Fue guitarrista, compositor, docente y uno de los grandes difusores de la música de raíz en la radio y la televisión argentinas. Admirador de Abel Fleury y enamorado del folklore sureño, desarrolló una obra refinada que hoy merece ser redescubierta. En el centenario de su nacimiento, Archivo MuLA recupera la figura de un artista que hizo de la guitarra una forma de narrar el paisaje argentino.
Adolfo Peralta Achával falleció en la ciudad de Buenos Aires el 2 de enero de 2003. Tenía 76 años. Aunque su nombre hoy no suele aparecer entre los grandes referentes del folklore, dejó una obra de enorme valor como guitarrista, compositor y difusor de la música criolla, cuya influencia continúa vigente entre intérpretes e investigadores.
Hay artistas que, aun sin alcanzar la popularidad de los grandes nombres del folklore, dejan una huella profunda en la historia de nuestra música. Su legado permanece en las grabaciones, en las partituras, en los discípulos que formaron y en el respeto que despiertan entre los músicos. Adolfo Peralta Achával pertenece a esa estirpe.
Al cumplirse cien años de su nacimiento, su figura invita a volver la mirada sobre una trayectoria marcada por la dedicación absoluta a la guitarra criolla. Concertista, compositor y docente, desarrolló una obra de notable sensibilidad, profundamente ligada al paisaje argentino y, especialmente, al universo del folklore sureño.
Un muchacho de Bragado que eligió la guitarra
Adolfo Peralta Achával nació en Bragado, provincia de Buenos Aires, un 13 de julio de 1926. Desde muy joven encontró en la guitarra su verdadera vocación. En 1936 comenzó sus estudios con el maestro León Vicente Gascón y apenas cinco años más tarde obtuvo el Diploma de Profesor Superior de Guitarra, una formación que le proporcionó una sólida base técnica sin alejarlo nunca de la música popular.
Su primer concierto tuvo lugar en la Asociación Guitarrística Argentina durante las celebraciones de las Fiestas Mayas. Era apenas el comienzo de una carrera que pronto encontraría un lugar en los principales medios de comunicación del país.

En una entrevista publicada por la revista Folklore en 1962, confesaba su admiración por Abel Fleury, otro de los grandes guitarristas bonaerenses cuya obra, decía, merecía ser mucho más reconocida. Esa referencia permite comprender de qué tradición provenía Peralta Achával: una escuela donde la guitarra era mucho más que un instrumento de acompañamiento; era una voz capaz de describir paisajes, personajes y emociones.
La guitarra llega a la radio y la televisión
Durante las décadas de 1950 y 1960 desarrolló una intensa actividad artística. En 1956 comenzó a presentarse como solista en Radio Nacional, participando en programas como Folklore en 870 y Festival de Música Nativa, cuyas emisiones también llegaban a las filiales del interior del país. Poco después integró las audiciones de Radio Belgrano, Radio Provincia y Radio Excelsior, consolidándose como uno de los guitarristas más activos de su generación.
La llegada de la televisión abrió un nuevo escenario para su música. En 1959 fue convocado por Canal 7 para participar en un ciclo de microprogramas que se extendió durante casi dos años. También intervino en emisiones impulsadas por la Dirección General de Cultura, acercando la guitarra folklórica a un público mucho más amplio en los primeros años de la televisión argentina.
Al mismo tiempo realizó giras por distintas provincias y ofreció recitales en teatros y salas de ciudades como Tandil, Lincoln, Bragado y Mar del Plata, además de emprender una gira por Venezuela a comienzos de la década de 1970.
Un enamorado del folklore sureño

La revista Folklore lo presentó en 1962 con un título que sintetizaba perfectamente su identidad artística: «Un enamorado del folklore sureño«.
Y realmente lo era.
Aunque cultivó ritmos de distintas regiones del país, fue la música pampeana la que ocupó el centro de su obra. Milongas, estilos, cifras y huellas encontraron en su guitarra una interpretación elegante, sobria y profundamente expresiva.
Cuando le preguntaron qué era lo que más disfrutaba de su profesión, respondió con una frase sencilla que revela su manera de entender el oficio:
«»Me apasionan los recitales. Estar frente al público. Sentirlo cerca.»»
Y agregó otra confesión que habla de su sensibilidad artística:
«»Si no fuera intérprete de guitarra, me gustaría ser pintor costumbrista.»»
En cierto modo, eso fue exactamente lo que hizo durante toda su vida: pintar con sonidos los paisajes y personajes de la Argentina profunda.
Compositor antes que virtuoso
Peralta Achával nunca concibió la técnica como un fin en sí mismo. Su virtuosismo siempre estuvo al servicio de la música.

Como compositor dejó más de treinta obras registradas en SADAIC, entre ellas Milonga del andariego, El Estrellero, Camino de Pircas, Canción para un nochero, Canto de amor puneño, Romancera, Mi niña bonita, Canción sureña, El Cimarrón y La Florcita. Su catálogo demuestra una mirada amplia sobre el folklore argentino, capaz de recorrer tanto la llanura bonaerense como el paisaje del altiplano o el noroeste.
Sus composiciones conservan una característica constante: melodías claras, armonías refinadas y una profunda vocación narrativa.
Una guitarra criolla
Entre los hitos de su producción sobresale el LP Una guitarra criolla, editado por el sello Music Hall.
El disco resume con precisión su universo musical. Allí conviven composiciones propias como Romancera, Cuando tus ojos me miren, Canción sureña y Milonga del andariego con obras de Ariel Ramírez, Eduardo Falú, Digno García y piezas tradicionales del repertorio criollo.
Escucharlo hoy sigue siendo la mejor puerta de entrada para descubrir su arte. Cada interpretación revela una guitarra de sonido limpio, sin artificios, donde la emoción siempre prevalece sobre el lucimiento técnico.


Un legado por redescubrir
La historia del folklore suele concentrarse en unos pocos nombres indispensables. Sin embargo, también está construida por artistas como Adolfo Peralta Achával, cuya tarea silenciosa ayudó a consolidar una manera de entender la guitarra argentina.
Fue docente, concertista, compositor y difusor. Actuó en radios, en la televisión, recorrió escenarios de todo el país y dejó una obra que continúa esperando ser descubierta por nuevas generaciones.
Quizás el tiempo lo haya mantenido lejos de los grandes titulares. Pero basta volver a escuchar sus grabaciones para comprender que allí permanece una forma de hacer música donde la técnica nunca estuvo por encima de la emoción y donde cada obra buscó retratar un paisaje, una costumbre o una manera de sentir la Argentina.
En el centenario de su nacimiento, rescatar la figura de Adolfo Peralta Achával no es un ejercicio de nostalgia. Es recuperar una parte valiosa del patrimonio musical argentino y volver a poner en circulación la obra de un guitarrista que entendió que, a veces, seis cuerdas alcanzan para contar la historia de un pueblo.
Por Federico «Poni» Rossi
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