Gustavo Santaolalla deslumbró en el Teatro Colón

En el marco del Ronroco Tour, Gustavo Santaolalla volvió a actuar en el Teatro Colón. Su anterior presentación había sido hace exactamente diez años con su espectáculo Desandando el camino.

El recital se basa esencialmente en los temas que componen su disco Ronroco (1998) y en las composiciones de películas y series que musicalizó.

Presenciar el concierto es como asistir a una misa: un momento espiritual, contemplativo y de intercambio con el público. Santaolalla habló de la «energía cuántica» que circula entre los músicos y los espectadores, una energía que se retroalimenta y pasa del escenario a las butacas (y viceversa), transformando el show en un hecho único.

Las inquietudes de Gustavo Santaolalla lo llevaron a descubrir e investigar sobre el ronroco hace muchos años, y fue Jaime Torres quien lo impulsó a grabar un disco íntegro con ese instrumento. A él le estuvo dedicado el concierto, justo el día en que Torres hubiese cumplido 88 años y fecha por la cual se celebra en la Argentina el Día del Charanguista.

Los arreglos de los temas son minimalistas y los músicos de la banda son exquisitos: Javier Casalla en violín, viola y charango; Barbarita Palacios en teclados, percusión, guitarra y voz; Nicolás Rainone en guitarra, chelo, ronroco y voz; y Santiago Carregal en guitarra, charango y ronroco.

El repertorio incluyó los temas de las bandas sonoras que lo llevaron a ganar dos premios Oscar (Babel y Secreto en la montaña), canciones del videojuego y la serie The Last of Us, composiciones de Ronroco y el yaraví Canto en la rama (recopilado por Leda Valladares), el único tema cantado de la noche y el único que no es de su autoría.

A sus 75 años, Gustavo Santaolalla se erige como un chamán por su música, por sus palabras y por su vuelta al origen. Estas búsquedas actuales son las mismas que realizó cuando lideraba Arco Iris a comienzos de los años 70, especialmente en discos como Suite N.º 1 (1971), la ópera Sudamérica o el regreso de la aurora (1972) e Inti Raymi (1973). Obras que hoy merecen otra escucha porque se mantienen vigentes más de 50 años después, sin haber perdido ni frescura ni profundidad.

Santaolalla, más viejo y más sabio, sigue siendo el mismo.

Crónica de Lucas Rodríguez Perea

Fotos de Juanjo Bruzza

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