Un día como hoy, 6 de julio, pero de 1573, Jerónimo Luis de Cabrera fundó la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía, a orillas del río Suquía. Nacía así una de las ciudades más importantes de la historia argentina, centro político, cultural, educativo y social del interior del país.
Con el paso de los siglos, Córdoba se ganó el nombre de «La Docta» por su tradición universitaria, sus instituciones educativas y su intensa vida intelectual. Pero, además de ser una ciudad de estudiantes y pensadores, también se convirtió en una verdadera usina cultural donde el folclore encontró un lugar privilegiado para crecer y proyectarse.
Si buscamos la relación entre la ciudad de Córdoba y el folclore, podemos encontrar al menos tres aspectos fundamentales.
El primero tiene nombre y apellido: Chango Rodríguez. Mientras gran parte del folclore argentino cantaba a los paisajes rurales, los montes y los caminos del interior, el Chango le puso música y poesía a la ciudad. Cantó al barrio Alberdi, a La Cañada, a los personajes populares y hasta a la calle donde vivió. En canciones como De Alberdi, La Patrulla, Chacarera de las Ponce o la inmortal Luna Cautiva, construyó una verdadera poesía urbana cordobesa, algo poco frecuente dentro del cancionero folclórico argentino.
El segundo aspecto es la Córdoba universitaria. Durante décadas, miles de jóvenes llegaron desde todos los rincones del país para estudiar en sus aulas. Entre ellos había músicos, cantores y compositores que encontraron en la ciudad un espacio de encuentro, intercambio y crecimiento artístico. Córdoba fue el punto donde se cruzaron las expresiones culturales del Norte, Cuyo, el Litoral y la Patagonia, enriqueciendo el panorama folclórico nacional.
El tercer aspecto es la Córdoba de las peñas, los medios de comunicación y los escenarios. La ciudad fue refugio y plataforma para numerosos artistas provenientes de distintas provincias. Muchos grupos y solistas encontraron allí la posibilidad de mostrar su arte, formar nuevos proyectos y proyectarse hacia el resto del país. Córdoba no solo generó artistas propios; también ayudó a que muchos otros encontraran el camino hacia el reconocimiento.
Por eso, al recordar hoy la fundación de Córdoba, no solo celebramos el nacimiento de una ciudad histórica. También celebramos a una comunidad que, a lo largo de más de cuatro siglos, supo transformarse en un punto de encuentro para la cultura argentina y en una de las grandes casas del folclore nacional.
Porque Córdoba es La Docta, sí. Pero también es ciudad de guitarras, de peñas, de estudiantes cantores y de poetas que hicieron de sus barrios una canción.
Por Carlos Lucentti.
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