A cien años de su nacimiento, Archivo MuLA recupera la historia de Francisco Amado “Pancho” Berra, poeta, periodista, letrista y libretista de Cosquín. Su obra encontró música en Eduardo Falú, Carlos Di Fulvio, Miguel Ángel Gutiérrez y Argentino Luna, y dejó canciones que atravesaron escenarios, festivales y distintas generaciones del folklore argentino.
El 26 de septiembre de 1926 nacía en Córdoba Francisco Amado Berra. “Pancho”, para sus amigos. Poeta, periodista, escritor, hombre de múltiples oficios y, sobre todo, un autor que encontró en la canción folklórica una de las formas posibles para hacer circular su poesía.
Murió el 28 de noviembre de 1984, en la ciudad de Córdoba, cuando tenía apenas 58 años. Para entonces había dejado más de veinte composiciones registradas, había sido libretista del Festival Nacional de Folklore de Cosquín y había trabajado junto a algunos de los nombres fundamentales de la música popular argentina.
Un poeta cordobés
Berra cursó sus estudios en el Colegio Nacional de Monserrat y ejerció el periodismo, además de desempeñarse en distintos oficios. Su vida transcurrió en una época de enorme transformación de la cultura popular argentina, cuando la canción folklórica ampliaba sus públicos y los festivales comenzaban a convertirse en espacios fundamentales para la circulación de autores e intérpretes.
«Pancho» Berra fue también un hombre atravesado por las circunstancias políticas de su tiempo. Hacia fines de la década de 1960, durante el gobierno de Juan Carlos Onganía, debió exiliarse junto a su familia en Uruguay, pero la política no borró la escritura. El piguió siendo, fundamentalmente, un poeta. Publicó Solamente un grillo y dejó además una importante cantidad de textos inéditos que su familia conservó después de su muerte. Su poesía encontró un camino particularmente fértil cuando comenzó a encontrarse con compositores.
Eduardo Falú: una amistad que también fue canción
Entre sus vínculos artísticos más significativos estuvo Eduardo Falú. La relación entre ambos excedió ampliamente el trabajo autoral. Falú fue padrino de Dolores Berra, una de las hijas de Francisco, y esa amistad familiar convivió con una asociación artística que produjo algunas canciones.Entre ellas aparecen “Zamba otoñal” y “Zamba del tiempo solo”.
Esta última fue compuesta por ambos alrededor de 1962 y Falú la registró discográficamente en 1964. Hay algo revelador en esa colaboración. Falú, uno de los grandes compositores e intérpretes de la guitarra argentina, encontraba en las palabras de Berra un material que podía convertirse en canción sin perder su carácter poético.
La relación entre ambos muestra también una de las características de Berra: su nombre aparece asociado a músicos de personalidades y recorridos muy diferentes, pero siempre desde el lugar de la palabra.
Miguel Ángel Gutiérrez y una sociedad creativa
Con Miguel Ángel Gutiérrez, Berra encontró probablemente su asociación autoral más extensa. De esa colaboración surgieron “Los ojos de Romero”, “Cruz de Quebracho”, “Antes que sea tarde”, “Niña de un solo verano”, “Soledad te llaman” y “Tus tristes quince años”, entre otras obras. La dupla tendría además un momento particularmente importante en Cosquín.
En 1977, Ángela Irene llegó a la consagración en el Festival Nacional de Folklore con “Corazón de Quebracho”, con letra de Francisco Berra y música de Miguel Ángel Gutiérrez. La propia Revista Folklore recuperó recientemente aquella historia y señaló que la canción fue la ganadora del Festival de la Canción de esa edición.
Ese dato permite dimensionar la importancia de Berra dentro del circuito folklórico de aquellos años. No era solamente un poeta que escribía canciones para ser grabadas. Sus textos podían llegar a uno de los escenarios centrales del folklore argentino y convertirse allí en parte de una competencia que definía canciones y autores frente al público de Cosquín.
Carlos Di Fulvio y la historia de una huella
Otro de los grandes nombres con los que trabajó Berra fue Carlos Di Fulvio. Juntos escribieron “Huella de Patria y Jinetes”, obra que obtuvo el primer premio en el Festival de Jesús María.
