Cada 7 de octubre, Perú celebra el Día Nacional de la Marinera. La fecha homenajea a Augusto Áscuez Villanueva, uno de sus grandes intérpretes, y permite volver sobre una expresión que reúne música, canto, danza y distintas tradiciones regionales.
La marinera es una de las expresiones culturales más reconocibles del Perú. Se baila principalmente en pareja, con pañuelos, desplazamientos, giros y un permanente juego de acercamiento y distancia entre quienes bailan. Pero no existe una única marinera: a lo largo del país fue adquiriendo formas, ritmos y características propias.
Sus antecedentes se encuentran en la zamacueca, una expresión musical y coreográfica desarrollada en el Perú durante el siglo XIX. Su historia está atravesada por el mestizaje y por aportes de tradiciones indígenas, africanas y europeas.
¿Por qué el 7 de octubre?
El Congreso de la República del Perú estableció en 2012, mediante la Ley N.º 29921, que cada 7 de octubre se celebre el Día Nacional de la Marinera. La fecha fue elegida porque coincide con el nacimiento de Augusto Áscuez Villanueva (1892-1985), reconocido como uno de los grandes intérpretes de la marinera y conocido como “El Señor de las Jaranas”.

La fecha tiene además una proximidad simbólica con el 8 de octubre, Día de la Marina de Guerra del Perú, vinculación que también aparece en los antecedentes de la elección.
De la zamacueca a la marinera
El nombre “marinera” apareció en 1879, durante la Guerra del Pacífico. El escritor, periodista y compositor Abelardo Gamarra, conocido como “El Tunante”, propuso reemplazar el nombre zamacueca por marinera como homenaje a la Marina de Guerra del Perú y al almirante Miguel Grau.
Con el tiempo, aquella denominación terminó identificando una expresión que se expandió por distintas regiones del país y desarrolló características propias en cada territorio.
Una danza, muchas marineras
Existe la marinera limeña, vinculada a la tradición criolla de la capital; la marinera norteña, especialmente desarrollada en La Libertad, Lambayeque, Piura y Tumbes; y también variantes como la puneña, arequipeña y otras expresiones regionales.
Cambian los ritmos, los instrumentos, la forma de bailar y el carácter de la interpretación, pero todas forman parte de una misma tradición. El propio Ministerio de Cultura peruano destaca justamente esa diversidad como una de las características fundamentales de la marinera.
En 1986, las formas coreográficas y musicales de la marinera en sus distintas variantes regionales fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación.
Augusto Áscuez, una vida entre jaranas
La fecha también permite recuperar la figura de Augusto Áscuez Villanueva, nacido en Lima en 1892. Cantor e intérprete de la tradición criolla, fue una de las figuras que contribuyeron a mantener viva la marinera y otras expresiones de la jarana limeña.
Su reconocimiento como “Señor de las Jaranas” explica por qué su nacimiento fue elegido para representar una celebración que no se limita a una región, sino que abarca las distintas formas de la marinera peruana.
Una tradición que busca nuevas fronteras
La marinera continúa siendo una práctica viva: se enseña en escuelas, se transmite entre generaciones y se baila tanto en Perú como en comunidades peruanas de otros países.
En 2026, además, Perú presentó su candidatura para que las formas tradicionales regionales de música, canto y danza de la marinera sean incorporadas a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. El expediente fue elaborado a partir de un proceso participativo desarrollado en diez regiones del país.
La historia de la marinera es, en definitiva, la historia de una expresión que cambió de nombre, atravesó regiones y fue incorporando nuevas formas sin dejar de reconocerse a sí misma.
Cada 7 de octubre, Perú celebra esa tradición. Una danza que se baila en pareja, pero cuya historia fue construida por muchas comunidades, generaciones y territorios.
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