Escritor, guionista, director, músico y hombre de múltiples oficios, murió este 20 de septiembre a los 89 años. Nacido en Mendoza, construyó una obra atravesada por Cuyo, sus paisajes y sus personajes, y fue una pieza fundamental de la obra de Leonardo Favio. También compartió con su hija Luciana una canción: “Cuando el amor se aproxima”, incluida en su primer disco solista. Ella lo despidió como su “PADRE TOTAL”.
Jorge Zuhair Jury murió este domingo 20 de septiembre, a los 89 años. Escritor, guionista, director de cine, músico y hombre de múltiples oficios, dejó una obra que atraviesa la literatura, el cine y la cultura popular argentina.
Argentores, institución de la que era socio, lo despidió como “una figura central e imprescindible de las letras, el cine y el patrimonio cultural” del país. Nacido en Mendoza, Jury construyó desde muy joven una mirada profundamente ligada a la tierra, los relatos orales y las vidas de los personajes anónimos del interior.
Pero contar a Zuhair Jury solamente como el hermano mayor de Leonardo Favio sería reducir una trayectoria mucho más amplia. Su vínculo creativo con Favio fue fundamental para la historia del cine argentino, pero Jury tuvo una obra propia como escritor, director, músico y artista.
Cuyo como territorio
La tierra mendocina no fue simplemente su lugar de nacimiento. Fue una de las fuentes centrales de su imaginario.
En entrevistas a lo largo de los años, Jury habló de haberse criado entre rancheríos y de vivir “sensitivamente lo telúrico”. Las historias que escuchó, los personajes que conoció, los oficios, la pobreza, las leyendas y las formas de hablar del interior fueron alimentando una escritura que nunca buscó separarse de ese mundo.
También reconoció la influencia de Juan Draghi Lucero, una figura fundamental en la recuperación de la tradición oral y la cultura popular cuyana. En Jury, esa relación con la tierra no funcionó como una postal regionalista: era una manera de entender al país y de mirar a sus habitantes.
Sus personajes suelen estar lejos de los centros de poder. Son trabajadores, pobres, enamorados, marginados, hombres y mujeres atravesados por deseos, pérdidas y contradicciones. La cultura popular no aparecía en su obra como decoración: era el territorio desde el cual pensaba y narraba.
Antes que el cine, la literatura
Jury comenzó a publicar como narrador en 1969, con El dependiente y otros cuentos. Allí aparecían, entre otros relatos, “El dependiente” y “El romance del Aniceto y la Francisca”.
Ambos textos tendrían luego una segunda vida en el cine de Leonardo Favio.
El romance del Aniceto y la Francisca se transformó en una de las películas fundamentales de Favio, mientras que El dependiente también llegó a la pantalla grande bajo su dirección. La relación entre ambos hermanos no fue, sin embargo, la de un autor que simplemente entregaba historias a un director: existía una conversación creativa permanente entre literatura, imagen, música y experiencia.
Jury escribía desde aquello que había vivido, escuchado y observado. Favio encontraba en esas historias una materia cinematográfica extraordinaria.
De ese diálogo surgieron algunas de las obras fundamentales del cine argentino: Crónica de un niño solo, El romance del Aniceto y la Francisca, El dependiente, Juan Moreira, Nazareno Cruz y el lobo y Gatica, el Mono.
La otra mitad de Leonardo Favio
Durante décadas, el nombre de Zuhair Jury quedó inevitablemente asociado al de su hermano.
Y la asociación es justa: su aporte a la obra de Favio fue enorme. Pero también resulta necesario mirar la relación en sentido inverso: Favio fue uno de los grandes intérpretes cinematográficos de un universo que Jury ya había construido desde la palabra.

Dos de sus relatos fueron llevados directamente al cine por Leonardo. Y en otras obras trabajaron juntos en los guiones.
Esa sociedad creativa produjo una mirada cinematográfica singular sobre los sectores populares, el interior, la marginalidad, la religiosidad, el amor y la violencia.
Jury también escribió para otros directores y desarrolló una carrera propia detrás de cámara.
También hizo su propio cine
Zuhair Jury dirigió, entre otras películas, El fantástico mundo de la María Montiel y El piano mudo. Su trabajo recibió reconocimientos en Argentina y en el exterior.
El fantástico mundo de la María Montiel obtuvo el Primer Premio del Festival Internacional de Karlovy Vary. Por los guiones de El largo viaje de Nahuel Pan y El piano mudo recibió primeros premios del INCAA, mientras que a lo largo de su trayectoria obtuvo también distintos reconocimientos de la crítica cinematográfica y de Argentores.
