Desde El Maitén, Chubut, Yoel Hernández construyó una trayectoria en la que la memoria familiar, los sonidos de la Patagonia y una mirada contemporánea sobre el folklore se encuentran. Cantor, guitarrista y compositor, comenzó a tocar de niño y, con el paso de los años, fue construyendo un repertorio propio que lleva consigo la identidad de su tierra.
Yoel Hernández nació el 19 de octubre de 1992 en El Maitén, Chubut, una localidad cordillerana del noroeste de la provincia. Allí comenzó su vínculo con la música cuando tenía apenas ocho años. En ese aprendizaje inicial tuvieron un papel fundamental su padre, Nino, y su tío Pele, mientras que posteriormente Jorge Aramea fue una figura decisiva para enseñarle acordes, acompañarlo en sus primeros pasos y alentarlo a componer. Por aquellos años, las experiencias al participar en certámenes de Canta Niños y en los Evita Culturales, fueron experiencias fundamentales en su incipiente recorrido.

Desde entonces, la música dejó de ser solamente una vocación para convertirse en una manera de contar el territorio del que proviene.
En la formación artística de Hernández aparecen nombres fundamentales del folklore argentino y patagónico. Horacio Guarany y Hugo Giménez Agüero forman parte de sus referencias, pero su búsqueda nunca quedó limitada a reproducir aquello que había recibido.
Su recorrido artístico está profundamente ligado a la Patagonia. Cuando comenzó a escribir sus propias canciones, buscó hacerlo desde las formas musicales que pertenecen a esa región: loncomeos, kaanis, chorrilleras y maiteneras. En ellas encontró un lenguaje para hablar de los paisajes, las costumbres, las historias y, sobre todo, de las personas que habitan el sur. Esa búsqueda sigue siendo uno de los rasgos centrales de su obra.
Pero hay algo más en esa relación con el territorio. Para Hernández, cantar la Patagonia también significa hacer circular un repertorio que durante mucho tiempo tuvo una presencia más acotada fuera de la región. Su proyecto artístico fue creciendo alrededor de esa idea: que los ritmos y las historias del sur podían ocupar un lugar propio dentro del cancionero popular argentino.
Del Maitén a Cosquín

El crecimiento de su carrera lo llevó también a uno de los escenarios centrales del folklore argentino: Cosquín. Hernández llegó al festival a mediados de la década de 2010, con participaciones registradas desde 2016/2017, y ese escenario se convirtió en otro punto importante de una trayectoria que comenzaba a trascender las fronteras de su provincia.
Pero el recorrido de Yoel no puede resumirse en festivales ni presentaciones. Hay una construcción anterior y posterior: la de un artista que fue desarrollando una voz propia y que encontró en la canción una manera de llevar su lugar de origen hacia otros territorios.
En ese camino aparecen composiciones como “Banderita de mi escuela” y “Mi lugar”, canciones que permiten observar esa relación permanente entre la música, la identidad y el territorio.

Tres discos, una misma búsqueda
El primer paso discográfico fue Surgiendo, publicado en 2017, un trabajo que ya condensaba esa búsqueda de una identidad patagónica propia. En aquellos años, Hernández comenzó también a ganar presencia en escenarios nacionales. Su llegada al Festival Nacional de Folklore de Cosquín marcó uno de los momentos fundamentales de ese recorrido: luego de ser seleccionado entre más de 900 artistas para los Espectáculos Callejeros, alcanzó la Plaza Próspero Molina y recibió una importante respuesta del público.
Cosquín se convirtió, desde entonces, en un territorio recurrente para el cantor chubutense. Sus sucesivas presentaciones en el festival consolidaron una presencia que excedía a su provincia y llevaron su repertorio patagónico a uno de los escenarios centrales del folklore argentino. En paralelo, su actividad comenzó a extenderse por distintos puntos del país y también fuera de Argentina.
Una canción como bandera

