La histórica librería y disquería porteña respondió al planteo del Gobierno de la Ciudad para compatibilizar la construcción de una estación de subte con la permanencia del local. En una carta abierta, sostuvo que no está defendiendo un negocio sino un espacio cultural construido durante 55 años y cuestionó que no se contemplen alternativas para evitar la intervención sobre el inmueble.
“No estamos defendiendo un negocio”
Luego de la repercusión pública que generó la situación de Zivals, la histórica librería y disquería de Corrientes y Callao difundió una carta abierta dirigida a la ciudad de Buenos Aires.
El texto, firmado por Fernando Laviz, responde a la posición expresada por el Ministerio de Movilidad e Infraestructura porteño, que planteó la posibilidad de encontrar una “salida de convivencia” que permita construir la estación y, al mismo tiempo, mantener el local.
Para Zivals, esa alternativa parte de una premisa equivocada: que aquello que se busca preservar es solamente un comercio.
“Si esto fuera un negocio, ya lo habríamos negociado”, sostiene la carta. La empresa explica que un negocio puede medirse en metros cuadrados, indemnizaciones o proyecciones económicas y eventualmente relocalizarse. Pero afirma que Zivals no puede trasladarse sin perder aquello que la convirtió en un espacio singular de la ciudad.
55 años en la misma esquina
Desde 1971, Zivals ocupa la esquina de Corrientes y Callao. Durante más de cinco décadas, el lugar se convirtió en punto de encuentro para lectores, músicos, artistas y distintas generaciones de porteños.
La carta reivindica esa continuidad como parte esencial de su identidad: padres que llevaron a sus hijos y hoy vuelven con sus propios hijos; encuentros que comenzaron con un disco en la mano; libros recomendados; músicos que grabaron o presentaron sus trabajos allí y una comunidad que se fue construyendo alrededor del espacio.
También menciona el mural dedicado a Charly García y la declaratoria de Sitio Destacado de la Cultura.
“Estamos tratando de rescatar el aire de Zivals”, expresa el texto, retomando una anécdota atribuida a Salvador Dalí sobre la posibilidad de rescatar “el aire” de una obra de arte.
Para Zivals, ese “aire” no está en los metros cuadrados sino en la continuidad del lugar, en los vínculos construidos y en el significado que esa esquina adquirió para la vida cultural porteña.
Por qué rechazan la propuesta de “convivencia”
La empresa sostiene que un local nuevo, más pequeño, dentro de una estación o en otra dirección, aunque conserve el nombre y los mismos carteles, no sería el mismo Zivals.
A eso suma un argumento comercial: según plantea la carta, un establecimiento ubicado en un primer o segundo piso tendría dificultades para sostener la misma actividad que un comercio situado en planta baja, con vidriera y acceso directo desde la calle.
Pero hay otro elemento que Zivals considera todavía más importante: el tiempo.
Según la carta, cualquier esquema de cierre y posterior reapertura implicaría al menos tres años de obras. Durante ese período, el local dejaría de funcionar y, para la empresa, una comunidad construida durante 55 años no puede permanecer intacta durante tanto tiempo.
“El hábito de la esquina, en tres años, deja de ser hábito”, sostiene el documento.
Las alternativas que propone Zivals
La carta también plantea que la construcción de la estación no necesariamente debería implicar la intervención sobre el inmueble donde funciona Zivals.
Según explica la empresa, existen alternativas técnicas que permitirían resolver la conexión entre las líneas B y D utilizando espacios de dominio público.
Una de ellas es el proyecto denominado “Estación Tucumán 2×1”, que, de acuerdo con Zivals, permitiría resolver el trasbordo entre ambas líneas mediante una única estación y accesos ubicados en dominio público, sin necesidad de expropiar inmuebles.
La otra alternativa mencionada apunta al Pasaje Discépolo, ubicado a pocos metros de Corrientes y Callao, donde la empresa sostiene que podrían emplazarse accesos a la estación sin necesidad de demoler el edificio.
Zivals afirma que ambas propuestas fueron presentadas formalmente al Ministerio de Movilidad e Infraestructura, aunque asegura que hasta el momento no recibió una respuesta técnica sobre ellas.
Una discusión sobre la identidad cultural de la ciudad
Para Zivals, el eje de la discusión no debería ser cómo adaptar el histórico local a la obra, sino por qué la obra fue proyectada sobre ese lugar cuando, según sostiene, existen otras alternativas.
La empresa plantea que no se trata de una obra pública que necesite necesariamente de Zivals para concretarse, sino de una decisión de planificación urbana que puede poner en riesgo un espacio cultural construido a lo largo de más de medio siglo.
En ese sentido, la carta busca desplazar la discusión del terreno estrictamente comercial al cultural: qué significa conservar un espacio que forma parte de la memoria cotidiana de una ciudad y qué se pierde cuando se interrumpe la continuidad de un lugar que durante 55 años fue escenario de encuentros, lecturas, música y circulación de artistas.
“A la ciudad, gracias. Seguimos.”
Y la despedida resume la posición de Zivals frente al conflicto:
“Nos vemos en Zivals.”
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