos para convertirse en una referencia ética, política y afectiva para varias generaciones.
Su partida provocó una conmovedora ola de despedidas en todo el país. Y entre las voces que la homenajearon sobresalieron las de numerosos artistas de la música popular, quienes encontraron en Taty no solo a una luchadora ejemplar sino también a una compañera de camino, una presencia constante en festivales, recitales, encuentros culturales y causas colectivas.

Uno de los mensajes más conmovedores fue el de Víctor Heredia, quien eligió despedirla con un poema:
«No encuentro las palabras, te las llevaste todas, amiga inolvidable», escribió el cantautor, en un texto atravesado por el dolor, la amistad y la gratitud.
También Teresa Parodi evocó el vínculo afectivo que los unía y recordó el entusiasmo con que Taty celebraba la música popular.
«Tu coraje, tu amor inclaudicable, tu pasión y ternura serán huella profunda en nuestros corazones», escribió la ex ministra de Cultura, quien además recordó la alegría con la que la referente de Madres bailaba cada vez que escuchaba «Esa musiquita», una de sus canciones más queridas.

Desde otro lugar, pero con idéntica emoción, Liliana Herrero resumió en una frase el sentimiento de muchos argentinos:
«Adiós Taty Almeida, hiciste todo lo que había que hacer».
León Gieco, compañero histórico de innumerables luchas por los derechos humanos, eligió la sencillez:
«Adiós Taty, gracias por enseñarnos a luchar».

La despedida también llegó desde España. El cantautor Ismael Serrano publicó uno de los mensajes más extensos y sentidos.
«No puede ser. No puedes haberte ido. Es imposible. Estás en todos lados. En cada lucha. En cada encrucijada», escribió, para luego afirmar que vivir sin claudicar será la forma de honrar su legado.
La música popular también habló desde lo colectivo.
La Delio Valdez recordó el vínculo construido a lo largo de los años y destacó la humildad, la ternura y la voluntad transformadora que caracterizaron a Taty.
«Siempre con el deseo de aportar a la construcción de un camino que nos fuiste mostrando en cada intervención, discurso e intercambio».

Por su parte, La Chilinga la despidió como una compañera de lucha y compartió un recuerdo cargado de simbolismo: un tambor chilingo que le habían regalado para su cumpleaños.
«Tati siempre fue una compañera de La Chilinga, con corazón de bombo y tambor», señalaron.
También se sumaron las voces de Luciana Jury, Ignacio Copani, Bebe Ponti y Marian Farías Gómez, entre muchos otros artistas que encontraron en ella una referencia indispensable.
Quizás la particularidad de estas despedidas sea que ninguna habla solamente de una dirigente social. Todas hablan de una mujer que supo construir afectos, acompañar luchas y tender puentes entre generaciones.
Por eso la música popular la llora como a una de las suyas.
Porque Taty Almeida no fue artista. No escribió canciones ni grabó discos.
Pero durante décadas ayudó a que la memoria siguiera cantando.
Y por eso su nombre seguirá resonando allí donde un escenario, una marcha o una ronda vuelvan a reunir a quienes creen que la memoria, la verdad y la justicia son también una forma de construir futuro.
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