Una parte importante de la obra de Yoel Hernández se construyó alrededor de canciones que trascendieron su propia interpretación.
Banderita de mi escuela es quizás el ejemplo más claro. La canción, vinculada a la identidad chubutense y a la experiencia escolar, comenzó a circular por las escuelas de la provincia hasta convertirse en parte de un repertorio que los chicos hicieron propio. Hernández llegó a recorrer decenas de establecimientos para cantarla y compartirla con sus comunidades.
Algo similar ocurrió con Mi lugar, una canción atravesada por la pertenencia a El Maitén y a la Patagonia. Su recorrido posterior llevó esa idea de pertenencia a otros escenarios y públicos, convirtiéndola en una de las obras más reconocibles de su repertorio.
En ese sentido, Hernández no construyó su carrera únicamente desde los grandes escenarios. Hay una dimensión comunitaria que atraviesa su trabajo: cantar en escuelas, participar de celebraciones populares, encontrarse con niños y niñas y hacer que determinadas canciones vuelvan al territorio que las inspiró.
Mamá Patria y Hecho en Patagonia
Su discografía fue ampliando progresivamente ese universo. Después de Surgiendo, llegó Mamá Patria, publicado en 2021. El álbum profundizó una mirada sobre la identidad, la memoria y el paisaje patagónico, al tiempo que incorporó canciones que fueron ampliando su llegada a nuevos públicos. Entre ellas aparecen Thiagón y Compañeros de vida.
En 2023 publicó Hecho en Patagonia, probablemente el trabajo que mejor sintetiza hasta ese momento su proyecto artístico. El álbum reúne 11 canciones y contiene títulos que se convirtieron en parte importante de su repertorio, como Mi lugar, Río Chubut, Loncomeo del amor mapuche, La bronca de Painefil, Mamá Patria, Astral, Niña del Sur y Banderita de mi escuela.
El propio título funciona como una declaración de principios. No se trata solamente de cantar sobre la Patagonia: se trata de hacer música desde ella, con sus ritmos, sus paisajes, sus personajes y sus memorias.
El salto hacia afuera

El crecimiento de Hernández también lo llevó a escenarios y espacios de alcance nacional e internacional. Su paso por programas de televisión y medios de Buenos Aires amplió considerablemente su exposición, pero el desarraigo que implicó instalarse temporalmente fuera de El Maitén no significó abandonar ese origen.
En una entrevista realizada en 2022, cuando comenzaba una nueva etapa en Buenos Aires, lo sintetizaba de una manera muy gráfica: su cuerpo estaba allí, pero su corazón seguía en El Maitén.
Esa tensión entre territorio y expansión aparece como una constante en su carrera. La canción puede viajar, pero su punto de partida sigue siendo el mismo.
Su recorrido también alcanzó España y otros escenarios internacionales, además de una experiencia particularmente significativa en Estados Unidos, donde representó a la Argentina en televisión. El desafío, en todos esos casos, fue llevar una música profundamente situada en un territorio específico hacia públicos que muchas veces no conocen ese repertorio.
Una nueva etapa
En 2025 apareció Aunque pase el tiempo, canción compuesta por su hermano Yaún Unelen Hernández y registrada en Piedra Parada, uno de los paisajes emblemáticos de Chubut. El lanzamiento marcó además una nueva etapa sonora, con una búsqueda que incorporó elementos de la cumbia campera y otras texturas alejadas de la estructura más tradicional de sus primeros trabajos.
La participación de su hermano también muestra otra dimensión de su presente: la construcción de una escena familiar y colectiva alrededor de la música. Yaún, además de integrar su banda, comenzó a desarrollar su propio camino como compositor.
En paralelo, Hernández impulsó nuevas iniciativas vinculadas con la música patagónica y con las comunidades de su provincia, entre ellas el festival Mi Lugar. Y su vínculo con las nuevas generaciones continúa apareciendo en canciones, encuentros escolares y presentaciones comunitarias.
Actualmente prepara nuevo material inspirado nuevamente en Chubut, con grabaciones realizadas en Lago Puelo. La producción vuelve a poner al territorio en el centro, pero desde una etapa diferente de su recorrido.
Porque allí está, quizás, la clave de la obra de Yoel Hernández: no se trata solamente de reivindicar una procedencia. Se trata de convertir ese lugar de origen en materia artística, llevarlo a otros escenarios y, al mismo tiempo, devolverlo a quienes lo habitan.
Desde El Maitén, Hernández forma parte de una generación de músicos que está construyendo hoy nuevas formas de decir el folklore. Su trabajo recupera ritmos patagónicos, historias locales y paisajes del sur, pero no como piezas detenidas en el pasado. Los convierte en canciones que circulan, se transforman, llegan a otras provincias, entran en las escuelas y encuentran nuevos públicos.
Ese es el sentido de Nuevas Huellas: mirar a quienes están construyendo ahora el cancionero que vendrá. Y en Yoel Hernández, esa construcción tiene un territorio muy concreto: la Patagonia.
Por Federico «Poni» Rossi
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