Cada 27 de agosto, Paraguay celebra el Día Nacional de la Guarania, en homenaje al nacimiento de José Asunción Flores, creador de este género musical. La fecha fue establecida por la Ley N.º 4310, sancionada en 2011, y coincide con el natalicio de Flores, nacido en Asunción el 27 de agosto de 1904.
Pero la celebración tiene una dimensión todavía mayor: en diciembre de 2024, la UNESCO inscribió a la Guarania, “sonido del alma paraguaya”, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El organismo internacional la reconoció como una expresión colectiva de los valores paraguayos, transmitida entre generaciones y profundamente vinculada con la identidad y el sentido de pertenencia de su pueblo.
La historia había comenzado casi un siglo antes.
Una música nueva para un país que buscaba su propia voz
En 1925, José Asunción Flores tenía apenas 21 años cuando presentó sus primeras experiencias con un nuevo lenguaje musical. Su búsqueda partía de una pregunta sencilla pero profunda: cómo crear una música que pudiera expresar mejor el carácter, las emociones y la vida cotidiana del Paraguay de su tiempo.
Hasta entonces, la polca paraguaya ocupaba un lugar central en la música popular. Flores tomó elementos de esa tradición, pero modificó radicalmente su velocidad y su expresión. El resultado fue una música de tempo lento, con ritmos sincopados, melodías más extensas y una fuerte carga emocional.
La primera obra reconocida dentro de ese proceso fue “Jejuí”, compuesta en 1925. Ese mismo año aparecieron otras piezas fundamentales como Arribeño resay y Ñasaindýpe. El nuevo género todavía no tenía nombre: fue el maestro Delfín Chamorro quien propuso el término guarania, inspirado en la palabra y en la tradición cultural guaraní.
Flores había creado algo nuevo: una música paraguaya que podía ser íntima, melancólica y reflexiva sin dejar de ser profundamente popular.
¿Cómo suena una guarania?
Su característica más evidente es el tempo lento, pero reducirla a eso sería insuficiente.
La guarania trabaja con ritmos sincopados y suele desarrollarse sobre una estructura en 6/8, con melodías de gran expresividad y una relación muy estrecha entre música y poesía. La guitarra y el contrabajo son instrumentos habituales, aunque el género también llegó a conjuntos vocales, orquestas y formaciones sinfónicas.
Su repertorio aborda el amor, la nostalgia, el paisaje, la patria, la pobreza, las injusticias sociales y las experiencias cotidianas. Es decir: aquello que una sociedad siente, recuerda y necesita contar.
Por eso la guarania puede pensarse como la banda sonora del Paraguay: una música que no solamente representa a un país, sino que le permite reconocerse en sus propias historias.
Flores y Ortiz Guerrero: música y poesía
Uno de los capítulos decisivos de la historia de la guarania fue el encuentro entre José Asunción Flores y el poeta Manuel Ortiz Guerrero.
A partir de 1928, ambos construyeron una de las asociaciones creativas más importantes de la música paraguaya. De ese vínculo surgieron obras que trascendieron las fronteras del país, entre ellas India, Panambí Verá y Cerro Corá.
La guarania encontró así una de sus características esenciales: la unión entre una melodía cargada de emoción y una poesía capaz de hablar de la tierra, la memoria, el amor y la identidad.
Con el tiempo, otros grandes compositores ampliaron ese universo: Herminio Giménez, Demetrio Ortiz, Mauricio Cardozo Ocampo, Agustín Barboza, Florentín Giménez, Eladio Martínez, Emigdio Ayala Báez y Maneco Galeano, entre muchos otros. Obras como Recuerdos de Ypacaraí, Mis noches sin ti, Mi patria soñada y Ñemity llevaron la guarania a públicos cada vez más amplios.
Una tradición que no quedó detenida en el tiempo

La historia de la guarania no termina con sus creadores.
En las últimas décadas, músicos e intérpretes continuaron recuperando, reinterpretando y llevando el género hacia nuevos públicos. Entre ellos se encuentra Ricardo Flecha, cantor y gestor cultural que ha dedicado buena parte de su trayectoria a rescatar y difundir la obra de los grandes maestros de la música paraguaya, especialmente José Asunción Flores.
También artistas y arregladores como Sergio Cuquejo representan esa búsqueda de diálogo entre tradición y contemporaneidad. Sus trabajos sobre la música paraguaya muestran que preservar un género no significa repetirlo de manera idéntica, sino encontrar nuevas formas de interpretarlo sin perder sus rasgos esenciales. Un estudio de la Secretaría Nacional de Cultura destaca justamente su trabajo como arreglista y productor en torno a la innovación performática de la música paraguaya.
Ahí aparece una de las claves para entender por qué la guarania sigue viva: es tradición, pero también es creación.
De símbolo nacional a patrimonio de la humanidad
El reconocimiento de la UNESCO no ocurrió de un día para otro. El proceso de valoración y documentación comenzó formalmente años antes y contó con la participación de instituciones culturales, investigadores, músicos, organizaciones civiles y cultores de la guarania. La candidatura fue presentada bajo el nombre “Guarania, sonido del alma paraguaya”.

Entre quienes trabajaron para reunir y poner en valor esa memoria estuvo Miriam Pacuá, gestora cultural y presidenta de EcoCultural Somos Guarania. Pacuá participó activamente en la recuperación y organización de documentación sobre la vida y la obra de José Asunción Flores, y en las acciones destinadas a proyectar la guarania hacia nuevas generaciones y nuevos públicos.
“Nadie cuida lo que no ama, pero tampoco nadie ama lo que no conoce”.
Su trabajo se vinculó también con el de músicos y gestores como Ricardo Flecha, con quien impulsó distintas iniciativas de difusión y valorización del género. La tarea tuvo un objetivo que excedía la declaración patrimonial: recuperar la memoria de Flores y fortalecer la transmisión de una música que sigue formando parte de la vida cultural paraguaya.
Finalmente, el 4 de diciembre de 2024, durante la reunión del Comité Intergubernamental de la UNESCO realizada en Asunción, la guarania fue incorporada a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La UNESCO destacó que la guarania se transmite principalmente dentro de las familias, en centros de formación y grupos musicales, y que constituye un símbolo de resiliencia, identidad y pertenencia tanto para quienes viven en Paraguay como para su diáspora.
La guarania es, todavía, la banda sonora del Paraguay.
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