El 7 de octubre de 1946 nacía en La Habana Noel Jorge Nicola Reyes. Cantautor, guitarrista, investigador y uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana, construyó una obra atravesada por la poesía, la política, el amor y la mirada crítica sobre su propio tiempo. Integró el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, trabajó sobre la obra de César Vallejo y dejó más de 300 canciones. Murió en 2005, a los 58 años. A ocho décadas de su nacimiento, Archivo MuLA recupera su historia.
Noel Nicola nació en una familia en la que la música no era una actividad ocasional sino una forma de vida. Su padre, Isaac Nicola, fue uno de los principales impulsores de la Escuela Cubana de Guitarra y maestro de varias generaciones de guitarristas, entre ellos Leo Brouwer. Su madre, Eva Reyes, fue violinista y cantante, y su tía Clara “Cuqui” Nicola también desarrolló una importante trayectoria como guitarrista y docente.
En ese ambiente comenzó su relación con la música. Pero Nicola no quedó limitado a la tradición familiar. A los 13 años ya componía sus primeras canciones y, durante su adolescencia y juventud, fue incorporando influencias diversas. Dirigió agrupaciones como Los Kendy —más tarde Seis TK—, cuyo repertorio podía pasar por la música cubana, sus propias composiciones, Los Beatles o Charles Aznavour.

La Cuba de aquellos años estaba atravesando una transformación profunda. La Revolución de 1959 modificó las instituciones, la vida cultural y también las formas en que los jóvenes artistas pensaban su relación con la sociedad. Nicola comenzó a desarrollar su trabajo en ese nuevo escenario, pero su vínculo con la canción revolucionaria nunca significó abandonar la mirada crítica.
En 1967 trabajó como investigador en el Instituto de Etnología y Folklore de la Academia de Ciencias de Cuba, junto al musicólogo Argeliers León. Esa experiencia amplió su relación con la música más allá de la composición y la interpretación: también se interesó por investigar, estudiar y comprender las tradiciones musicales cubanas.
El día en que empezó la Nueva Trova

El 18 de febrero de 1968 ocurrió uno de los episodios fundamentales de la historia de la canción cubana. Noel Nicola, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés compartieron escenario en la Casa de las Américas, en un recital organizado por el Centro de la Canción Protesta con el impulso de Haydée Santamaría. Aquel concierto sería considerado posteriormente uno de los momentos fundacionales de la Nueva Trova.
No se trataba de crear una música completamente desligada de la tradición. Nicola explicaría años después que la palabra “Nueva” señalaba una ruptura con determinadas maneras de hacer canción, mientras que “Trova” reconocía una continuidad con la tradición trovadoresca cubana.
La vida había cambiado y, para aquellos jóvenes compositores, las canciones existentes ya no alcanzaban para expresar completamente ese nuevo mundo. La Nueva Trova surgió, en buena medida, de esa necesidad de encontrar una voz propia para su tiempo.
Nicola quedaría asociado para siempre a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Sin embargo, su recorrido fue mucho más amplio que aquella fotografía fundacional.
El ICAIC y el laboratorio de una nueva música

En 1969 Nicola pasó a integrar el Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, el ICAIC. Allí coincidió con músicos como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sara González, Eduardo Ramos, Emiliano Salvador, Sergio Vitier y otros artistas que participaron de uno de los grandes laboratorios musicales de la Cuba revolucionaria.
El GESI no fue solamente un conjunto musical. Funcionó como espacio de formación y experimentación. Nicola estudió con músicos y compositores como Leo Brouwer, Federico Smith y Juan Elósegui, ampliando sus conocimientos de armonía, composición e instrumentación.
También participó en la creación de canciones para el cine y en otros proyectos vinculados con la producción audiovisual. Su relación con el ICAIC lo situó en un lugar privilegiado dentro de aquella búsqueda de una nueva música cubana.
De ese período surgieron, entre otras obras y grabaciones, trabajos colectivos como Cuba va, junto a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, y distintos volúmenes del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.
Canción y militancia

En Nicola, la política no apareció únicamente como consigna. Formó parte de una concepción más amplia de la canción como herramienta para interpretar la realidad.
Su obra incorporó temas revolucionarios, pero también el amor, las relaciones humanas, el paso del tiempo, la burocracia, las contradicciones sociales y aquello que él observaba en la vida cotidiana.
Una de sus características fue precisamente esa capacidad para combinar compromiso político con ironía. “Reza el cartel”, por ejemplo, fue señalada como una crítica mordaz a la burocracia cubana.
Ese aspecto resulta importante para comprenderlo. Nicola fue un artista integrado al proceso cultural de la Revolución, pero eso no significó una obra carente de cuestionamientos. Su canción podía acompañar un proyecto político y, al mismo tiempo, señalar sus contradicciones.
La propia concepción que tenía de la canción ayuda a entenderlo. Para Nicola, el trovador era alguien que interpretaba sus propias canciones o las de otros autores, se acompañaba con la guitarra y buscaba “poetizar” con su canto. La canción amorosa y la canción social no constituían mundos separados.
El primer conductor de la Nueva Trova

Cuando el Movimiento de la Nueva Trova se institucionalizó en 1972, Nicola ocupó un papel central: fue su primer dirigente nacional, función que desempeñó durante los primeros años del movimiento.
Su tarea no consistió solamente en cantar. Participó en la organización de aquel movimiento que comenzaba a reunir a una nueva generación de autores e intérpretes.
En 1974 viajó junto a Silvio Rodríguez a República Dominicana para participar del festival Siete Días con el Pueblo, una de las primeras presentaciones internacionales de integrantes de la Nueva Trova. Al año siguiente representó a Cuba junto a Argelia Fragoso en el Festival de la Canción Política de Sochi, en la entonces Unión Soviética.
La Nueva Trova comenzaba así a superar las fronteras de la isla.
Sus propias canciones

