Cada 7 de septiembre, Bolivia celebra el Día Nacional de la Danza La Morenada. La fecha reconoce a Jach’a Flores, compositor e investigador orureño, y pone en valor una expresión cultural atravesada por la historia colonial, las tradiciones andinas y la vida festiva del altiplano.
La morenada tiene una historia extensa y compleja. Sus antecedentes se vinculan con las sociedades coloniales del altiplano y con la presencia de población africana esclavizada en el territorio del actual Bolivia. Con el tiempo, esas representaciones se relacionaron con tradiciones indígenas, celebraciones religiosas y expresiones populares hasta dar forma a la danza que conocemos hoy.
No existe una única explicación sobre su origen. Algunas investigaciones la relacionan con la representación de los africanos esclavizados y otras con actividades vinculadas al trabajo minero y agrícola. Su historia es, en ese sentido, el resultado de distintos procesos culturales que se fueron superponiendo.
Oruro, territorio de la morenada
Durante los siglos XIX y XX, la danza adquirió una presencia cada vez mayor en las celebraciones del altiplano y Oruro se convirtió en uno de sus principales centros.

La historia de la ciudad ayuda a entender ese desarrollo: territorio de antiguas tradiciones uru, posteriormente ciudad colonial y más tarde importante centro minero, Oruro reunió comunidades y prácticas culturales diversas. En ese contexto se consolidaron las fraternidades de morenada.
La Morenada Central Oruro, fundada en 1924, es una de las agrupaciones históricas. Con el crecimiento de las fraternidades también se transformó la dimensión de la danza: grandes bandas de metales, cientos de bailarines, máscaras, trajes bordados y coreografías colectivas.
El Carnaval de Oruro se convirtió en uno de sus principales escenarios. La festividad fue inscrita por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008.
Matracas, bandas y trajes

La identidad sonora de la morenada está marcada por las bandas de metales y por el sonido particular de la matraca, uno de sus instrumentos más reconocibles.
El ritmo acompaña una coreografía caracterizada por pasos pesados y movimientos coordinados. Las máscaras y los trajes completan una representación donde música, cuerpo e imagen funcionan como una unidad.
Las fraternidades son también espacios de transmisión. Allí se aprenden los pasos, se preparan los trajes y se mantiene un repertorio que pasa de una generación a otra.
Jach’a Flores, compositor de Oruro

José Félix Flores Orozco, conocido como Jach’a Flores, nació en Oruro en 1941. Estudió Economía, pero desarrolló paralelamente una extensa trayectoria musical.
Durante los años sesenta integró distintas agrupaciones de música andina, entre ellas Los Gavilanes, Los Amayas y Los K’arisiris. Más tarde formó parte de Los Ruphay y Bolivia Manta. También participó en proyectos vinculados con la investigación y difusión de las culturas originarias.
En 1969 comenzó a bailar en la Morenada Central de los Cocanis y poco después empezó a componer obras destinadas a la fraternidad. Sus composiciones llegaron a formar parte del repertorio del Carnaval de Oruro.
Entre sus obras más conocidas se encuentran “Mantilla de vicuña”, “Chiquita orureñita”, “Mentirosita”, “Mama Panchita”, “Hombre solitario”, “El retorno” y “El Chiru Chiru”. Su producción también abarcó diabladas, cuecas, tonadas, huayños, sicureadas y otros géneros de la música boliviana.
Flores desarrolló una particular relación con el paisaje andino y encontraba inspiración en los sonidos de su entorno y en las tradiciones musicales de su región.
Murió en La Paz en septiembre de 1998, a los 56 años.
Una fecha para la morenada
El Día Nacional de la Danza La Morenada fue establecido mediante la Ley 512, promulgada el 21 de marzo de 2014. La norma reconoce el aporte de Jach’a Flores y establece el 7 de septiembre como una jornada destinada a promover, difundir, conservar y practicar la danza en Oruro y en las distintas regiones donde se desarrolla.
En 2026, Oruro prepara actividades durante varios días alrededor de la fecha, con participación de las siete morenadas del Carnaval y propuestas que incluyen música, danza, exposiciones, investigaciones y homenajes a Jach’a Flores.
Más que una tradición detenida en el pasado, la morenada continúa transformándose en manos de nuevas generaciones. Su historia permanece en las fraternidades, en las bandas, en las matracas y en quienes vuelven a bailar sus pasos cada año.
La memoria de la morenada no solamente se recuerda: se escucha, se representa y se baila.
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