Chango Farías Gómez: la mostaza que no le quitó el gusto al folclore

A 15 años de su muerte, el Chango Farías Gómez sigue siendo una de las figuras fundamentales de la renovación del folclore argentino. Un músico intuitivo, adelantado y diferente, que entendió que transformar una música no significa necesariamente traicionarla.

Hoy, 24 de agosto, se cumplen quince años de la muerte de Chango Farías Gómez.

Hablar del Chango es hablar de un músico profundamente ligado a la tradición y, al mismo tiempo, de uno de los grandes responsables de que esa tradición pudiera abrirse a nuevos sonidos, nuevas armonías y nuevas maneras de entender la música popular argentina.

Fue un adelantado. Un intuitivo. Un distinto. Pero, sobre todo, fue alguien que entendió que el folclore puede cambiar y seguir siendo folclore.

Y hay una frase de Atahualpa Yupanqui que parece resumir toda la aventura artística de los Farías Gómez:

“Ustedes los Farías Gómez son capaces de ponerle mostaza al asado y que no pierda el gusto.”

Una imagen perfecta.

Porque la mostaza cambia el sabor, agrega algo, modifica, pero el asado sigue siendo asado.

Eso hizo el Chango con el folclore.

Los Huanca Hua y el desconcierto

Para entenderlo hay que volver a los años sesenta y a Los Huanca Hua, una de sus primeras grandes creaciones.

El grupo revolucionó la música vocal argentina. Las voces comenzaron a trabajar con polifonías, diferentes planos, onomatopeyas, fonemas y recursos que no eran habituales dentro del folclore.

Era otra manera de escuchar. Y no todos estaban preparados para hacerlo.

Una vez le preguntaron a Atahualpa Yupanqui qué pensaba de esos conjuntos en los que uno cantaba y los demás hacían sonidos alrededor.

Su respuesta fue:

“¿Cuáles son esos que uno canta y los demás le hacen burla?”

El Chango, en lugar de tomarlo como una descalificación, entendió que Yupanqui había captado justamente lo que estaba intentando hacer.

No se trataba de burlarse de la canción. Era otra manera de construirla.

Y quizá allí aparece una de las grandes características de Farías Gómez: no necesitaba que todos estuvieran de acuerdo con él para seguir adelante.

MPA: cuando el folclore se enchufó

Años después llegó otra de sus grandes experiencias: MPA, Músicos Populares Argentinos.

El proyecto profundizó una idea que el Chango llevaba adelante desde hacía tiempo: el folclore podía incorporar otros lenguajes e instrumentos sin perder su identidad.

Batería, bajo, guitarras eléctricas, flautas, nuevas texturas, nuevos arreglos.

Y otra vez apareció la discusión. Para algunos, aquello ya no era folclore.

Cuando MPA se presentó en Santiago del Estero, la propuesta fue recibida con una hostilidad que terminó en tomatazos.

Hoy parece increíble.

Aquello que en su momento fue considerado una amenaza para la tradición terminó siendo reconocido como una experiencia fundamental en la renovación de la música popular argentina.

El Chango agregaba nuevos ingredientes. Pero el gusto seguía estando.

Innovar porque la música lo pide

Y hay algo importante: el Chango no innovaba por innovar. No buscaba hacer algo diferente simplemente para provocar. Buscaba más posibilidades musicales. Más riqueza. Más vuelo.

Su herramienta fundamental era muchas veces la intuición.

Podía discutir un arreglo, cuestionar una decisión musical o sentarse con músicos y arregladores a defender una idea porque escuchaba algo que todavía otros no escuchaban.

Por eso su obra atraviesa el folclore, pero también dialoga con el tango, el jazz y otras músicas populares.

Para él, la tradición no era una pieza de museo. Era una música viva. Y una música viva tiene que poder transformarse.

Los Amigos del Chango

En 2009 creó una de sus últimas grandes aventuras: Los Amigos del Chango Farías Gómez.

Una formación de enorme riqueza instrumental, concebida con una lógica cercana a una orquesta de cámara, pero puesta al servicio de la música popular.

Otra vez, el Chango preguntándose:

¿Por qué no? ¿Por qué una orquesta de cámara no podía tocar folclore? ¿Por qué no ampliar el universo sonoro sin perder la raíz?

El Chango murió en 2011, pero su última creación continuó.

En 2017, Los Amigos del Chango llegaron al escenario de Cosquín, ya sin él. Y el público los recibió con una ovación tras otra.

El hombre que tantas veces tuvo que explicar por qué quería hacer las cosas de otra manera ya no estaba para explicarlo. No hacía falta. La música hablaba sola.

Una de sus últimas colaboraciones

Entre sus últimos trabajos aparece también una colaboración con el Dúo Coplanacu.

Se trata de “Las dos lunas tristecitas”, incluida en El Camino, editado en 2010.

La obra entrelaza “La Tristecita”, “Luna Santiagueña” y “Luna Tucumana”, con la participación del Chango.

Una de sus últimas colaboraciones discográficas. Y hay algo simbólico en esa grabación.

Después de toda una vida buscando nuevos sonidos, discutiendo los límites y ampliando las formas del folclore, el Chango vuelve a las lunas, a Santiago, a Tucumán, a la zamba, a la raíz.

Pero vuelve con toda esa experiencia encima. Vuelve siendo el mismo que siempre fue: capaz de mirar lo tradicional con otros ojos.

La mostaza sigue estando

Hoy, quince años después de su muerte, muchas de aquellas discusiones parecen lejanas. Ya no sorprende tanto una chacarera con batería. Una guitarra eléctrica junto a un bombo. Una formación de cámara interpretando música popular. Pero hubo un tiempo en que todo eso era motivo de discusión. Y el Chango estuvo allí. Empujando, probando, discutiendo.

Muchas veces incomprendido. Pero siempre buscando.

Quizás por eso su legado no está solamente en sus obras. Está también en una manera de pensar la música. En la certeza de que respetar una tradición no significa congelarla. A veces significa ampliarla.

Atahualpa Yupanqui dijo que los Farías Gómez podían ponerle mostaza al asado sin que perdiera el gusto.

El Chango puso mostaza muchas veces.

A las voces, a los instrumentos, a los arreglos, a las formas.

Y hubo quienes dijeron que aquello ya no tenía gusto a folclore.

Pero el tiempo pasó. Y el asado siguió teniendo gusto a asado. Porque debajo de todas aquellas innovaciones seguía estando la raíz, la memoria, la tierra, la música popular argentina.

Por eso hoy podemos recordarlo como lo que fue: un adelantado, un intuitivo, un distinto.

Un músico que no quiso destruir la tradición. Quiso hacerla crecer.

Chango Farías Gómez no vino a cambiar el folclore. Vino a demostrar que el folclore podía seguir cambiando.

Quince años después de su muerte, aquella mostaza todavía sigue teniendo gusto.

Por: Carlos Lucentti

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