Mientras el movimiento crecía, Nicola construía una obra personal extensa.
“Por la vida juntos”, “Son oscuro” y “Comienzo el día” aparecen entre sus composiciones más reconocidas. También escribió “Para una imaginaria María del Carmen”, una canción vinculada a Pablo Milanés, y “Es más, te perdono”, que con el tiempo se convirtió en una de las piezas más difundidas de su repertorio.
Esta última canción tiene además una historia personal. Su inspiración estuvo vinculada a Mariana Rivas, cuya figura quedó asociada para siempre a la canción de Nicola.
Pero sería injusto reducirlo a sus canciones más conocidas. Su catálogo superó las 300 composiciones y distintas fuentes hablan de alrededor de 350 títulos. Es una producción extensa y heterogénea, en la que conviven canciones políticas, piezas amorosas, sátiras, obras para niños y composiciones atravesadas por la poesía.
Uno de sus proyectos más importantes fue, precisamente, su trabajo sobre la obra del poeta peruano César Vallejo. Nicola musicalizó más de veinte poemas del escritor y reunió parte de ese trabajo en Noel Nicola canta a César Vallejo, publicado en 1986.
Una discografía que siguió creciendo

Su primer álbum solista fue Comienzo el día, publicado en 1977. Después llegaron Así como soy (1980), Lejanías (1985), Noel Nicola canta a César Vallejo (1986), Tricolor (1987), Ánimo, trovador (1989), Soy y no soy el mismo (1998) y Dame mi voz (2000). En 2002 publicó Entre otros, junto a Santiago Feliú.
Su actividad tampoco quedó restringida al disco. Escribió para cine, teatro y televisión, participó en proyectos audiovisuales y algunas de sus canciones llegaron a espacios de la televisión cubana como Pasión y prejuicio y Los papaloteros.
En total, llevó su música a más de treinta países.
“El trovador desconocido”

Hay una paradoja en la trayectoria de Noel Nicola. Fue fundador de uno de los movimientos musicales cubanos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Fue integrante del GESI. Dirigió durante sus primeros años la Nueva Trova. Grabó una extensa discografía y escribió cientos de canciones. Sin embargo, su nombre quedó muchas veces detrás de los de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.
El propio Nicola ironizaba sobre esa situación. Cuando le preguntaron por qué su obra era más conocida fuera de Cuba que dentro de la isla, respondió con humor que quizá era “feo para los directores de programas”. Amigos y colegas, en cambio, señalaban su humildad y su escasa inclinación a reclamar espacios.
Silvio Rodríguez lo despidió en 2005 definiéndolo como un “fundamental desconocido”, una expresión que terminó convirtiéndose en una de las mejores síntesis de la paradoja que rodeó su trayectoria.
La memoria y el proyecto que quedó pendiente
Nicola tenía además otra obsesión: escribir la historia de la trova cubana. Guardaba papeles, recuerdos y documentos en un viejo baúl de madera en su casa de La Habana. Durante años imaginó un libro que reconstruyera la historia de la trova desde sus orígenes.
En 1997 escribió que aquella obra todavía estaba incompleta. Tenía, decía, la estructura y la base armónica, pero todavía no había encontrado la melodía ni la letra.
La frase resulta casi una metáfora de su propia relación con la memoria: quería dejar registrado un proceso del que él mismo había sido protagonista.
En una entrevista de 1998 volvió sobre la historia de la Nueva Trova y sobre la necesidad de comprenderla como un proceso mucho más amplio que una organización o una generación.
La muerte
En marzo de 2005 los médicos le comunicaron que padecía una enfermedad avanzada y que le quedaban pocas semanas de vida. Continuó trabajando.
El 7 de agosto de 2005 murió en La Habana. Tenía 58 años. La causa fue cáncer.
Su muerte ocurrió apenas un día después de la de Ibrahim Ferrer, otro de los grandes nombres de la música cubana. Ambos fueron enterrados en La Habana en una jornada especialmente dolorosa para la cultura de la isla.
En el cementerio, sus amigos y compañeros volvieron a cantar. Entre las canciones que sonaron estuvo “Es más, te perdono”.
Noel Nicola ya no estaba allí para acompañarse con la guitarra.
El legado

La historia de la Nueva Trova suele contarse a través de tres nombres: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola. Pero la obra de Nicola permite ampliar esa fotografía.
Fue compositor, intérprete, investigador, formador y organizador. Participó en la creación de un movimiento musical, integró uno de los grandes espacios de experimentación sonora de la Cuba revolucionaria y produjo durante décadas una obra que atravesó la canción política, el amor, la poesía, la crítica social y la experimentación.
Su legado también está en una manera de entender la canción: como expresión individual, pero inseparable del tiempo histórico en que nace.
En una de sus reflexiones sobre la trova, imaginó que algún joven cubano, en algún lugar de la isla, tomaría una guitarra para decir algo sobre su propio tiempo. No importaba demasiado cómo se llamara esa nueva música: al hacerlo, estaría continuando la historia de la trova.
Quizás ahí esté la mejor manera de volver hoy sobre Noel Nicola.
No solamente para recordar al hombre que estuvo en aquel escenario de Casa de las Américas en 1968, sino para escuchar nuevamente sus canciones y descubrir, detrás de ellas, a un artista que pasó buena parte de su vida intentando ponerle música a su época.
Noel Nicola nació el 7 de octubre de 1946. Hoy, a 80 años de su nacimiento, aquella canción todavía continúa.
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