Cada 1 de octubre, Ecuador celebra el Día del Pasillo Ecuatoriano, una fecha que reconoce a uno de los géneros más profundamente ligados a la identidad musical del país. Para quienes escuchamos folklore y música latinoamericana desde Argentina, el pasillo puede resultar menos familiar que otros ritmos de la región. Sin embargo, detrás de sus guitarras, requintos y letras cargadas de poesía hay una historia que atraviesa buena parte de América Latina.
La fecha, además, permite acercarse a un género que en 2021 fue incorporado por la UNESCO a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
¿Qué es el pasillo?
El pasillo es un género musical y también una danza de pareja. Su nombre está relacionado con la manera en que originalmente se bailaba: mediante pasos cortos y menudos. La palabra aparece, por tanto, como diminutivo de «paso».
Musicalmente, el pasillo ecuatoriano se caracteriza por la presencia de guitarras y, especialmente, del requinto, una guitarra de registro más agudo que se convirtió en uno de sus sonidos distintivos.
Pero el pasillo es también poesía cantada. Sus letras recorren el amor, el desamor, la nostalgia, la familia, la patria, la muerte y las experiencias cotidianas. De allí que la propia UNESCO lo defina como un género que constituye, en esencia, un «poema musical».
Un género que no nació de una sola mano
No existe un único creador del pasillo. Su origen es producto de un proceso de intercambio y mestizaje musical desarrollado durante el siglo XIX, en el contexto de las guerras de independencia sudamericanas.
La UNESCO señala que surgió en Ecuador a partir de la combinación de músicas indígenas —entre ellas el yaraví— con géneros europeos como el vals, el minué y el bolero español. Los registros y estudios sobre el género también muestran una circulación temprana por distintos territorios de la región andina y de la antigua Gran Colombia.
Por eso, hablar de un «inventor» del pasillo resulta impreciso. Se trata de una creación colectiva, desarrollada y transformada por músicos y comunidades a lo largo del tiempo.
Durante sus primeros tiempos tuvo una importante dimensión bailable y circuló entre sectores populares y espacios urbanos. Hacia fines del siglo XIX comenzó a consolidarse como género musical y, progresivamente, adquirió una fuerte dimensión vocal y poética.
Del baile al símbolo de Ecuador
Aunque el pasillo recorrió distintos países latinoamericanos, fue en Ecuador donde adquirió características propias y terminó convirtiéndose en uno de los principales símbolos musicales de la nación. El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural ecuatoriano destaca justamente ese proceso de arraigo y transformación.
Con el paso del tiempo, el género dejó de estar asociado únicamente al baile. La canción pasó a ocupar un lugar central y aparecieron composiciones en las que la palabra adquirió un peso enorme.
La radio y las grabaciones ayudaron posteriormente a ampliar su circulación y a convertir algunas de sus canciones en parte de la memoria colectiva ecuatoriana.
¿Por qué se celebra el 1 de octubre?
La fecha no fue elegida al azar.
El 1 de octubre de 1935 nació Julio Jaramillo, en Guayaquil. Cantante y compositor, Jaramillo se convirtió en una de las figuras fundamentales de la difusión del pasillo ecuatoriano y en una de sus voces más reconocidas dentro y fuera del país.
En 1993, durante la presidencia de Sixto Durán-Ballén, el Decreto Ejecutivo N.º 1118 estableció el 1 de octubre como Día del Pasillo Ecuatoriano, coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Jaramillo.
La elección de Jaramillo también refleja la importancia que tuvo su trayectoria para proyectar el género más allá de Ecuador.
Julio Jaramillo: una voz que cruzó fronteras

Para buena parte de América Latina, el nombre de Julio Jaramillo funciona como una puerta de entrada al pasillo.
Su interpretación de canciones como «Nuestro Juramento» alcanzó una enorme difusión continental. Su voz, asociada a las canciones románticas y a la tradición del pasillo, trascendió las fronteras ecuatorianas y convirtió al artista en una figura popular en distintos países latinoamericanos.
La historia del género, sin embargo, no termina en Jaramillo. El pasillo continúa siendo interpretado, transmitido y renovado por nuevas generaciones de músicos.
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
El reconocimiento internacional llegó el 14 de diciembre de 2021, cuando el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO inscribió «El Pasillo, canto y poesía» en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La UNESCO no reconoció solamente un conjunto de canciones. La inscripción contempla una práctica cultural viva: la música, la poesía, el canto, la danza, los instrumentos, las formas de transmisión y el vínculo que el pasillo mantiene con la identidad ecuatoriana.
Actualmente, el pasillo continúa transmitiéndose dentro de las familias, en espacios de formación musical, mediante músicos populares y en agrupaciones y orquestas. Hombres y mujeres participan de esta tradición que sigue transformándose.
Una música que también habla de nosotros
Desde Argentina, acercarse al pasillo permite ampliar la mirada sobre la música popular latinoamericana.
Como sucede con la zamba, la cueca, el chamamé o la guarania, el pasillo demuestra que las fronteras políticas nunca alcanzaron para detener la circulación de las músicas. Ritmos, instrumentos, melodías y palabras viajaron entre territorios, se encontraron con tradiciones locales y dieron origen a nuevas formas.
El pasillo ecuatoriano es, en ese sentido, una historia de cruces: entre lo indígena y lo europeo, entre la música y la poesía, entre lo popular y lo urbano, entre Ecuador y el resto de América Latina.
Una canción que nació en movimiento y que, más de un siglo después, continúa viajando.
Epilogo
El 1 de octubre no es solamente una fecha para recordar a Julio Jaramillo. Es también una oportunidad para escuchar una tradición musical que convirtió la nostalgia, el amor y la memoria en una forma de identidad. Y para recordar que buena parte de la música que llamamos «latinoamericana» nació, justamente, de encontrarse con otras músicas.
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