En El piano mudo se acercó además a la vida del pianista Miguel Ángel Estrella, llevando nuevamente al cine una historia en la que la música, la identidad y el compromiso cultural ocupaban un lugar central.
Una canción con Luciana
Jorge Zuhair Jury también fue músico, guitarrista y cantor. Y esa dimensión artística no quedó solamente en el ámbito familiar: llegó a compartir una obra musical con su hija Luciana Jury.

En 2011, Luciana publicó Canciones brotadas de mi raíz, su primer disco solista. Entre las canciones del álbum aparece “Cuando el amor se aproxima”, una chacarera cuya letra pertenece a Jorge Zuhair Jury y cuya música fue compuesta por Luciana. Así figura en el registro editorial de EPSA y en la propia publicación de la canción.
La canción fue descrita entonces como una creación realizada en “complicidad” con su padre.p
Y hay otro detalle hermoso: el vínculo artístico también alcanzó la imagen del disco. Luciana contó que el retrato de la tapa de Canciones brotadas de mi raíz fue comenzado por ella y terminado por su padre. “Con mi viejo tenemos mucha interacción artística”, explicó entonces.
La música, la pintura, la palabra y la creación compartida formaban parte de una misma conversación.
“No conocí un tipo más libre que él”
Quizás nadie pueda contar mejor esa relación que Luciana.
Después de su muerte, escribió una extensa despedida en la que recordó a su padre como un hombre de humor, de conversación, de pensamiento y de una libertad casi indomable.
“Negro querido! Qué hermosa vida que tuviste, qué bien que la viviste!”, escribió.
Recordó sus conversaciones y, especialmente, el estímulo que recibía cuando le mostraba su música.
“Voy a extrañar desmesuradamente tu sentido del humor exquisito, tu fineza, tu don de gente, nuestras altas conversacionales”, escribió. “Eso sobre todo, las conversaciones Negro querido y el estímulo que me impregnabas cuando te mostraba algo de mi música.”
Y después dejó una frase que parece resumir buena parte de los testimonios sobre Jury:
“No conocí un tipo más libre que él.”
Luciana lo llamó también “un desestructurador de toda norma” y “un verdadero maestro de la libertad”.
Yo vengo de ahí
En 2022, Jury publicó Yo vengo de ahí, un libro atravesado por la memoria y por el regreso a las experiencias que habían formado su mirada.
El título parece resumir buena parte de su trayectoria. Jury siempre volvió ahí: a Mendoza, a los rancheríos, a las historias escuchadas, a los personajes que conoció, a la infancia, a la cultura popular y a una manera de entender la creación que no separaba el arte de la vida.
En sus últimos años continuó escribiendo y reflexionando sobre esa experiencia.
Hasta el final, mirando
Hay algo particularmente significativo en sus últimas publicaciones.
El 16 de septiembre escribió:
“Era de mirar tan hondo
que se iba a los infinitos
allí se estaba un ratito
y recién después volvía…”
Al día siguiente publicó otro texto:
“Por la hendija de la ventana vieja se colaba un pequeño haz de luz, y dentro del haz de luz las partículas se revolvían en juegos circulares infinitos que tenían algo de revoltijos cósmicos… eso lo vi.”
Fueron sus últimas publicaciones conocidas.
Cuatro días después, Jorge Zuhair Jury murió.
Su hija imaginó entonces que quizás la conversación entre ambos no terminara con la muerte. Que tal vez él pudiera contarle en algún sueño que el otro lado no era tan tremendo como había imaginado.
“Por acá no nos veremos más”, escribió Luciana. “La conversación seguirá en mis sueños y charlaré con tu inmenso espíritu cada tanto aquí en la casa en donde vivo y que vos construiste con tus propias manos.”
Y cerró:
“Buen viaje PADRE TOTAL.”
Jorge Zuhair Jury deja una obra enorme y difícil de encerrar en una sola disciplina. Está en sus cuentos y novelas, en las películas de Leonardo Favio, en sus propios filmes, en sus guitarras, en sus canciones y en las historias que recuperó de una cultura popular que nunca quiso mirar desde afuera.
Está también, de una manera especialmente concreta, en la música de Luciana.
En una canción que escribieron juntos.
En una tapa que comenzaron juntos.
En las conversaciones que ella seguirá teniendo con él.
Y en esa forma de mirar tan hondo que, durante un instante, permitía irse hacia los infinitos y después volver.
Por Federico «Poni» Rossi
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