La elección del género tampoco parece casual. La huella, como forma musical y poética, remite a una tradición profundamente ligada al repertorio rural argentino. Pero en manos de autores contemporáneos podía convertirse en un espacio para hablar de la patria, de sus hombres y de sus paisajes desde una sensibilidad distinta a la del folklore más convencional. Berra volvía a aparecer allí como poeta detrás de la canción.
También junto a Argentino Luna
Su repertorio autoral alcanzó asimismo a Argentino Luna, con quien escribió “Junto al silencio”.La lista permite advertir una característica de su trayectoria: Berra no quedó atado a una única corriente musical ni a un solo compositor.
La lista permite advertir una característica de su trayectoria: Berra no quedó atado a una única corriente musical ni a un solo compositor: Falú, Gutiérrez, Di Fulvio, Luna.
Cuatro nombres con recorridos diferentes dentro de la música popular argentina y, en todos los casos, la palabra de Berra como punto de encuentro.
Cosquín como escenario
Berra también conoció el folklore desde otro lugar: el de la escritura vinculada directamente con el festival. Fue libretista de Cosquín, una tarea que lo colocó dentro de la maquinaria cultural de uno de los acontecimientos más importantes de la música popular argentina.
Ese doble recorrido —el poeta que escribe y el hombre que participa de la construcción del festival— permite comprender mejor su lugar en aquella época.
El poeta detrás de las canciones
Berra publicó Solamente un grillo, pero buena parte de su poesía quedó vinculada a la música. Esa circunstancia puede explicar, en parte, por qué su nombre quedó menos visible que el de los intérpretes que hicieron conocidas sus obras.
En el folklore, una canción puede sobrevivir durante décadas mientras el nombre de quien escribió sus palabras queda relegado a los créditos. Berra es uno de esos casos. Su firma está allí, detrás de obras que fueron interpretadas por artistas de enorme trayectoria. Pero para encontrarlo hay que detenerse en la letra: leerla, buscar el nombre, volver a escuchar. Ese ejercicio es también una forma de archivo.
Una vida atravesada por la amistad
Entre los vínculos más significativos de Berra aparece su amistad con Ernesto Guevara durante los años de juventud de este último en Córdoba. Una fuente que reconstruye la vida de Berra lo define como uno de los amigos más íntimos del futuro Che en aquella etapa.
Mucho más significativa para comprender su recorrido artístico resulta su relación con Eduardo Falú: el vínculo personal entre ambos se transformó en una sociedad creativa y dejó canciones que todavía forman parte del repertorio folklórico. En Berra, la amistad y la creación parecen haber transitado muchas veces por el mismo camino.
Después de Berra
Cuando murió, el 28 de noviembre de 1984, tenía 58 años. Quedaron sus canciones, su libro y una cantidad de manuscritos que permanecieron bajo el cuidado de su familia. Parte de esa producción poética siguió circulando posteriormente y algunos de sus textos fueron musicalizados después de su muerte.
Su obra, entonces, no terminó en 1984. Continuó en otras voces, y, sobre todo, continuó en aquellas canciones que habían encontrado compositores capaces de llevar sus palabras hacia otro territorio.
Cien años después
El centenario de Francisco Amado “Pancho” Berra permite volver a buscarlo allí donde quizá siempre estuvo: en las letras de las canciones.
En la poesía que Eduardo Falú convirtió en zamba, en las palabras que Miguel Ángel Gutiérrez llevó a Cosquín, en la huella compartida con Carlos Di Fulvio, en la canción junto a Argentino Luna, en las páginas y escenarios del folklore de las décadas del sesenta y setenta.
Berra murió joven y su nombre no alcanzó la dimensión pública de muchos de los músicos con los que trabajó. Pero su obra siguió otro camino: el de las canciones, y, acaso sea allí donde mejor pueda encontrarse su legado.
Francisco Amado Berra cumpliría hoy 100 años. Un siglo después de su nacimiento, sus palabras todavía esperan detrás de la música.
Deja un comentario